Fracasó en taquilla, pero el tiempo le dio la razón: este clásico representa una manera de hacer cine que los efectos digitales terminaron enterrando para siempre

Fracasó en taquilla, pero el tiempo le dio la razón: este clásico representa una manera de hacer cine que los efectos digitales terminaron enterrando para siempre

Un ejército de esqueletos me enseñó mitología griega un sábado por la mañana, y ninguna superproducción de hoy me ha devuelto ese asombro

Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Pocos recuerdos del cine de mi infancia aguantan una revisión de adulto sin desinflarse un poco. Hay uno que me resulta especialmente curioso y es porque se trata de una peli de fantasía de 1963 cuyos efectos especiales resultan sorprendentes incluso a día de hoy, especialmente si sigues conservando algo de niño y de capacidad de asombro en tu interior: hay siete esqueletos que siguen maravillándome igual que cuando los vi por primera vez con seis o siete años.

Todo empezó un sábado por la mañana

Recuerdo perfectamente la luz de aquella mañana de sábado y la sensación exacta que me recorrió cuando la tierra se abrió en la pantalla y empezaron a salir espadas, escudos y calaveras. Yo era muy pequeño, de esa edad en la que todavía no te preguntas el porqué de las cosas, y por eso mismo aquello no me pareció un truco sino algo mágico que ocurría de verdad. Los siete esqueletos de Jasón y los Argonautas se levantaban del suelo de la Cólquide, y se lanzaban gritando a por Jasón y sus hombres con una coordinación sobrenatural. ¿A quién no le va a gustar un ejército de esqueletos guerreros? A mí desde luego sí. No entendía cómo estaba hecho, ni falta que me hacía en aquellos lejanos años 80, y creo que ahí está justo la clave de por qué me atrapó. Si tú también viste la peli de crío, sabes de lo que hablo.

Hay quien descubre a los dioses griegos en los libros del colegio, y no les envidio nada, porque yo los descubrí a todo color y con música de Bernard Herrmann

Lo curioso es que aquella peli me metió la mitología griega en la cabeza mucho antes de que ningún profesor me hablara de ella o de que Nolan la redescubierta con su Odisea para un cínico Siglo XXI. Antes de saber quién era Apolonio de Rodas o de haber oído hablar de la Argonáutica en la que se basa muy libremente la peli, yo ya conocía a Talos, el gigante de bronce, a la Hidra de siete cabezas y a las Harpías que atormentan al pobre Fineo. Los dioses del Olimpo movían a los héroes como piezas de un tablero, con Hera protegiendo a Jasón y Zeus poniendo las reglas del juego, y todo eso se me quedó dentro. La magia del cine. Hay quien descubre a los dioses griegos en los libros del colegio, y no les envidio nada, porque yo los descubrí a todo color y con música de Bernard Herrmann. Mucho más épico, dónde va a parar, ¿no? 

Harryhausen junto a una de las figuras articuladas usadas en la película

Cuatro meses y medio de trabajo para tres minutos históricos

La peli la dirige Don Chaffey, pero seamos honestos: el verdadero responsable de la magia es Jasón y los argonautas y el motivo por el que hoy todavía se habla de ella no está en la silla del director, está en los efectos especiales. Ray Harryhausen, el mago del stop-motion (que además ejerció de coproductor) concibió buena parte de lo que ves en pantalla como un espectáculo que cambiaría la historia del cine. La secuencia de los esqueletos, esos "hijos de los dientes de la Hidra" que siembra el rey Eetes para vengar el robo del Vellocino, le costó una barbaridad de trabajo que hoy cuesta imaginar. 

Las criaturas de Harryhausen tienen una textura, un realismo, un temblor mínimo que las hace parecer vivas precisamente porque no son perfectas

Según reconstruye este reportaje por el 60 aniversario, tenía que animar siete esqueletos a la vez, cada uno con cinco apéndices que mover, coordinados además con los movimientos que los actores habían rodado meses antes. Eran 35 elementos que colocar en cada fotograma, a un ritmo de trece o catorce fotogramas por jornada de trabajo, menos de un segundo de metraje al día, hasta sumar cuatro meses y medio para unos tres minutos de película. El resultado fue histórico, al menos. Y eso que es solo una de las secuencias de efectos de la película.

