
Dedicó todas sus vacaciones de verano a hacerla completamente funcional, con sus protocolos de seguridad y contra intrusos
La capacidad de moldear mundos infinitos bloque a bloque de Minecraft no solo lo ha convertido en uno de los videojuegos más exitosos de todos los tiempos, así como la gallina de huevos de oro para Microsoft, también ha ayudado a formar a nuevas generaciones en diseño y programación demostrando ser una herramienta educativa que va mucho más allá del entretenimiento. Un ejemplo lo encontramos en un matemático que, de niño, construyó una central nuclear muy funcional.
Y es que por estas mismas fechas en el verano de 2013, mientras otros chicos contaban las horas para volver a la piscina, viajar con sus padres a la playa o entregarse a cualquier otra actividad de ocio, Maximilian Janisch —con solo 10 años— decidió sumergirse al completo en Minecraft durante sus cinco semanas de vacaciones. No lo hizo para construcciones simples, sino, como decíamos, para edificar una central nuclear virtual tan meticulosa que parecía latir por sí misma: sostenida por siete ordenadores imaginarios que controlaban cuatro reactores —siempre había dos encendidos y dos apagados para evitar cualquier sobrecalentamiento—, todos gobernados por más de mil líneas de código que tuvo que escribir a mano y una interfaz gráfica que le permitía encender y apagar cada núcleo de forma individual, como si fuera un ingeniero en miniatura.
"Por seguridad, instalé un protocolo de emergencia que, en caso de sobrecalentamiento, hacía sonar una alarma, encendía una luz roja y apagaba todos los núcleos automáticamente hasta que la temperatura bajara", apunta en Instagram, recordando cómo también incluyó un mecanismo de reabastecimiento automático que metía uranio nuevo cuando las barras se desgastaban y mandaba los residuos a un cofre infinito, así como un modo visitante que bloqueaba la interfaz gráfica para que nadie pudiera activar o desactivar los reactores de forma manual. Vaya, que no solo contaba con monitorización en tiempo real, sino también con protocolos de seguridad y contra intrusos imprudentes.
Maximilian Janisch, un niño prodigio
Más allá de su hazaña en Minecraft, hay que decir que Maximilian Janisch fue un niño prodigio según leemos en la prensa de su país, Suiza. Su coeficiente intelectual, superior a 149, lo sitúa por encima del 99,95 % de la población, y su carrera académica fue vertiginosa como poco: con solo 9 años aprobó la prueba de matemáticas de la Matura (el bachillerato suizo) y a los 15 obtuvo el título completo. Tras formarse en un programa de investigación creado a su medida en la Universidad de Zúrich, inició su doctorado a los 18 y lo concluyó en 2025, con apenas 21 años, siendo el doctor más joven de la institución desde 2008.
Hoy, a sus 22 años, compagina su trabajo como investigador cuantitativo en Qube Research & Technologies en el país helvético con su éxito en TikTok, red social donde enseña matemáticas a la Generación Z y suma más de 220.000 seguidores que ahora conocen esta historia, como vosotros, claro está.
Vía | Blick
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