Es uno de los mis cómics de aventuras preferidos, pero después de ver su película me entraron ganas de que me devolvieran el dinero de la entrada
De verdad que entiendo a Alan Moore: te lo curras para hacer un cómic realmente extraordinario y cuando llega la hora de convertirlo en una película, le quitas todo lo que hacía de tu trabajo algo especial y te marcas un pastiche de esos que solo piensan en la taquilla y las palomitas. Normal que parezca que Moore siempre ande enfurruñado y que le haya puesto a Hollywood dos velas negras. Y es que la industria cinematográfica patinó a lo grande a la hora de trasladar a la gran pantalla uno de sus trabajos más interesantes: La Liga de los Caballeros Extraordinarios. Tal vez no sea su cómic más profundo, ni el más políticamente reivindicativo, pero sin duda es uno de los más divertidos de leer. Y no lo digo yo, que de Alan Moore me gusta prácticamente todo (reconozco que Lost Girls no me entra); sin duda, La Liga de los Caballeros Extraordinarios es de sus proyectos más fascinantes y originales.
Una oda a la intertextualidad literaria
El surgimiento de The League of Extraordinary Gentlemen en 1999 no representó únicamente el lanzamiento de una nueva serie de historietas, sino la consolidación de un ambicioso proyecto de arqueología literaria y crítica cultural. Moore, junto al ilustrador Kevin O'Neill, erigió la obra como una respuesta intelectual al género de los superhéroes, buscando sus raíces en la ficción del siglo XIX y reconstruyendo un universo donde toda la literatura victoriana, y posteriormente de toda la historia de la ficción, coexiste en una continuidad compartida y orgánica.
La génesis de la obra se encuentra en la fascinación de Moore por los "puntos de generación" del género heroico moderno. Planteó la hipótesis de que los arquetipos de los superhéroes contemporáneos son, en esencia, evoluciones de personajes de la ficción decimonónica. Hulk, por ejemplo, tiene un ancestro directo en El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde de Robert Louis Stevenson. Originalmente concebida como una especie de "Liga de la Justicia de la Inglaterra Victoriana", la propuesta evolucionó hacia un concepto mucho más denso: un popurrí literario de complejidad infinita donde cada rincón del mundo está poblado por personajes, lugares y eventos extraídos de la literatura de la época.
Moore presentó este ambicioso esquema a Kevin O'Neill en 1996, tras su ruptura con DC Comics debido a disputas contractuales y creativas relacionadas con Watchmen. Aunque el proyecto se lanzó bajo el sello America's Best Comics, propiedad de WildStorm Studios, la venta de esta editorial a DC Comics situó a Moore en la irónica posición de volver a trabajar indirectamente para la compañía de la que se había distanciado. Entendéis lo de andar siempre enfurruñado, ¿verdad? Aun así, mantuvo un férreo control creativo, comunicándose únicamente con el equipo de WildStorm y evitando la interferencia directa de la directiva de DC.
Volviendo a la premisa del cómic, la acción se sitúa en 1898, cuando Campion Bond, agente de la inteligencia británica y ancestro de James Bond, recluta a Mina Murray para formar un grupo con habilidades extraordinarias que proteja los intereses del Imperio Británico frente a la guerra de bandas criminales entre Fu Manchú y Moriarty. Cada miembro representaba un pilar de la literatura de aventuras, gótica y de ciencia ficción de la época: Mina Murray (Drácula), Allan Quatermain (Las Minas del Rey Salomón), el Capitán Nemo (20.000 Leguas de Viaje Submarino), Dr. Jekyll y Mr. Hyde (El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde), y Hawley Griffin (El Hombre Invisible). La selección de personajes y su carácter no era arbitraria: cada uno encarnaba arquetipos y contradicciones literarias, dotando a la historia de un subtexto que premiaba al lector atento.
La ambientación victoriana permitió a Moore y O'Neill insertar innumerables referencias y cameos literarios, desde personajes procedentes de las novelas eróticas victorianas como Rosa Coote hasta el inspector Dick Donovan de una conocida serie de novelas al estilo de eSherlock Holmes, convirtiendo cada página en un rompecabezas cultural que mezclaba humor, crítica social y nostalgia. La verdad es que para pilla rosas las referencias hay que estar muy puesto, pero resulta de lo más gratificante ir pillando todos los guiños que hace Moore, que siempre tira con bala. Esta profundidad intertextual transformó la lectura en una experiencia que iba mucho más allá de la mera aventura.
El impacto de La Liga de Extraordinarios Caballeros en la industria fue sísmico. La obra consolidó el subgénero steampunk, otorgándole una gramática visual y conceptual que vinculaba tecnología anacrónica con crítica social postcolonial. Además, Moore llevó la metaficción al cómic, incluyendo paratextos como el "Almanaque del Nuevo Viajero" o "El Dossier Negro", detallando la historia y geografía secreta del mundo compartido. Estos extras se disfrutan tanto como las aventuras principales y sirven para asomarse a la abarrotada mente de Moore. No eran meros rellenos, sino piezas esenciales de una narrativa expandida que conectaba los penny dreadfuls, los antecedentes directos de las novelas pulp norteamericanas, las gacetas ilustradas y los folletines victorianos con las novelas gráficas y cómics modernos.
