Si ahora mismo te pregunto qué sector de la población utiliza más la inteligencia artificial en su día a día, lo más probable es que contestes apuntando a la Generación Z acertando de pleno. Donde tal vez te equivoques es si en la siguiente pregunta intentamos encontrar qué generación es la que más odia a la IA, porque puede que mires hacia otro lado cuando todo apunta a que, una vez más, son los jóvenes Gen Z los que ganan por goleada.
El informe The AI Paradox lo deja bien claro al demostrar que el entusiasmo mediante el que la Generación Z abrazaba la llegada de la IA hace un año, con una efusiva aprobación del 36%, ha caído ya hasta el 22% en apenas 12 meses. Lo que sube como la espuma, en cambio, es la ira y frustración que los jóvenes empiezan a sentir respecto a la tecnología.
El gran desencanto de la Generación Z
La paradoja sociológica no está sólo en cómo es la primera vez en la que son las nuevas generaciones las que más ganas tienen de romper con una nueva tecnología, algo que siempre suele ir más ligado a los mayores y sus pocas ganas de adaptarse, sino en el hecho de que los Gen Z ofrezcan un cambio de reacción tan radical respecto a la inteligencia artificial en un lapso de tiempo tan corto.
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2025 |
2026 |
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|---|---|---|
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Ansiedad |
41% |
42% |
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entusiasmo |
36% |
22% |
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ira |
22% |
31% |
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optimismo |
27% |
18% |
La evolución que podéis ver sobre estas líneas, extraído del informe de la Walton Family Foundation, está estrechamente ligado a cómo el miedo a ser reemplazados, incluso antes de llegar al mercado laboral, ha crecido entre los jóvenes: "La Generación Z, que creció con lo digital, puede ser más consciente del impacto de la IA en comparación con alguien en mitad de su carrera que se divierte con la IA, pero no se siente amenazado por ella en la misma medida que la Generación Z".
Lo que hace unos meses resultaba una herramienta divertida, de la noche a la mañana se ha convertido no sólo un rival a batir en las entrevistas de trabajo, sino también algo imprescindible que deben dominar para poder tener una posibilidad en las mismas. No es ninguna sorpresa que, cuando la afición se convierte en obligación, la perspectiva deja de ser la misma.
Imagen | John Lord Vicente
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