La Generación Z ha encontrado una nueva forma de ganar hasta 15.617 euros al mes. Han convertido la fiebre por las newsletters en suscripciones SnailMail

  • De Substack a enviar postales con diseños originales no hay tanta distancia como creíamos

  • Los jóvenes Gen Z están llevando la fiebre por lo analógico a un nuevo nivel

Rubén Márquez

Editor - Trivia

En ese inevitable giro hacia lo analógico que pide un presente cada vez más asediado por la tecnología, la Generación Z no sólo quiere pasarse el juego acudiendo a vinilos y vídeos en VHS, ahora también ha convertido en un negocio por suscripción el correo postal de toda la vida. Y uno que les está yendo sorprendentemente bien. 

Bajo el hashtag SnailMail, plataformas y redes acumulan cientos de miles de publicaciones en las que este negocio demuestra estar en auge. En él, algunos jóvenes Gen Z reconocen ingresar cerca de 18.300 dólares de beneficio, unos 15.617 euros al mes al cambio actual, con algo tan simple como enviar mensualmente a sus suscriptores cartas, postales y pequeñas ilustraciones. En realidad es un poco más complicado que eso. 

La nueva fiebre de la Generación Z

Los casos recogidos por medios como la CNBC pintan de la mejor forma posible una idea con mucho potencial por delante. El ejemplo de los 18.300 dólares mensuales de beneficio, sin ir más lejos, corresponde a The Architecture Club, en el que una arquitecta de 25 años ha conseguido amasar más de 2.700 suscriptores que pagan religiosamente 8,88 dólares al mes por recibir una postal pintada por ella sobre un edificio famoso y una pequeña carta contando su historia. 

Que la idea del SnailMail se venda en redes como pan caliente y que la Generación Z aúpe el modelo a base de likes puede darte una idea de hasta qué punto detrás de ello hay un fenómeno. Que voces como la de Bo Natakhin, un joven de 26 años de Toronto, salgan al paso para decir que ha dejado su trabajo y ahora tiene 4.000 suscriptores que pagarán 20 dólares al mes por un fanzine de 52 páginas con recetas de pasta, pues te deja un panorama mucho más claro. 

Es fácil caer en que la idea se limita sólo al panorama norteamericano, pero otros ejemplos como el de Kiki Klassen, que empaqueta cerca de 900 sobres mensuales con una carta mecanografiada y una lámina de arte por los que factura 4.385 dólares mes tras mes, dejan entrever que la cosa está lejos de querer quedarse ahí. Esos 900 sobres se están repartiendo entre 36 países en los que sus jóvenes suscriptores esperan pacientemente a que llegue el cartero. 

En cualquier caso, los números boyantes siempre terminan escondiendo otra cara adicional, la del negocio que más allá de su boom en redes deja más dudas que certezas. El SnailMail de la Generación Z no es una excepción y, como ya habrás imaginado, tiene no pocas letras pequeñas que conviene mirar con lupa antes de dejar tu trabajo para ponerte a escribir cartas. 

El fraude del "hecho a mano"

La primera de ellas pasa por poner sobre la mesa la dificultad de echar a rodar uno de estos clubs de correo postal. "La única razón por la que el mío creció tan rápido es que me hice viral, lo que es como ganar la lotería", reconoce una de las creadoras, que apunta a que sin una audiencia previa o un milagro a nivel de exposición, los números no salen. 

Pese a que el precio de las suscripciones se mueven entre unos 8 y 20 euros, y que el coste de producir una carta, un dibujo y ponerles un sello se queda entre 1 y 3 euros, en el margen de beneficio hay que incluir una logística considerable. Conforme más crece la idea del SnailMail entre la Generación Z, más lo hacen también los hilos de Reddit reconociendo que lo de quedarse hasta las tantas de la madrugada ensobrando cartas y pegando sellos está lejos de ser el trabajo de tu vida. 

Lo que nos lleva a la siguiente pregunta. ¿Realmente hay gente haciendo 4.000 dibujos y cartas a mano al mes para poder repartirlas entre sus suscriptores? Ni de coña. Lo que hacen es dar forma a un diseño original que luego se imprime en serie, más o menos como hacen los artistas con láminas impresas de tiradas limitadas. Con las cartas “escritas a mano” ocurre exactamente lo mismo. 

¿Es un fraude, entonces? Bueno, tal vez sí lo sea como concepto, pero para unos jóvenes Gen Z en los que gran parte de su vida se limita a un entorno digital, el valor percibido por este tipo de suscripciones se acerca lo suficiente al "hecho a mano" como para que esa fiebre por lo analógico le dé cierto sentido. Al fin y al cabo, si ya están acostumbrados a suscribirse a Netflix o Spotify como forma de entretenimiento, por qué no hacerlo también a algo que se sienta más cercano. 

Imagen | Bohemianwriter en Midjourney

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