Guardianes de la Noche construyó un oscuro universo de fantasía con un gran potencial, pero su nacionalidad le pasó factura a la saga
A finales de los años 90, Rusia vivió un fenómeno editorial inesperado al que el resto del mundo éramos ajenos y que unos años más tarde, en muchos sentidos, se presentaría como la respuesta local a la fiebre del cine de fantasía que, en Occidente, culminaría con franquicias como Los Vengadores. Os hablo de la saga Guardianes de la Noche (Night Watch), que aunque se parece un poco, no tiene que ver con Kimetsu no Yaiba.
Creada por Sergei Lukyanenko y publicada originalmente en 1998, la serie de novelas combinaba fantasía urbana, acción y una moralidad ambigua que un un oscuro universo que, la verdad, no está nada mal. Al leer los dos primeros libros de la saga editados en España, recuerdo que me sorprendió la manera en que Lukyanenko mezclaba la cotidianeidad de Moscú con un mundo paralelo de "Los Otros", seres con habilidades sobrenaturales divididos entre la Luz y la Oscuridad. La lectura fue absorbente y tenía todo lo que en aquel momento yo podía pedirle a una novela de fantasía con un toque superheroico, y las adaptaciones cinematográficas que llegaron después me parecieron realmente simpáticas, visualmente originales y con un aire muy de la Europa del Este post-soviética que me encantaba. Las pelis hicieron algo de ruido en su momento, especialmente gracias a su nacionalidad rusa, pero no lograron convertirse en el fenómenos que yo creo que se merecía..
GUARDIANES DE LA NOCHE SERGUEI LUKYANENKO, . Novela, 15x23cms, tapa blanda con solapas, 510 páginas. La eterna lucha entre el Bien y el Mal está a punto de desatarse en el Moscú de nuestros días.
El salto al cine se produjo en 2004 con la película Guardianes de la Noche, dirigida por Timur Bekmambetov. Con un presupuesto de 4,2 millones de dólares, la película se convirtió en un éxito comercial en Rusia, llegando a recaudar 16,7 millones solo en su país y superando incluso a El señor de los Anillos: La Comunidad del Anillos en la taquilla local. La peli destacaba por su personalidad, con escenas cargadas de efectos especiales y una narrativa que combinaba acción, terror y misticismo urbano. Claro, a más de uno le recordará a Blade, o a Underworld, y ese es uno de los motivos por los que la saga no terminó de cuajar fuera de las fronteras rusas.
La secuela, Guardianes del Día, estrenada en 2006, continuó explorando la lucha entre Luz y Oscuridad, ampliando la mitología con paradojas temporales, y consolidando la estética única de su propio universo cinematográfico. Aunque ambas películas comparten elementos con franquicias occidentales, como las mencionadas Blade o Underworld, especialmente en lo visual, en la manera de mezclar vampiros, magia y acción urbana, el salto a la fama internacional fue discreto. La proyección de Lukyanenko y Bekmambetov fuera del mercado ruso se quedó corta, y su propuesta, que bien podría haber competido con cualquier superproducción estadounidense en originalidad y coherencia interna, no logró conquistar al gran público global.
La saga literaria de Lukyanenko surgió en un momento en que la ficción rusa post-soviética buscaba reconstruir su espacio cultural y creativo. Night Watch no era solo un libro de fantasía urbana: ofrecía una reflexión sobre la moralidad, el libre albedrío y los matices entre el Bien y el Mal, presentando a personajes complejos como Anton Gorodetsky, un Otro de la Luz que se ve obligado a convertirse en operativo activo de La Guardián de la Noche, un equipo de seres con poderes dedicados a derrotar a la su contrapartida maligna, en una pugna milenaria por el alma de la humanidad. En este contexto en cuanto rascas un poco enseguida empiezas a ver los paralelismos con el choque entre las política aperturistas y el bloque continuista de los países de la zona tras la caída del Muro de Berlín en 1989.
La traducción al inglés y la publicación internacional llegaron años después, alrededor de 2006, retrasando la exposición de la saga fuera de Rusia. Esto significó que el momento de capitalizar tendencias globales de fantasía urbana y superhéroes ya estaba parcialmente perdido, especialmente frente a franquicias consolidadas como Spider-Man, por no mencionar lo que supondría la llegada de Iron Man y Marvel Studios en 2008. La película adaptó solo la primera mitad del primer libro, mientras que la secuela tomó elementos de la segunda mitad. Ambas mostraron la capacidad de la industria rusa para producir un cine fantástico visualmente potente, con más de 800 efectos visuales supervisados por múltiples estudios y artistas.
