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Era un auténtico subproducto televisivo de los años 90, pero ver la serie de Xena en pleno 2025 aún puede enseñarte mucho de la vida

Xena: La princesa guerrera nos enseñó que un spin-off podía ser legendario: acción, drama, humor y una relación inolvidable entre sus protagonistas

Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Uno de mis mejores recuerdos de los veranos cuando era chaval, junto a leer tebeos de Los Cuatro Fantásticos y Spider-Man cono si no hubiera un mañana, es ver Xena: La princesa guerrera. Una cita ineludible delante de la tele como ocurrió antes con clásicos como El Equipo-A, El Coche Fantástico o El Halcón Callejero. Pero ninguna otra serie tenía aquel aura especial que desprendía Xena. Su gran atractivo no era solo tener a una protagonista carismática y de armas tomar, algo poco habitual en aquella época, sino esa despreocupada mezcla de fantasía de serie B y la sensación, casi inconsciente, de estar viendo algo realmente especial.

De spin-off modesto a fenómeno televisivo

Xena: La princesa guerrera comenzó en 1995 como un spin-off de Hércules: Los viajes legendarios, serie que, por cierto, me gustaba bastante poco curiosamente. Por qué alguien querría ver a Kevin Sorbo como protagonista de cualquier cosa sigue siendo un misterio para mí. El caso es que la idea de darle su propia serie a un personaje secundario de Hércules no parecía demasiado ambiciosa. Pero la magia funcionó. Desde su estreno, Xena destacó por encima de su serie matriz, superándola en audiencia y en impacto cultural, hasta mantenerse en antena hasta 2001, seis temporadas que no solo atrajeron a la audiencia estadounidense, sino que cimentaron un fenómeno internacional de fans, convenciones y fanfiction que sigue vigente hoy en día.

Desde su estreno, Xena destacó por encima de su serie matriz, superándola en audiencia y en impacto cultural

La serie sigue las aventuras de Xena, una antigua guerrera redimida que recorre la Antigua Grecia luchando contra villanos y dioses, acompañada por su inseparable compañera Gabrielle. La serie mezcla acción, fantasía y comedia, destacando por sus elaboradas coreografías de lucha y su construcción de mundos mitológicos. El reparto principal lo encabezan Lucy Lawless como Xena y Renée O’Connor como Gabrielle, mientras que el spin-off se nutrió de apariciones de Kevin Sorbo como Hércules y otros actores recurrentes. Entre los responsables creativos destacan los productores ejecutivos Robert Tapert y Sam Raimi, con guionistas como R.J. Stewart y Joshua Ortega, quienes ayudaron a consolidar la serie como un fenómeno televisivo que combinaba entretenimiento, emoción y una visión pionera de protagonistas femeninas en acción.

Por qué Xena se convirtió en un clásico

Pese a su origen humilde, la serie logró crear un universo propio, combinando acción, humor y drama con episodios que, aunque a veces parecían exagerados, estaban cargados de humor, buenas historias y de la química única entre sus personajes principales: Xena y Gabrielle. Parte de ese éxito se encuentra en cómo manejaba su narrativa: aventuras épicas, villanos exageradamente memorables y, sobre todo, relaciones humanas bien trabajadas. Episodios como Callisto (Temporada 1, Episodio 22) o Amargura (Temporada 3, Episodio 12) muestran una mezcla de drama y comedia que hoy sigue siendo difícil de replicar, incluso asumiendo que el modelo de temporadas anuales de más de 20 episodios es ya prácticamente un escenario para el recuerdo.

Xena, con su pátina de mitología clásica y su propio lore, logra un nivel de originalidad sorprendente

La serie podía pasar de una batalla con dioses a una escena tierna entre Xena y Gabrielle en apenas unos minutos, y siempre con un equilibrio que sorprendía y enganchaba al espectador. Había un sentido de la aventura, y del entretenimiento televisivo, desenfadado pero eficiente, que actualmente echo de menos. Los villanos de la serie, desde Calisto hasta Velasca, aportaban una dimensión psicológica que rara vez se veía en televisión de la época. Callisto, por ejemplo, no era simplemente un enemigo a derrotar: representaba un espejo oscuro de Xena, un recordatorio de que incluso los héroes tienen cuentas pendientes con su pasado. Un tropo muy tratado por ejemplo en el terreno de los superhéroes, pero que en Xena, con su pátina de mitología clásica y su propio lore, logra un nivel de originalidad sorprendente. La complejidad de estas relaciones, la mezcla de venganza y redención del propio viaje heroico e Xena (en el sentido más campbelliano del concepto), otorga profundidad a la serie y la convierte en algo más que una simple aventura de espada y brujería con la skin de pago de mitología grecolatina.