La serie demostró que era posible crear un universo compartido coherente con personajes de dominio público, explorando temas adultos que las editoriales de superhéroes tradicionales evitaban: sexualidad, racismo, imperialismo y moralidad ambigua. Este enfoque audaz influiría en escritores como Warren Ellis y Neil Gaiman, quienes reconocen en este trabajo de Moore y O'Neill una inspiración directa para sus propias reinterpretaciones de la mitología literaria, pero ahora vamos al drama.
De la admiración a la decepción y la traición
Si el cómic es brillante, la adaptación cinematográfica de 2003, estrenada en España como La liga de los Hombres Extraordinarios, es todo lo contrario. Seguro que hay un motivo para el cambio del título, a saber cuál. Dirigida por Stephen Norrington y protagonizada por Sean Connery con peluca, la película pretendía ser el inicio de una franquicia al estilo de X-Men, pero terminó marcada por desastres naturales, conflictos de ego y una desconexión total con el material original. La producción en Praga sufrió inundaciones históricas que destruyeron sets valorados en más de 7 millones de dólares. Connery y Norrington chocaban constantemente, y la tensión llegó a tal punto que Connery decidió retirarse de la actuación tras la película, mientras Norrington abandonó Hollywood. Drama, como os decía.
Sumemos a esto una demanda por plagio interpuesta por Larry Cohen y Martin Poll, alegando que Fox había utilizado su guion Cast of Characters. Aunque la disputa se resolvió fuera de los tribunales, enfureció a Moore, quien percibió que su obra había sido instrumentalizada como una cortina de humo legal. La película, a pesar de recaudar más de 179 millones de dólares y generar ingresos considerables en DVD y alquiler, recibió críticas devastadoras de figuras como Roger Ebert, que la calificó de "acción incomprensible" y "diálogos idiotas". El propio Moore tuvo palabras muy poco amables, señalándola como "una peli mierdosa" que, como Watchmen, "no debería haber salido".
Comparar el cómic de Moore con la película revela una traición sistemática a la esencia de los personajes y al tono de la obra. No lo he hablado con Alan Moore todavía, pero entiendo que piensa algo parecido. Donde el cómic es sombrío, violento y analítico, la película es brillante, orientada a la acción y simplista. Mina Murray, líder humana y estratégica, se convierte en vampira subordinada; Allan Quatermain, anciano y desilusionado, pasa a ser héroe inesperadamente vigoroso; y Hawley Griffin, asesino psicópata, es reducido a un ladrón inofensivo y carismático. La adición de Tom Sawyer, impuesta por el estudio, rompe aún más la cohesión del equipo y demuestra el divorcio entre visión artística y mercantilismo que trataba de vincular toda esta ensalada de referencias a algún personaje que el ciudadano norteamericano medio pudiera reconocer..
Alan Moore, fiel a su integridad, rechazó cualquier crédito y pago por la película, argumentando que las adaptaciones cinematográficas de obras concebidas para otro medio están condenadas al fracaso. Su postura no es caprichosa, sino una defensa de la inmunidad de la literatura frente a la simplificación mediática. Para que no penséis que soy un vinagres total, reconozco que algunos de lso diseños de producción de la películas me parecen tremendo como el Nautilus. Pero no es algo suficiente como para salvar la película.
El precio de la creatividad traicionada
A pesar del fracaso crítico de la película, La Liga de Caballeros Extraordinarios como concepto sigue siendo una influencia fundamental en la cultura pop. La obra se ha expandido hasta cuatro volúmenes y varios spin-offs, explorando épocas desde el siglo XVIII hasta el futuro distante, siempre con un compromiso absoluto con la intertextualidad radical. Incluso cuando algunas entregas pierden algo de fuelle al adentrarse en el siglo XXI, Moore siempre encuentra una historia que nos hace mirar nuestra cultura pop con otros ojos.
El legado de este cómic es visible en la música, la literatura y la estética steampunk, inspirando desde bandas como Unextraordinary Gentlemen hasta otros cómics como los franceses La Brigade Chimérique. La película, irónicamente, popularizó la estética steampunk entre quienes no conocían este subgénero de la ciencia ficción, convirtiéndose en una puerta de entrada para descubrir la obra original. "No hay mal que por bien no venga."
La trayectoria de La Liga de Extraordinarios Caballeros es un estudio de contrastes. Por un lado, el material original representa uno de los mejores ejemplo de lo que un cómic de superhéroes puede lograr: divertido, premiado, original y estimulante intelectualmente. Por otro, la película de 2003 ejemplifica los riesgos de la alquimia cinematográfica cuando se fuerza una obra de autor en el molde de un éxito de taquilla prefabricado.
The League of Extraordinary Gentlemen nº 01/03 (Trazado): 1 (Biblioteca Alan Moore)
Moore y O'Neill continuaron expandiendo su universo hasta 2019, demostrando que la verdadera "extraordinariedad" de estos caballeros (y damas) no reside en sus superpoderes, sino en la riqueza inagotable de la imaginación humana que los engendró hace más de un siglo. Y aunque la película me dejara con ganas de pedir la devolución de mi entrada, el cómic sigue siendo una de esas lecturas que siempre resultan entretenidas, recordándonos por qué Alan Moore es un gigante indiscutible del noveno arte incluso cuando hablamos de sus trabajos menos conocidos.
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