
Con muy pocos medios y un final que se ve venir desde la superficie, esta peli consigue que te quedes atrapado dentro de un cachalote sin mirar el reloj
Lo primero que tiene que hacer el espectador de Whalefall es aceptar que dentro de una ballena se ve mejor que en algunos bares de madrugada. Dado ese salto de fe, la nueva peli de Brian Duffield funciona mejor de lo que cabría esperar de una premisa que, dicha en voz alta, no suena demasiado serie. Jay Gardiner, un buzo que busca los restos de su padre frente a la costa de California, acaba en el estómago de un cachalote de 24 metros y 60 toneladas con menos de una hora de oxígeno en la botella. Esa es la peli entera, o casi, que adapta la novela que Daniel Kraus publicó en 2023, y que te va a tener pegado ala butaca mientras aguantas la respiración sin darte cuenta.
Conviene avisar: no es una peli recomendable para claustrofóbicos. Si sufriste Buried o 127 horas, esto es lo mismo pero con mucha más humedad. Como espectador estás tan encerrado como Jay, pendiente con él de cada minuto de aire que le queda, y el ahogo se te pega aunque sepas que estás en un cine y no dentro de una criatura marina. Por cierto, Duffield ya escribió Underwater (2020), que también iba de quedarse sin aire en el fondo del mar.
La ballena nunca es solo una ballena
Whalefall se hermana sin disimulo con una tradición muy larga, la de la gente tragada por un animal marino descomunal, que va de Jonás a Geppetto. En la Biblia, por cierto, era un gran pez, y en Collodi un tiburón gigantesco que Disney convirtió en la ballena Monstro en 1940. Y luego está Moby Dick, la referencia más evidente aunque allí nadie acabe engullido, donde Melville ya le dedicaba un sermón entero a Jonás y donde la gran ballena blanca no es solo una ballena. Volviendo a la versión más popular de todas, la de Disney, es justo la de un hijo que se mete en la ballena para rescatar a su padre. Whalefall le da la vuelta de tuerca a esa imagen, porque aquí el hijo baja al fondo del mar a buscar a un padre difícil que ya no está, al que interpreta Josh Brolin.
Como os decía, lo interesante es que en todas esas historias la ballena es siempre otra cosa. Puede ser el castigo divino, la obsesión que te devora, la culpa o la segunda oportunidad, pero nunca es solo un bicho muy grande. Su vientre lleva siglos siendo el sitio donde el héroe se muere un poco para poder volver a salir, compartiendo un poco la simbología de la cueva como alegoría. En este caso, la ballena es el duelo, y lo que Jay encuentra ahí dentro es todo lo que su padre le dejó, lo que le sirve y lo que duele.
La peli construye su dinámica narrativa alrededor de esa herencia emocional, de cómo las lecciones de un padre pueden ser justo lo que te mantiene con vida cuando él ya no está. Es una historia con la que todo el mundo va a poder identificarse, porque bueno o malos, protectores o ausentes, todo el mundo tiene un padre. Por eso da un poco igual que el final sea completamente predecible, porque lo que importa no es tanto si Jay sale de ahí como con qué sale. El cómo sale es muy interesante si solo te vas a quedar en la superficie de lo que te cuenta la película, el por qué es lo que te va a hacer asomar la lagrimilla. A mí me ha tenido en tensión hasta el final aun sabiendo lo que iba a pasar, y me ha emocionado aunque cada cierto tiempo viera algo que me hacía pensar: "se muy poco de ballenas, pero creo que eso es una tontería como una catedral".
Whalefall es casi toda la peli un señor a oscuras entre cojines mojados
Técnicamente es muy limitada, porque no deja de ser un señor a oscuras rodeado de cojines mojados durante casi todo el metraje, y aun así mantiene el pulso, que tiene su mérito. Duffield ya dejó una peli casi sin diálogos en manos de Kaitlyn Dever en Nadie te salvará (No One Will Save You, 2023), y aquí vuelve a confiarlo casi todo a un solo actor.
Ese no es otro que Austin Abrams, al que hemos visto hace nada en la polarizante Resident Evil de Zach Cregger. Aquí lo tiene más difícil, porque casi todo el rato no hay nadie con quien hablar ni zombis que esquivar, solo la oscuridad y su respiración. Bueno, hay una medusa, pero es muy poco receptiva a los avances románticos del personaje. Abrams consigue que el miedo, el agotamiento y el duelo se le lean en la cara sin necesidad de explicarlos. Por desgracia de vez en cuando tiende a explicarlo: "¡Oh, me he roto una pierna!" Bueno, gracias, de medicina entiendo más o menos lo mismo que de ballenas, pero ya me parecía que ese ángulo de rodilla para abajo no era normal.
En cualquier caso, es una interpretación muy física y muy contenida, de las que no se notan hasta que piensas en lo poco que tenía para trabajar el actor para sacar adelante toda esta historia. Abrams está a una película de convertirse en uno de los mejores actores del momento. Si alguien todavía lo tenía por el chaval de Euphoria, esta peli debería cambiar eso.
¿Os habíais planteado alguna vez lo que sería acabar dentro de una ballena? Seguramente no. Pues ya está, ya tenéis un nuevo miedo desbloqueado. Whalefall llega a los cines este viernes 16 de octubre, y si vais a verla, buscad la sala con el mejor sistema de sonido que tengáis a mano, porque aunque durante casi toda la peli hay poco que ver, el sonido es espectacular.
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