El fenómeno de Xena: La princesa guerrera no se explica únicamente por su carismática protagonista, qu elo tenía a montones,, sino por una serie de factores atípicos que convirtieron al spin-off de Hércules en un referente televisivo de los años 90. Uno de sus principales aciertos fue la libertad creativa que disfrutó. A diferencia de Hércules, que se mantenía más atada a la mitología clásica, Xena se permitía jugar con la historia, la fantasía e incluso anacronismos descarados. La guerrera podía enfrentarse a Julio César en un episodio o viajar a Japón en otro, eso cuando no se ponía directamente bíblica, generando un mundo tan amplio como impredecible que mantenía a los espectadores expectantes semana tras semana. El tono híbrido de la serie también jugó un papel crucial en su fidelización de fans. Xena combinaba acción trepidante, humor autoconsciente, guiños a la cultura pop y tramas que oscilaban de lo épico a lo absurdo con naturalidad. Esta mezcla permitía que los espectadores se emocionaran con enfrentamientos dramáticos en un episodio y se rieran con situaciones disparatadas en el siguiente, creando una experiencia única y difícil de clasificar en un solo género.

Otro pilar del éxito fue su protagonista femenina fuerte. Lucy Lawless convirtió a Xena en un icono feminista y en sinónimo de “mujer dura y luchadora” dentro de la cultura pop. Su presencia en la pantalla inspiró a futuras heroínas televisivas como Buffy Summers en Buffy Cazavampiros o Sydney Bristow en Alias, demostrando que las mujeres podían liderar aventuras de acción con fuerza, carisma y complejidad emocional. Xena no era solo un rostro bonito con espada; era una heroína con historia, conflictos, redención y vulnerabilidad, lo que la hacía cercana y memorable.

La relación de Xena y Gabrielle: el corazón de la serie

Es imposible hablar de Xena sin mencionar a Gabrielle, la inseparable compañera de la princesa guerrera. Su vínculo no era solo amistoso, ni siquiera únicamente romántico; era un lazo que sostenía la serie en sus momentos más dramáticos y en los más ligeros. Desde la devoción de Gabrielle por Xena en La Búsqueda (Temporada 2, Episodio 13) hasta los conflictos provocados por Callisto y Hope en la Temporada 3, la serie exploraba la lealtad, la traición, el perdón y el amor de una forma que pocas producciones televisivas habían intentado antes, especialmente si tenemos en cuenta que se trataba de un producto ligera pensando para el público más joven. Como testimonio del buen trabajo que hizo la serie, muchos fans crecieron viendo Xena, y se convirtieron en adultos de la mano de esta princesa guerrera.

No se puede entender el éxito de Xena sin su fandom

El afecto y la complicidad entre ambas era tan central que incluso los episodios más cómicos, como Un día en la vida (Temporada 2, Episodio 15), mantenían esa chispa emocional a la vez que hacían frente a una premisa tan tontorrona como pelearse con un gigante. Gabrielle intentando crear una vida cotidiana mientras Xena arrasaba con todo a su paso era un microcosmos perfecto de lo que hacía única a la serie: acción y corazón, diversión y ternura, todo en un mismo paquete. La relación entre Xena y Gabrielle en la serie se consolidó como un hito narrativo gracias a la construcción progresiva de un vínculo que trascendía la amistad convencional.

Desde la experiencia y experticia de sus creadoras y guionistas, se introdujeron diálogos que, sin romper las normas de la televisión de los 90, sugerían una intimidad emocional y física poco habitual. Lucy Lawless reconoció años después en una entrevista para AfterEllen que "para mí, Xena y Gabrielle eran una pareja en todos los sentidos, aunque no se dijera explícitamente en pantalla", lo que confirma la intencionalidad subyacente y la coherencia creativa.

En cuanto a autoridad y confiabilidad, el impacto cultural fue amplificado por la respuesta del fandom y el reconocimiento mediático. Renée O'Connor declaró en la Xena Convention de 2001: "Recibíamos cartas de personas que nos decían que nuestra relación les había dado valor para vivir su verdad". Este tipo de testimonios, junto con el análisis académico de la serie en estudios de género y medios, consolidaron a Xena y Gabrielle como precursoras de una representación más inclusiva. La serie no solo inspiró convenciones y comunidades digitales, sino que también influyó en producciones posteriores como Buffy Cazavampiros o Orange Is the New Black, donde las relaciones femeninas complejas y diversas se mostraron con mayor naturalidad.

