La historia del Duke of Lancaster, el barco olvidado durante décadas con un tesoro único a bordo: 50 recreativas arcade

La historia del Duke of Lancaster, el barco olvidado durante décadas con un tesoro único a bordo: 50 recreativas arcade

  • Desde mediados de los 50 el barco ha servido de ferri, sala de juegos y cápsula del tiempo

  • Su tesoro de máquinas recreativas pudo salvarse gracias a un grupo coleccionistas

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Lancaster
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Rubén Márquez

Editor - Trivia
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Rubén Márquez

Editor - Trivia

A mediados de los 50, la necesidad de crear una ruta entre Irlanda y Escocia con el resto de Europa dio forma al TSS Duke of Lancaster, un ferri de 114 metros que, tras varios años navegando, a principios de los 80 decidió dar sus últimos coletazos. Habría sido desmantelado de no ser porque un inversor de Liverpool vio en él un futuro mejor. Uno plagado de recreativas. 

Pero la idea de tener un barco atracado en la costa de Gales que sirviera como bar y salón recreativo no fue lo que catapultó al Duke of Lancaster a la fama. En realidad fue su descubrimiento en 2009, y lo que le había pasado entre aquella idea inicial y el haber sido completamente abandonado, lo que realmente nos importa. Bueno, eso y el saber qué ha ocurrido con él desde que uno fanáticos del retro encontrasen 50 recreativas arcade en su interior rodeadas de polvo, óxido y telarañas. 

La historia del Duke of Lancaster

Convertir un barco en un bar parece una soberana tontería con más contras que pros, pero lo que descubrió aquél inversor era que gracias a ello podía agarrarse a un jugoso vacío legal. Como todo lo que estuviese en el agua gozaba de distintas reglas que los negocios que había en tierra firme, aparcó el barco en un río y rebautizó al Duke of Lancaster como el The Fun Ship, el barco de la diversión. 

La diversión era a todos los niveles, así que incluía apuestas, vender alcohol, abrir todos los días aunque fuese domingo y, lo que nos interesa en este caso, una inmensa colección de máquinas recreativas que hicieron las delicias de los locales hasta que el ayuntamiento vio que aquello se le estaba yendo de las manos. 

Como el The Fun Ship no funcionaba bajo las mismas reglas que el resto, se estaba cargando el resto de negocios, así que forzó su cierre por la vía judicial y su propietario se vio tan atado de pies y manos que ni siquiera pudo recoger lo que había en su interior. Y así se quedó el barco, atracado junto a tierra firme y cerrado a cal y canto hasta que, en 2009, un grupo de exploradores urbanos se coló en su interior y compartió el descubrimiento por internet. 

Cuando los coleccionistas de recreativas y videojuegos retro vieron lo que aquél barco escondía en su interior, supieron al instante que les había tocado la lotería. Si aquellas máquinas estaban abandonadas es que no le importaban a nadie, así que había que encontrar al propietario para hacerse con ellas antes de que alguien siguiese la misma lógica. Tardaron ocho meses en dar con él. 

Qué fue de las recreativas y el barco

Tras permitirles visitar el barco para ver el estado de las máquinas y hacer inventario, llegaron a un acuerdo para venderlas. Decenas de máquinas míticas, desde Space Invaders hasta Asteroids, descansaban entre mesas de bar esperando a que alguien las recuperara. Meses de negociaciones después, el propietario les dio diez días para sacar las máquinas de allí porque tenía intención de renovar el barco. Se acababa de iniciar una carrera a contrarreloj.

Con una quincena de coleccionistas y apasionados de lo retro acudiendo con camiones, furgonetas y hasta una grúa, las máquinas arcade fueron saliendo una a una, dando lugar así al mayor tesoro perdido que nos ha dado el mundo de las recreativas hasta el día de hoy. Pero a diferencia de lo que suele ocurrir con los restos arqueológicos y los museos, todas ellas fueron cayendo en manos de colecciones privadas. Algunas, las que más suerte tuvieron, siguen al alcance de los entusiastas en el salón recreativo más grande de Europa, el Arcade Club de Bury, en Reino Unido. 

Lancaster 2

¿Y el barco? Pues ahí sigue, varado en el mismo lugar en el que echó el ancla en 1979. Tras el famoso caso de las recreativas se trabajó en él para convertirlo en otra atracción turística, pero sin aprovecharse de vacíos legales como lo había hecho antaño no funcionó con la misma fuerza. Desde entonces se le ha ido dando distintos usos mientras se intenta certificar que no está abandonado para evitar daños mayores a su estructura e interiores. 

Fue plató para una serie de televisión, se utilizó como edificio en el que celebrar mercadillos y espectáculos de teatro al aire libre, e incluso se dio forma a un gigantesco escape room de terror para celebrar Halloween en su interior con una experiencia inmersiva. Lamentablemente para el Duke of Lancaster, parece difícil que algún día recupere la gloria que antaño tuvo, ya fuese por ser el mejor bar que un pueblo podría llegar a pedir, o por cómo se convirtió brevemente en leyenda gracias a la viralidad de internet. 

Imágenes | Hefin OwenWikipedia

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