Un adulto que sigue jugando con más de 30 o 40 años se ve como un signo de inmadurez
La psicología y los neurólogos ven en ello un antídoto
La relación entre jugar a videojuegos e inmadurez es una combinación que ha calado tan hondo entre la población que muchos ni siquiera se plantean hasta qué punto es errónea. No es que la psicología ya haya apuntado en direcciones absolutamente contrarias para definir cómo los jugadores maduraron de forma distinta en el pasado, es que bajo esa misma premisa también mira hacia el futuro de quienes tienen 30 o 40 años y siguen jugando a videojuegos.
A todos los estudios que se han parado a intentar discernir cómo los videojuegos actúan sobre nuestro cerebro, en cómo lo hacen evolucionar a base de plantearnos retos que terminan dando forma a nuevas redes neuronales, en 2002 se sumó la propia Organización Mundial de la Salud para añadir un concepto adicional que resulta clave para la gerontología: el Envejecimiento Activo.
Los beneficios de seguir jugando pasados los 30
Sin necesidad de entender cómo funcionan las redes neuronales, la idea propuesta por la OMS no podría ser más simple. Si conforme nos hacemos mayores el deterioro de nuestro cerebro se acentúa, mantener durante toda esa etapa una mayor estimulación es una actividad clave para retrasar la aparición de enfermedades como el Alzheimer.
Lo que los estudios neurológicos aún no pueden demostrar, pero creen tener una buena base para afirmarlo, es que aquellos adultos que ahora rondan los 30 o 40 años y siguen jugando desde la niñez, están entrenando sin saberlo esa estimulación. Las redes generadas por esa afición constante que, en el mejor de los casos, se mantendrá activa hasta su vejez, estará dando forma a lo que se conoce como Reserva Cognitiva.
Digamos que, si ese deterioro neuronal va a llegar tarde o temprano, lo que plantea esta rama de psicólogos y neurólogos es que los jugadores serán capaces de compensar el daño cerebral gracias a todas esas redes adicionales que han ido construyendo con el paso de los años y que, por contra, quienes no han jugado a videojuegos, o dejaron de hacerlo, no tienen.
El único problema de toda esta premisa es que, pese a que sí hemos visto estudios en los que se mostraban aumentos considerables de materia gris tras 6 meses jugando a títulos como Super Mario 64, esos Millenials que crecieron jugando a videojuegos y han seguido haciéndolo de forma constante aún no han llegado a los 70.
Es decir, que aunque a nivel teórico y práctico tenemos pruebas suficientes para creer que les espera un futuro mejor, el momento de analizar esos resultados en su vejez aún no ha llegado. Sin embargo, eso no resta valor a los datos que ya tenemos. Dentro de 30 años, cuando alguien se ponga a cruzar datos sobre salud mental en ancianos y los comparen con sus aficiones, alguien tendrá que explicar por qué la mente de aquellos que siguieron jugando a videojuegos envejeció mejor que la del resto.
Ver todos los comentarios en https://www.3djuegos.com
VER 1 Comentario