La psicología sabe muy bien por qué los reyes de Juego de Tronos eran así
Es una realidad que también salpica a casi cualquier villano sentado en un trono
Piensa en cualquier villano de opereta que te venga rápido a la cabeza. Da igual si es uno de los despreciables reyes de Juego de Tronos o un malo clásico y cómico a la altura del Bowser de Super Mario Bros. En realidad no importa mucho cuál se aparezca en tu mente porque, prácticamente todos y por diferentes que sean entre sí, tienen algo en común.
Si te agarras a la psicología lo más probable es que termines pensando que a todos les caracteriza sufrir una sociopatía considerable, ¿pero y si hubiese algo más? Ese punto en común al que hago referencia es más una cuestión biológica que un trastorno. Un curioso y pocas veces apreciable detalle que, desde una base científica, explicaría por qué se comportan como lo hacen: la ergonomía de sus tronos.
El diseño hostil de Juego de Tronos
Agarrándose a lo que hoy en día se conoce como diseño hostil, el Trono de Hierro es el equivalente de la literatura y el cine fantástico a los bancos con pinchos para que nadie duerma sobre ellos que vemos en nuestras ciudades, o cualquier otro ejemplo que rompa con su premisa original para provocar el rechazo de quien deba enfrentarse a él.
El propio George R. R. Martin reconoció por boca de Aegon Targaryen que la razón detrás de crear un trono con las espadas de sus enemigos no respondía a una cuestión estética: "un rey no debe sentarse cómodo jamás", espetó a sus armeros cuando mandó forjar el gran asiento que serviría de trono. Aegon creía que, para mantener la pesada carga que suponía gobernar, debía evitar cualquier tipo de comodidad que le volviese blando y descuidado.
Y así se demostró cuando Aerys Targaryen lo sufrió en sus propias carnes. Los propios libros recuerdan que se cortaba con tanta frecuencia que terminó apodado El Rey Costra. Un suplicio que convirtió esa incomodidad en un problema mucho mayor cuando, por esas mismas heridas, sufrió un descenso hacia la locura mientras desconfiaba de todo lo que le rodeaba.
Pero más allá de cómo rey tras rey de Juego de Tronos sufriría de alguna forma un camino similar, convirtiendo a monarcas en tiranos capaces de despreciar a su propio pueblo y familia, la ergonomía del Trono de Hierro, y de casi cualquier otro trono de villano que te venga a la cabeza, ofrece una explicación más allá de la poética.
Una cuestión de cortisol
La neurociencia ha demostrado que el dolor crónico provocado por sentarse día tras día en una silla fría, incómoda, y hasta capaz de llegar a herirte físicamente, puede llegar a alterar de forma permanente la química de nuestro cerebro. De la misma forma que hay sillas con respaldos y soportes lumbares para mejorar la salud y la productividad de una oficina, esa misma lógica viaja también en la dirección contraria.
Sentirse constantemente incómodo, por ejemplo por una falta de ergonomía, se vincula de forma directa a niveles altos de cortisol capaces de moldear el carácter. Quienes sufren de esos picos de cortisol muestran menos autocontrol, empatía y una mayor agresividad. Un pez que se muerde la cola en el que, precisamente por tener una mente constantemente agobiada por el dolor, la capacidad de razonar de forma lógica se pierde por completo.
Visto así, parece difícil ocuparse de los problemas de un campesino cuando los pinchazos en tu zona lumbar se vuelven insoportables tan pronto te sientas en el trono. Esa arquitectura y diseño, pese a ser tan imponente e intimidante como planea, convierte tu entorno en un ambiente hostil en el que hasta el mínimo error es capaz de provocarte un enfado totalmente desproporcionado.
El narcisismo, sadismo y paranoia que mostraban reyes como Joffrey estaba atado de una forma u otra a ese trono incluso antes de que llegasen a sentarse en él. Si sus padres sufrieron también ese diseño hostil, la falta de empatía hacia ellos terminaron forjando un carácter al que sólo le faltaba una temporada en el trono para terminar de estallar. Puede que fuese una cuestión de narrativa de Juego de Tronos, pero sin duda también había una biológica detrás.
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