La transformación del mercado laboral con la Generación Z a la cabeza lleva años creando fricciones entre los jóvenes y los empleados con más tiempo de experiencia. Entre todos ellos, los Boomers parecen haberse convertido en una suerte de archienemigos para la Gen Z, donde el 28% de ellos se plantea un cambio de trabajo sólo para no coincidir con ellos. Mientras tanto, el 19% de los Boomers reconoce perseguir aún con más ahínco una jubilación anticipada para evitar lidiar con los más jóvenes.
Ahora, una firma ha intentado poner números más allá de las quejas, analizando hasta qué punto ese choque generacional es un grave problema para ciertos sectores como en los departamentos de ventas. En concreto, las discusiones entre la Generación Z y los Boomer se saldan con alrededor de 56.000 millones de dólares anuales en productividad perdida a base de piques entre empleados, y tareas que terminan repetidas porque, con la intención de evitar hablar, también han olvidado coordinarse.
La Generación Z y su problema con los Boomers
La encuesta, realizada a 2.000 trabajadores en puestos de ventas, no saca esas alarmantes cifras de ninguna manga. El análisis de este conflicto generacional mantiene que se pierden alrededor de 5,3 horas por empleado a la semana, una suma atada estrechamente a problemas como los que comentábamos, pero también al hecho de tener a dos generaciones trabajando a distintas velocidades.
El 60% de los Boomers cree que optar por nuevas tecnologías como la IA está poniendo en riesgo la relación con los clientes y la necesidad de alcanzar objetivos. Por su parte, la Generación Z está justo en el otro lado de la discusión, con un 64% afirmando que intentar ponerle puertas al progreso frena la innovación llevándose ventas por el camino. Lejos de ser un problema actual, lo cierto es que choques generacionales similares se han vivido desde siempre y, con la llegada de internet y herramientas como el correo electrónico, también se vivieron fricciones similares.
Lo más curioso, en cualquier caso, está en que la IA se postula como un puente generacional destinado a que los mayores puedan acelerar su productividad y los jóvenes puedan también adaptarse a ellos, pero convertido en motivo de discusión, la herramienta ha terminado alejando aún más las posturas.
En cualquier caso, lo que está en juego con ese conflicto no es sólo un punto de vista tecnológico, sino la incapacidad de mantener una relación sana entre generaciones que permita que la experiencia y conocimiento acumulado de los Boomer termine en manos de los Generación Z. Para cuando lleguen esas jubilaciones, buena parte de ese capital humano se habrá perdido para siempre.
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