Para una película que hacen de él y es espantosa, pero déjame decirte algo. 98 años después su historia aún merece ser conocida

Para una película que hacen de él y es espantosa, pero déjame decirte algo. 98 años después su historia aún merece ser conocida

Creado por el autor de Conan, Solomon Kane es un puritano que caza demonios y brujas con espada y fe

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Solomon Kane
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Si Conan el Cimmerio es sinónimo de la imposición de las propias normas morales a los demás mediante la violencia, la fuerza bruta, el hedonismo más meditado y la ambición por los enjoyados tronos de la Tierra, su hermano editorial Solomon Kane es la antítesis perfecta: un hombre pálido, austero y sombrío que recorre un mundo oscuro armado con un acero impecable y una fe férrea en la justicia divina. Mientras Conan celebra la libertad y la vida, Kane se convierte en una línea negra que atraviesa un universo lleno de colores sangrientos, un depredador de horrores sobrenaturales cuya única motivación es purgar el mal. Su rostro marcado por la melancolía fanática, su capa negra y su sombrero de ala ancha lo convierten en un icono visual que, incluso hoy, resulta inolvidable. Su creador, Robert E. Howard lo describió como "un hombre extraño… lleno de una melancolía fanática", y esa rareza es la que hace que, a pesar de todo, me fascine y me incomode al mismo tiempo.

Kane no nació en un vacío creativo; es hijo del Texas de los años 20 y 30, una tierra de contradicciones que moldeó a Robert E. Howard. Apodado por sus amigos "Bob Dos Pistolas" en un guiño a su pasión por el boxeo, Howard era un hombre físicamente impresionante, un atleta de constitución férrea, pero intelectual y profundamente introspectivo. Despreciaba la "civilización" moderna por considerarla una capa fina de hipocresía que ocultaba la brutalidad de la naturaleza humana. Claro, acabó pegándose un tiro. 

Es en ese entorno de desencanto, al final de los locos años 20 y en los albores de la Gran Depresión, donde Kane surge como una respuesta literaria a la pérdida de confianza en las instituciones: un héroe que actúa según su propio código moral, sin esperar justicia de leyes fallidas ni gobiernos corruptos. Lástima que sea una fanático religioso, ¿verdad?

El nacimiento de un puritano en las páginas de Weird Tales

Solomon Kane debutó en 1928 con "Sombras Rojas" en la mítica revista Weird Tales, el principal escaparate estadounidense para la ficción fantástica, de terror y lo extraño. A diferencia de otros héroes pulp que vivían en ciudades llenas de intrigas o en aventuras científicas, Kane es un anacronismo: un hombre del siglo XVI escrito para lectores del siglo XX, cuya vida es una cruzada itinerante contra el mal. En los relatos, recorre Inglaterra, Alemania, África y escenarios exóticos, enfrentándose a demonios, brujos y saqueadores, siempre con la misma convicción religiosa. Esta mezcla de aventura histórica, horror cósmico y fantasía oscura no solo lo hace único en el pulp, sino que sienta las bases de lo que hoy llamaríamos fantasía oscura.

Howard despreciaba la "civilización" moderna por considerarla una capa fina de hipocresía que ocultaba la brutalidad de la naturaleza humana

Los relatos pulp de Howard eran episódicos y breves, pero esto sirvió para construir un héroe coherente y omnipresente: Solomon Kane podía aparecer en cualquier rincón del mundo y mantener intacta su esencia moral y estética. La revista permitía a Howard experimentar, fusionando géneros y ofreciendo a los lectores un héroe con moral absoluta y fe inquebrantable, una propuesta radical frente a los detectives urbanos o aventureros tradicionales. Mientras Conan se movía por instintos y ambición, Kane estaba guiado por un deber divino que lo hacía invulnerable a la duda y al miedo. Como os decía, un fanático.

