Castores, unicornios y los primos de Batman vivían en la Luna según un diario de Nueva York
Aunque a día de hoy prácticamente todos tenemos claro que en la Luna no hay mucho más que polvo y rocas, hace no tanto la perspectiva sobre nuestro satélite era radicalmente distinta. Hace apenas 200 años, un 25 de agosto de 1835, esa diferencia se hizo palpable con el descubrimiento de la vida en la Luna gracias a un potente nuevo telescopio.
Mediante una serie de seis artículos, el diario The New York Sun tuvo a medio mundo dando volteretas con el mundo al que mirábamos cada vez que poníamos la vista en el cielo nocturno. En el primero de ellos, el texto demostraba que la Luna no era un cuerpo celeste yermo, sino un precioso paisaje con enormes prados y cavernas plagadas de cristales y joyas preciosas. Desde ahí, la cosa no dejó de crecer.
La primera fake news de la historia
En la Luna no sólo había vegetación, también castores que caminaban sobre dos patas y sabían utilizar el fuego, una suerte de unicornios y, como colofón, los Vespsertilio-homo, criaturas humanoides aladas que cualquiera podría catalogar como hombres murciélago por la evidente mezcla de similitudes entre unos y otros. La gente se volvió absolutamente loca con la noticia.
La gran baza de la historia era estar apoyada en un astrónomo real y el hecho de tener al Edinburgh Journal of Science como fuente. El problema es que el primero no tenía ni idea de lo que se comentaba en Nueva York, y la fuente llevaba años desaparecida para cuando los artículos empezaron a publicarse. Nada de eso impidió que la historia creciese como la espuma.
La gente de la época quería creer que aquello era cierto porque les servía como sesgo de confirmación. Que la Luna tuviese vida planteaba que el Dios cristiano también había metido mano allí porque él también había creado el resto de planetas, así que la historia les venía de perlas para reafirmar que su religión estaba en lo cierto.
Apenas un mes después de la primera publicación, cuando miles de ejemplares ya se habían agotado y la noticia había sido replicada en distintas partes de Europa, el The New York Sun confirmó que los artículos eran una sátira destinada a reírse de cómo esos creyentes darían lo que fuera por mantener su postura. El problema fue que, para la considerada la primera fake news de la historia, el invento fue tan bueno que terminó comiéndose a su intención inicial.
Imagen | Derek Otway
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