El fundador de Apple acudió a la madera de León para vestir su superyate de 120 millones
El astillero que construyó el yate de Jeff Bezos sí usó la madera prohibida y recibió una multa por ello
Cuando cualquier hijo de vecino se introduce en el mundo de los multimillonarios, es fácil que pasen por delante de nuestros ojos detalles imperceptibles para el resto de mortales. Al hablar del yate de lujo de Steve Jobs, por ejemplo, yo me preguntaría si tenía una cubierta trasera desde la que saltar con una moto de agua. Para los expertos, en cambio, lo importante está en la madera que viste su suelo y por qué el fundador de Apple se fue hasta León a buscarla.
De la misma forma que Steve Jobs apostó por publicar informes sobre el impacto ambiental de Apple y utilizó el aluminio reciclado para los MacBook, para la construcción de su superyate se basó en la misma filosofía. La opulencia no debía estar reñida con la protección de la naturaleza, así que a diferencia de otros multimillonarios evitó caer en la trampa de la teca.
El superyate Venus de Steve Jobs
Extraída de las selvas de Myanmar, la teca birmana no tardó en convertirse en un lujo para los multimillonarios. Primero porque sus capacidades y color convertían a la madera en un material excelente en sectores como el de los grandes barcos y yates. Hablamos de una madera cuya densidad y aceites naturales favorece no sólo la resistencia al desgaste del agua salada, también es ideal para el suelo de cubierta por ser antideslizante y, para qué engañarnos, es bonita a rabiar.
En segundo lugar, porque está prohibida su comercialización y se obliga a las empresas a rastrear de dónde viene toda la madera que se utiliza, incluida la de los astilleros, precisamente para evitar su uso. Y como muy bien sabes, no hay nada que le guste más a un millonario que saltarse las reglas sobre lo que puede o no puede hacer.
El problema con la teca viene de lejos. Los conflictos militares en la zona de Myanmar empujaron a sus milicias a aprovechar cualquier recurso natural para financiarse, y junto a la extracción de oro y gemas, la industria maderera se convirtió en la principal fuente de ingresos del régimen. En cierto sentido, comprar esa madera supone mantener vivo el ciclo de violencia y explotación que vive la zona.
La gravedad del asunto es directamente proporcional a las ganas de los multimillonarios de saltarse las normas. Sin ir más lejos, el astillero holandés encargado de construir un superyate de 500 millones para Jeff Bezos fue multado con 150.000 dólares por utilizar teca de Myanmar. No por error, sino porque pensaban que nadie se percataría del fraude. Con la intención de dar ejemplo frente a ese complejo escenario, Steve Jobs decidió cambiar las selvas de Myanmar por las riberas del Esla en León.
Steve Jobs y el chopo de León
Tal y como recogía la Universidad de León, cuando Steve Jobs se unió a Philippe Starck para diseñar un superyate de 120 millones de dólares, lo que introdujo en la ecuación no sólo fueron siete iMacs de 27 pulgadas en el puente de mando o una colección de iPads con los que controlar el entretenimiento de a bordo, también apostó por una madera que en realidad no respondía a una tradición especial.
Aunque el chopo de León se había utilizado en ámbitos náuticos, en realidad siempre se había hecho en interiores y, desde luego, no como sustituto de la teca. Lo que de alguna forma llegó hasta Steve Jobs fue que, con el tratamiento adecuado, la madera de chopo podía llegar a ofrecer un acabado tan útil como el de la teca por la mitad de peso, 410 kg/m³ frente a una densidad de unos 750 kg/m³.
Caprichos de multimillonarios a un lado, las matemáticas no mienten. Menos peso supone más velocidad y menor consumo de combustible, pero entre la tradición y lo llamativo de lo prohibido, el caso de Jeff Bezos está lejos de ser el último que nos llega saltándose la ley y, a no ser que haya una revolución en ese sentido, el empuje al chopo leonés por parte de Steve Jobs seguirá siendo una medida poco convencional.
El fundador de Apple no llegó a pisar la madera del superyate, que se acabó de construir un año después de su fallecimiento y fue entregado a su viuda, Laurene Powell, no sin antes pasar por un conflicto en el que Philippe Starck reclamaba que no había cobrado por su parte del diseño. Tras chocar en 2024 con el yate de otro multimillonario y salir ileso, el chopo leonés de Steve Jobs volvió a demostrar que su uso no había sido casualidad.
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