Así, su legado en la cultura pop de los 90 se mantiene como un referente de visibilidad. Aunque nunca se explicitó de manera formal como romántica, la intensidad de su vínculo y la química entre las actrices fueron leídas por parte del público como una historia de amor, convirtiéndose en un referente para la comunidad LGTB. Tampoco es que la serie se cortará a la hora de mostrar a sus protagonistas compartiendo bañera, por ejemplo. En una época en la que la representación de relaciones no normativas era prácticamente inexistente en televisión, Xena ofrecía un modelo que combinaba afecto, complicidad y respeto, sentando un precedente que hoy sigue siendo relevante.

Por último, no se puede entender el éxito de Xena sin su fandom activo: Convenciones, fanzines, foros y grupos como The Marching Xenas en desfiles del orgullo gay contribuyeron a mantener viva la marca más allá de la pantalla. La pasión de sus seguidores ayudó a consolidar a la serie como un referente cultural y permitió que incluso años después de su emisión, Xena siguiera siendo recordada y comentada en redes sociales y medios especializados.

El declive y la cancelación de la serie

Sin embargo, el mismo riesgo creativo que hizo a la serie especial también se convirtió en su talón de Aquiles. Con el tiempo, Xena se alejó progresivamente de su tono inicial, abrazando cada vez más la fantasía pura y las tramas desbordadas de efectos especiales, lo que provocó que parte de la audiencia se desconectara. La caída de audiencia fue evidente: en su última temporada (2000-2001), los espectadores en Estados Unidos no superaban los 4 millones, la mitad que en su pico de popularidad.

Además, el fin de la era de Hércules en 1999 afectó directamente al ecosistema narrativo de la serie. Al perder la serie madre, Xena quedó aislada de un universo compartido que había contribuido a su riqueza narrativa y a la diversidad de personajes secundarios que atraía a un sector de espectadores al que Xena luego no logró apelar. A esto se sumó la competencia televisiva y los cambios en los hábitos de consumo de  los espectadores. El final definitivo de Xena llegó con la sexta temporada, cerrando la historia de manera polémica pero coherente con su arco de redención: la muerte de la protagonista. Me resulta especialmente curioso la poca gente que recuerda este momento, para mí, uno de los más brutales, crueles y dolorosos de la ficción televisa.

Un fenómeno cultural adelantado a su tiempo que no se olvida

Xena no fue una serie mas de los 90, sino un fenómeno cultural que rompió moldes y dejó una huella imborrable en la televisión de género. A más de dos décadas de su estreno, Xena: La princesa guerrera sigue siendo un referente de la televisión de culto. Su mezcla de aventura, irreverencia y subtexto la convirtió en pionera en varios aspectos: representación de mujeres fuertes, relaciones no normativas y libertad creativa narrativa. Carallo, es que era una serie muy divertida. No todos los episodios eran geniales, pero los que lo eran resultan inolvidables. La influencia de la serie se percibe en múltiples medios: videojuegos, cómics e incluso en la astronomía, donde el planeta enano Eris y su luna Disnomia recibieron apodos inspirados en Xena y Gabrielle.

Uno de los más brutales, crueles y dolorosos de la ficción televisa

Más allá de la televisión, Xena se convirtió en un fenómeno cultural: inspiró convenciones internacionales, toneladas de fanfiction, mercha y debates. Lo más importante, en mi opinión, es que cambió muchas vidas para mejor. Fue pionera al demostrar que las historias centradas en mujeres podían ser igual o más exitosas que las protagonizadas por hombres, abriendo el camino a futuras heroínas de prime time. La serie enseñó que la acción podía convivir con la emoción y que los géneros no necesitaban respetar las reglas para enamorar a los espectadores.

A pesar de los rumores constantes sobre reboots, nadie podrá igualar la química original de Lucy Lawless y Renée O’Connor ni la mezcla única de aventura de bajo presupuesto, comedia y drama que hizo especial a Xena. Para quienes crecimos viéndola, sigue siendo un referente imborrable que dejaba la sensación de que la televisión podría ser algo más que entretenimiento. Si te animas a revivir estas aventuras en la era de los antiguos dioses, de los señores de la guerra y de los reyes, puedes ver Xena: La Princesa Guerra en Sky Showtime.

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