Sin embargo, la distribución internacional fue fragmentaria: recortes de metraje para diferentes mercados, traducciones y doblajes deficientes y versiones "internacionales" que alteraban la narrativa original hicieron que la experiencia para el público global fuera desigual. La recepción crítica fuera de Rusia fue mixta; mientras algunos elogiaban la originalidad estética y la ambientación de Moscú, otros se perdían en la complejidad narrativa, lo que limitó la consolidación de un fandom internacional sólido. Yo alquilé los DVDs en un Blockbuster y me encantaron.
Si comparamos Night Watch con las películas de El Señor de los Anillos de Peter Jackson, el gran fenómeno cinematográfico occidental contemporáneo, las diferencias también son muy evidentes, aunque no tanto en términos de calidad narrativa como en la capacidad de construcción y proyección del universo. Mientras Jackson contó con una planificación meticulosa, recursos enormes y un equipo global que llevó la Tierra Media del papel a la pantalla con coherencia y espectacularidad, Guardianes desarrolló un universo que, aunque rico y complejo, era mucho más humilde y con una proyección internacional mucho menor. Las películas de Jackson contaban con un idioma universal en la cultura pop, una franquicia muchísimo más conocida en todo el mundo y campañas de marketing masivas que aseguraban presencia global, merchandising y lanzamiento simultáneo en múltiples territorios. En contraste, Guardianes de la Noche llegó como pudo a un público que no captaban plenamente el tono ni los matices culturales rusos, y sin la fuerza de una maquinaria industrial capaz de convertirlo en un fenómeno de alcance mundial.
El retraso en la traducción fue también un factor clave. La obra de Lukyanenko se publicó en inglés años después de su éxito inicial en Rusia, y para entonces el mercado global ya estaba saturado de películas de fantasía oscura muy similares. La localización de los textos y la adaptación de las referencias culturales resultó complicada; el humor, la moral ambigua y los elementos históricos no siempre se transmiten con la misma fuerza fuera del contexto ruso, reduciendo la conexión emocional con lectores y espectadores extranjeros. Además, la industria rusa, aunque capaz de producir un cine de calidad, no contaba con la misma infraestructura de las grandes productoras y distribuidoras occidentales. En consecuencia, aunque Guardianes del Día y Guardianes de la Noche demostraron potencial, nunca se consolidaron como franquicia global.
Factores externos también influyeron. La geopolítica y las barreras comerciales han afectado históricamente la circulación cultural rusa en mercados occidentales, y aunque esto no era un problema central durante la primera ola de Guardianes, sí condicionó la visibilidad internacional sostenida. Todo esto, hizo que tras un intento local de reconvertir la saga en una serie, el final este universo quedara relegado a las seis novelas que forman la serie. A nivel de autor, Lukyanenko tuvo que enfrentar desafíos similares. La visibilidad tardía de las pelis redujo la oportunidad de consolidar su nombre como autor fuera de Rusia. A diferencia de autores anglosajones con editoriales internacionales y agentes dedicados, Lukyanenko dependió de ediciones puntuales y de la iniciativa de sellos extranjeros, que no vieron potencial en las novelas tras el escaso éxito de las pelis, lo que provocó que en muchos países, como España, las últimas 4 novelas quedaron inéditas hasta el día de hoy. Una lástima, la verdad..
Por último, su posicionamiento político y su actividad mediática también influyeron que las editoriales occidentales evitan relacionarse con un polémico Lukyanenko: los beneficios de la obra no justificaban meterse en semejante berenjenal: la proyección global de un autor depende de presencia en festivales, ferias, reediciones y reimpresiones continuas y relaciones con agentes internacionales, áreas en las que Lukyanenko ha sido activo principalmente en Rusia. Su carrera ha sido intensa y exitosa en el ámbito local, pero la construcción de una presencia internacional sostenida nunca se consolidó.
Un oscuro universo de posibilidades no explotadas
A pesar de las limitaciones, el legado cultural de Guardianes es notable. Demostraron que la ficción rusa podía producir universos de ficción complejos, moralmente ambiguos y visualmente potentes, capaces de competir en originalidad con cualquier franquicia occidental. La estética, los efectos visuales y la profundidad de sus personajes abrieron puertas para el cine fantástico ruso y consolidaron a Bekmambetov como director con visión internacional, como lo demostraría más tarde con proyectos como Wanted.
Literalmente Guardianes podría haber aspirado a un impacto similar al de los universos de The Witcher o Metro 2033, pero tal vez no le tocó la china. Hoy, Guardianes de la Noche sigue siendo un referente de la fantasía urbana rusa y una curiosas para aquellos que en su momento nos adentramos en su mitología, pero por razones ajenas a su calidad, no alcanzó el fenómeno global que personalmente creo que merecía. Leer los libros y ver las películas me hizo apreciar la capacidad narrativa de Lukyanenko y la audacia de sus ideas, de su universo fantástico. Estoy convencido de que, de haber sido un producto estadounidense, Guardianes habría logrado un reconocimiento internacional mucho mayor.
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