Salvador Sanz Ilustración de Salvador Sanz

Con su fe puritana inquebrantable y su moral de blanco y negro, es el arquetipo del justiciero religioso que caza el mal donde lo encuentra, ya sean demonios, brujas o criaturas sobrenaturales. Esta obsesión por la rectitud y la persecución de lo que considera pecado lo conecta de manera directa con episodios históricos como los juicios de Salem, en los que el puritanismo radical transformó la sospecha y el miedo en condena y ejecución. Al igual que los magistrados y ciudadanos que, temiendo la corrupción del alma y la presencia del Diablo, señalaban y castigaban a inocentes, Kane convierte su cruzada en una arrogancia justiciera donde la certeza moral legitima la violencia; en sus relatos, el fanatismo religioso se personifica en un héroe que, armado solo con su espada y su fe, encarna la versión literaria de la implacable caza de brujas puritana.

Kane no es un héroe adornado por la ostentación; cada elemento de su atuendo y arsenal está diseñado para la eficiencia y la simbolización de su fe. Su capa y jubón negros representan austeridad y anonimato, una sombra que persigue al mal sin descanso. Sus estocadas de acero toledano muestran destreza técnica europea, mientras que sus pistolas de chispa, cargadas con balas bendecidas, equilibran la posibilidad frente a lo sobrenatural. Incluso su bastón de Ju-Ju, de madera de teca con cabeza de gato, refleja su respeto por la sabiduría "bárbara" que ha conocido en sus viajes africanos. La verdad es que Howard le daba a todo, y eso me encanta: esta combinación de pragmatismo militar y devoción espiritual convierte a Kane en un personaje original, impactante y filosóficamente complejo.

Kane no teme porque su destino está predeterminado por Dios, y su violencia es una extensión de ese mandato divino

Tal vez el detalle más interesante psicológicamente es que la fe de Kane no es ornamental: es su escudo y su motor. Cada combate no es solo una lucha física, sino un acto de justicia divina. La paradoja es evidente: Kane ama la caza, la lucha y el combate, pero su puritanismo canaliza esos impulsos hacia fines "nobles". Su rigidez moral le protege de la locura en un mundo donde los horrores son demasiado terribles para que un hombre común los soporte. Resulta curioso presentar un personaje así como héroe en un momento en el eque los personajes de este tipo solían ser los villanos del pulp. Gabriel Mamola describe en un interesantísimo artículo esta dinámica como un mecanismo donde el fanatismo actúa como estructura para la cordura: Kane no teme porque su destino está predeterminado por Dios, y su violencia es una extensión de ese mandato divino.

Marc Simonetti Ilustración de Marc Simonetti

Kane y el puritanismo gótico

El puritanismo no es un rasgo decorativo de Kane: define su visión del mundo. Su moral de blanco y negro elimina toda ambigüedad: el mal debe ser erradicado sin concesiones, y la violencia se legitima como acto de justicia sagrada. Las barbaridades que se han cometido a lo largo de la historia en nombre de la fe. La cosa es que a pesar de todo Kane no es el malo. O al menos, no es el mal mayor. Su convicción lo convierte en un héroe errante, movido por un impulso interno de corregir injusticias dondequiera que se manifiesten. Sin embargo, esa rectitud absoluta también introduce ambivalencias: Kane es admirado por su heroísmo, pero su fanatismo lo aísla, y su cruzada personal recuerda los excesos históricos del puritanismo en el mundo real.

Dentro del pulp, Kane estableció un arquetipo: el justiciero religioso que combate horrores sobrenaturales con el mismo rigor que un puritano combate el pecado. Mientras en España tenemos que recurrir a referentes como el trasnochadamente casposo Guerrero del Antifaz (creado en 1944), Kane influyó en posteriores héroes de fantasía oscura, desde la película de Van Helsing hasta los Inquisidores de Warhammer, consolidando la figura del aventurero solitario que actúa según un código moral absoluto. La ambición de Howard era que Kane no solo fuera entretenido, sino también un vehículo para explorar dilemas éticos y metafísicos en la ficción popular.

