Lo que Braveheart no te contó sobre William Wallace
Fue la primera vez que Mel Gibson cogió una historia real y la retorció hasta hacer que fuese fácil de tragar para buena parte el público, pero no la única. Tras darle la vuelta a la figura de William Wallace, hizo lo propio con el esclavista de El patriota para convertirlo en un afable granjero, y convirtió a los mayas en un pueblo psicótico en Apocalypto. La única gran diferencia es que, con Braveheart, sí se arrepintió un poco.
"En realidad, William Wallace era un monstruo. No era como en la película, lo romantizamos un poco. No era tan amable. Siempre olía a humo; siempre quemaba las aldeas de la gente", decía Gibson sobre su mítico personaje. "Era como lo que los vikingos llamaban un berserker. Cambiamos la balanza porque alguien tiene que ser el bueno contra el malo, así es como se cuentan las historias". La cruel historia del protagonista de Braveheart, en cambio, nos cuenta algo más.
La batalla que no viste en Braveheart
Allá por el año 1270 nace en Escocia el héroe William Wallace. No lo hace entre gorrinos en una granja, como también nos pintaron en Braveheart, sino como parte de una nobleza de la época que le permitió acceder a la educación y el entreno con armas que luego marcarían el resto de su historia. El caso es que su país llevaba años sumido en una crisis de poder en la que, sin un heredero para su realeza, Eduardo I de Inglaterra se había hecho con el control.
Frente al engaño de los ingleses, que se habían colado allí con la excusa de ejercer de árbitro imparcial en la sucesión y habían terminado ocupando el país, las batallas y reyertas en suelo escocés empezaron a sucederse con resultados cada vez más dramáticos. En una de ellas, al padre de Wallace se lo cargan y prenden la mecha de la venganza.
Tras demostrar hasta qué punto se le da bien la guerra de guerrillas, William Wallace salta al estrellato escocés en 1297, cuando consigue humillar al ejército inglés aprovechando un simple puente. Aunque en Braveheart vimos una épica batalla a campo abierto porque a Mel Gibson le estorbaba el puente y quería algo más palomitero, fue precisamente esa construcción la que dio el pistoletazo de salida a su leyenda.
El caso es que Wallace aprovechó la necesidad del ejército inglés de cruzar por allí y, cuando ya había suficientes caballos para evitar que pudiesen moverse con soltura hacia delante o hacia atrás, lanzó una carga con largas picas que encerraron a los ingleses sobre la estructura y terminaron en carnicería. Cuentan las crónicas que Wallace pidió que le hicieran un cinturón con la piel de uno de esos ingleses caídos y, como ya habrás imaginado, a partir de ahí la cosa empezó a volverse cada vez más cruda.
Sobre los hombros de William Wallace cae el mayor honor y responsabilidad a la que puede enfrentarse, convertirse de forma oficial en Guardián de Escocia. Algo así como todos los requisitos y obligaciones de ser rey pero sin contar con los beneficios que trae la corona. En cualquier caso, para él es un honor. Uno que dura poco.
William Wallace más allá de Mel Gibson
Apenas un año después de su gran victoria contra los ingleses, Eduardo I les presenta a los escoceses las bondades del arco largo y, con lluvias de flechas, consiguen frenar cualquier atisbo de revuelta que puedan llegar a planear desde las filas de Wallace. En una de esas batallas, el Guardián de Escocia renuncia del cargo y se escapa a Francia para intentar encontrar aliados.
Tras la negativa de la nobleza europea de la época y el absoluto pasotismo del Papa respecto a sus problemas, Wallace vuelve a Escocia y termina capturado. Si te digo que fue llevado a Londres para ir a juicio probablemente ya te estás imaginando cómo acabó su historia. Déjame decirte que no tienes la menor idea de lo que está por llegar.
Acusado de traición, él contestó que era imposible ser un traidor si no había jurado lealtad a Eduardo I. El zasca se escuchó hasta en la Antártida, pero le sirvió de poco. Lo arrastraron desnudo hasta la horca, lo ahorcaron, lo descolgaron justo antes de morir, lo destriparon, le obligaron a ver cómo quemaban sus tripas, lo decapitaron, y luego lo cortaron en cuatro trozos. Todo en ese orden. El mismo día. Ya veis que cuando hablaba de una cruel historia no era por capricho.
Aunque los trozos fueron enviados a distintas ciudades para que sirvieran de advertencia al resto de escoceses, lo que debía ser una muestra de miedo se convirtió en el mártir perfecto. Apenas nueve años después de su muerte, Escocia conseguía la victoria ante Inglaterra y celebraba su independencia. El héroe que les enseñó que ganar a los ingleses era posible, al fin lo había conseguido.
Dicen los historiadores que, a diferencia de lo que cuenta Mel Gibson respecto a toda esa brutalidad, y en contraposición a lo que cuentan las leyendas escocesas que lo pintan como un formidable gigante de dos metros y medio capaz de luchar contra todo con una bondad ejemplar, en la figura de William Wallace lo que probablemente había era un punto medio. El clásico ni tanto ni tan calvo frente al que, sin situarse ni en un extremo ni en otro, lo que había detrás del mito era sólo otro hombre más. Uno que, afortunadamente para Escocia, tenía las ideas muy claras.
Ver todos los comentarios en https://www.3djuegos.com
VER 0 Comentario