Cuando entiendes el esfuerzo técnico y humano que supone esta película, ves esas escenas con otros ojos. No hay un solo píxel ahí, hay un hombre moviendo esqueletos de apenas veinte centímetros unos pocos milímetros cada día, durante casi medio año. Las criaturas de Harryhausen tienen una textura, un realismo, un temblor mínimo que las hace parecer vivas precisamente porque no son perfectas. El legado de esta película viviría hasta 1992, cuando los efectos digitales de Parque Jurásico acabarían con este proceso artesanal protagonista de pelis como RoboCop o la saga Star Wars

El fracaso que se hizo eterno

Aquí viene la parte que más me gusta contar, porque va contra la lógica de la industria del entretenimiento actual. Jasón y los argonautas fue un fracaso en la taquilla estadounidense en su estreno de 1963, con un presupuesto de unos tres millones de dólares que no recuperó. El motivo fue la fatiga del público norteamericano hacia el género de "espada y sandalia", el peplum, con el cual la película fue erróneamente asociada, diluyendo así el impacto de su propuesta. La falta de grandes estrellas en el reparto y una estrategia de marketing que no logró diferenciar sus revolucionarios efectos visuales de las producciones genéricas de serie B y el cine histórico de temática romántica, impidieron que la cinta recuperara su inversión inicial en medio de una cartelera altamente competitiva.

El tiempo la colocó en su sitio: se convirtió en un clásico televisivo, en la peli que el propio Harryhausen consideraba su mejor trabajo

Sin embargo el tiempo la colocó en su sitio: se convirtió en un clásico televisivo, en la peli que el propio Harryhausen consideraba su mejor trabajo, y en referencia obligada de cualquiera que ame el cine fantástico y los efectos especiales. Resulta curioso que Hollywood siga obsesionado con el fin de semana del estreno como si el rendimiento en apenas tres días decidiera la calidad de una película. PAsaba en los años 60, pasó con el nacimiento del blockbuster a finales de los 70 de la mano de Steven Spielberg, y pasa este verano con algunos de los estrenos más esperados.

Sé que a algunos esto les sonará a batallita de señor mayor agitando el puño contra una nube, pero lo que perdura en la cultura popular no siempre es lo que arrasó, sino lo que se creó con personalidad y cierran intención de trascendencia. El estudio esperaba sacar beneficio de esta película sumándose a la moda de un tipo de cine que hasta el momento funcionaba bien, pero Harryhausen sabía que la película dependía de la calidad de sus efectos para convertirse en un espectáculo audiovisual pensado para disfrutarse en los cine. Curiosamente, fue así, los efectos especiales es lo que ha mantenido viva a esta película, si bien es cierto que gracias a la televisión. El caso es que el trabajo de Harryhausen marcaría para siempre a un buen número de creadores, artistas y directores que ahora mantienen viva la tradición del cine como espectáculo.

De los dientes de la Hidra al mando de tu consola

Aquellos siete esqueletos no se quedaron en 1963, sino que engendraron toda una estirpe de criaturas de todo tipo. Harryhausen ya había ensayado con un único esqueleto en El séptimo viaje de Simbad en 1958, pero al multiplicarlo por siete creó una plantilla visual que el cine replicaría incansablemente en adelante: ahí están el esqueleto de Pesadilla en Elm Street 3 o el ejército de muertos de El ejército de las tinieblas de Sam Raimi. Pero su linaje no se detiene en el cine, porque también llegó a los videojuegos. El enemigo esqueleto que llevas media vida reventando en decenas de títulos, ese guerrero de huesos con espada y escudo que se levanta del suelo, tiene el ADN de Harryhausen.

He mencionado La Odisea pero, ¿qué pasa con God of War? Tienes esqueletos con espadas, a la Hidra, a Medusa y medio Olimpo dispuesto a partirse la cara contigo

Y luego está la reinvención de la mitología griega. He mencionado antes La Odisea de Nolan pero, ¿qué pasa con God of War? Tienes esqueletos con espadas, a la Hidra, a Medusa y medio Olimpo dispuesto a partirse la cara contigo. En 3DJuegos hemos hablado largo y tendido de cómo la saga griega de Kratos construía una sensación de escala colosal que ni las entregas nórdicas replicaron del todo. Y el reciente anuncio de God of War con Faye sigue tirando del mismo imaginario helénico. Súmale un Hades que convierte el inframundo griego en uno de los mejores roguelike de la década y tendrás la prueba de que este enfoque pop de la mitología clásica sigue dando de comer a la industria del entretenimiento

Ray Harryhausen ya no está entre nosotros para mover sus muñequitos fotograma a fotograma, pero cada vez que un esqueleto se levanta de la tierra en una pantalla, sea la de una peli vieja o la de tu consola nueva, su hechizo sigue funcionando. Su legado pervive en el cine de Guillermo del Toro, Edgar Wright y Gareth Edwards. Ese es el asombro que solo el cine logra, especialmente cuando eres muy joven y en realidad no te importa ni el rendimiento en taquilla ni cómo se hacen los efectos especiales, solo si la tripulación del Argos sobrevivirá al ataque del colosal Talos.

Hazte hueco en el sofá: Llega el club que tu lado más fan necesitaba

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