He mencionado la peli de Van Helsing de 2004, y en realidad no os quiero hablar de la película de Solomon Kane de 2009 dirigida por M. J. Bassett; es un desastre que empaña al personaje y el maravilloso trabajo literario de Howard. Pero sí quiero conectar la esencia de Kane con The Witch (2015), de mi adoradísimo Robert Eggers, una obra maestra del folk horror. Aunque Kane es un héroe de acción pulp y The Witch una película atmosférica y lenta, ambos comparten ADN: el puritanismo sombrío del siglo XVII y la percepción del Mal como fuerza física y tangible.

Ambas obras utilizan la iconografía puritana para transmitir represión y severidad. Kane, con su sombrero de ala ancha y capa negra, encajaría perfectamente en la granja de The Witch, representando el brazo armado de la fe que la familia de la joven Thomasin vive pasivamente. En el bosque, la naturaleza no es un lugar de paz sino el hogar del Diablo. Kane se adentra en los páramos ingleses o en selvas africanas para purgar el mal, mientras la familia de The Witch sucumbe a la paranoia, la culpa y la duda.

Para Kane, la fe es armadura y espada, y para Thomasin, la fe es carga y culpa

La diferencia más evidente está en la teología aplicada: en The Witch, el mal corrompe internamente y destruye desde dentro, pero para la protagonista es un lugar de poder y de identidad y un motor de libertad individual; Kane, en cambio, es la certeza en acción y una voluntad sujeta a normas impuestas. Si hubiera aparecido en la granja, habría ejecutado a la bruja del bosque y a Black Phillip en minutos, cumpliendo el ideal del puritano implacable. Para Kane, la fe es armadura y espada, y para Thomasin, la fe es carga y culpa. Ambos muestran la tensión entre moral, miedo y supervivencia, pero desde perspectivas diametralmente opuestas: Kane es un depredador, Thomasin nos hace sentir presas.

Anton Tareev Ilustración Anton Tareev

Leyendo a Solomon Kane en 2026

Admito que disfruto los relatos de Kane. Howard tenía un pulso narrativo impecable: escenas que cortan como un sable, atmósfera gótica que aún hoy funciona y un ritmo seco que arrastra al lector. Es la magia de Howard, un autor del que, por desgracia, creo que no se habla lo suficiente. Pero, visto desde la óptica social y política actual, Kane me genera incomodidad. No es solo un justiciero: es la encarnación de un puritanismo violento que celebra la certeza moral y la eliminación del otro. No está el patio para estas gaitas. 

Las extrañas aventuras de Solomon Kane: 51 (Gótica)

En los pulps, este arquetipo funciona porque simplifica los conflictos: el mal es visible, identificable y merecedor de castigo. Hoy, en un contexto donde se discuten justicia, poder, libertad, represión y memoria histórica, esa simplicidad resulta problemática. La rectitud de Kane recuerda la intransigencia que legitima la violencia en nombre de la moral, y su fe inquebrantable deja poco espacio para empatía, duda o reparación, valores esenciales en nuestra convivencia contemporánea.

La rectitud de Kane recuerda la intransigencia que legitima la violencia en nombre de la moral

Con todo, sus relatos son fundamentales para el pulp y la fantasía. Pero es necesario leerlos críticamente. Podemos celebrar la maestría narrativa de Howard y, al mismo tiempo, cuestionar el modelo de héroe que propone. Y conociendo un poco la biografía de Howard, entiendo que es lo que el autor pretende. Kane es fascinante y aterrador: un hombre que combina fe y acero para combatir el Mal, y al mismo tiempo un recordatorio de cómo la certeza moral absoluta puede transformarse en intransigencia peligrosa. Solomon Kane sigue siendo, a pesar de todo, un espejo oscuro que nos enfrenta al fanatismo, a la violencia justificada y a la idea de un mundo donde la justicia absoluta es personal y brutal. Y quizás, esa tensión es precisamente lo que lo convierte en un personaje tan memorable, aterrador y, sí, irritante. Me cae mal Solomon Kane, pero me encantan sus historias.

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