Jason Momoa vuelve a unir fuerzas con Dave Bautista para una buddy movie un tanto pasada de vueltas que nos hace gritar de dolor
No deja de parecerme curioso que tres de los mayores éxitos cinematográficos de Prime Video en los últimos meses sean buddy movies coprotagonizadas por estrellas de la WWE. Por un lado, tenemos a Dwayne Johnson y Chris Evans en Red One (2024); por otro, en verano nos llegó la extrañamente divertida Jefes de Estado (Heads of State, 2025), con John Cena e Idris Elba. Ahora, disponible desde el pasado viernes, contamos con Los hermanos demolición (The Wrecking Crew), que demuestra que este subgénero tan en boga durante los años 80 y 90 vuelve a ser una fórmula segura para atraer audiencias (es nº1 en 50 países) con una propuesta donde Dave Bautista y Jason Momoa reparten estopa.
En su planteamiento base, The Wrecking Crew es una buddy movie bastante convencional, donde dos tipos que se llevan a rabiar y poseen personalidades que no podrían ser más opuestas se ven obligados a colaborar para salir de un entuerto, en este caso un asesinato y una conspiración que implica a media isla. Por un lado, tenemos a Dave Bautista en el papel de James Hale, un instructor de los Navy SEALs de la Marina de los EE. UU. disciplinado, metódico y serio; un hombre de familia casado y con dos hijos en el que se puede confiar. En el extremo contrario aparece Momoa dando vida a... bueno, a Jason Momoa. Su personaje, Jonny Hale, es un anárquico detective de policía de Oklahoma al que su novia acaba de dejar que siempre tiene una cerveza en la mano.
Mucha testosterona y violencia gráfica de por medio
Sin ánimo de profundizar demasiado en la trama —aunque ya imaginaréis que esta es simplemente la excusa perfecta para encadenar secuencias de acción y chistes con mayor o menor acierto—, el conflicto se detona con el fallecimiento del padre de los protagonistas, quien al parecer no mantenía buena relación con ninguno de ellos. Tras enviar este un paquete a Jonny, se presenta en su casa un grupo de yakuzas dispuesto a torturarlo. El resultado es una pelea que ya nos marca el tono del metraje: una comedia de acción muy salvaje y para adultos donde el espectador sentirá cada golpe debido a lo gráfico de su violencia, y donde Jason Momoa siempre tiene que hacernos reír.
Y lo cierto es que sorprende. No porque Momoa haga humor, algo a lo que ya estamos acostumbrados (aunque a mí me siga gustando más cuando interpreta a un tipo con muy malas pulgas, como en Frontier o See), sino porque esta es una buddy movie que no ha querido conformarse con colar algunas buenas explosiones, un par de persecuciones a alta velocidad por las carreteras de Hawái y varios tiroteos, que las hay y son bastante entretenidas, tanto como para hacerme olvidar Fast & Furious —en serio, son dos horas de pura adrenalina con pocos diálogos intrascendentes que te hagan mirar el reloj—. Sino que además de esto, la cinta apuesta por combates que no solo destacan por estar bien coreografiados, sino por no contenerse en lo que muestran. Os pongo un solo ejemplo: si hay que usar un rallador de queso para deshacerse del esbirro de turno, se hace, se enseña y se deja que sea el espectador el que grite "¡aargh!".
Una peli de amigos que nació como un reto de amigos
Por supuesto, una película de este tipo acabaría en desastre si sus dos estrellas no tuvieran química y he de sinceramente: me divertí bastante más con la dupla de Idris Elba y John Cena en Jefes de Estado que con la pareja formada aquí, pero tampoco puedo negar que ambos son amigos y parecen divertirse trabajando juntos (ya lo hicieron en See). De hecho, este proyecto nació en 2021 a través de un mensaje en Twitter de la estrella de Guardianes de la Galaxia, donde retaba al protagonista de Aquaman a rodar un filme al estilo Arma Letal con David Leitch tras las cámaras. Lo primero y lo segundo se cumplió; lo tercero, el director, no, aunque estuvo a punto de suceder. Sea como fuere, Ángel Manuel Soto (conocido por Blue Beetle) ha realizado un gran trabajo entregando un largometraje que el propio Leitch perfectamente podría haber firmado.
Al final, The Wrecking Crew (Los hermanos demolición) es una gamberrada de acción más, con muchos huesos rotos de por medio, que no pretende reinventar la rueda ni lo necesita. Se trata de un chute de adrenalina honesto y cargado de testosterona que cumple lo que promete: tortas, explosiones, villanos de opereta y esbirros de usar y tirar. Es también una película donde, como mencionaba al comienzo, Amazon demuestra haber encontrado su particular gallina de los huevos de oro a través de la nostalgia noventera, el músculo de la WWE —o de las MMA, si recordamos De profesión: duro con McGregor, aunque esta no era una buddy movie— y presupuestos con muchos ceros.
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