Fallece Gerry Conway, uno de los autores que hicieron madurar el cómic de superhéroes, creador de The Punisher y responsable del inolvidable Superman vs Spider-Man
La primera vez que leí aquel cómic de Spider-Man comencé pensando que era un truco. El típico "no puede estar muerta, seguro que solo está desvanecida, luego vuelve". Pero no, Gwen Stacy estaba muerta. Tiesa. Fiambre. La novia de Spider-Man (y un poco la de todos sus lectores) había muerto. ¿Quién sería capaz de semejante afrenta? No el Duende Verde, sino Gerry Conway, un guionista tremendo responsable de algunos de los mejores momentos de editoriales tan importantes como Marvel y DC, y creador de iconos como The Punisher (El Castigador) o Firestrom. Conway ha fallecido esta noche y no solo deja un legado tremendo de historietas, también una tremenda sensación de gratitud entre dos generaciones de lectores de cómics.
El trauma que te convierte en lector para siempre
No quiero centrarme en el trauma que supuso la muerte de Gwen, porque esta es ya una noticia lo suficientemente triste por sí misma. Pero sí conviene recordar lo que significó para toda una generación de lectores descubrir que los cómics podían doler de verdad. Más cuando te haces un poco mayor y te das cuenta, además, que es el propio Peter quien le rompe el cuello al tratar de salvarla. "SNAP!"
Aquel impacto no se olvida porque cambia la forma en la que miras cualquier historia de superhéroes posterior. De repente entiendes que los disfraces no protegen a nadie de las consecuencias y que los héroes también pierden. Especialmente el pobre Peter Parker. Gwen Stacy se convirtió en un punto de no retorno emocional, y Conway en el arquitecto involuntario de ese recuerdo que muchos aún tenemos. Con el tiempo, uno aprende a agradecer incluso los golpes narrativos, porque te enseñan a leer y a vivir de otra manera.
El gran regalo: Superman contra Spider-Man, el sueño imposible
No quiero hablar solo de heridas, porque Conway también fue el responsable de uno de esos sueños dorados que cualquier chaval lector de cómics tenía en los años 70 y 80: el primer cruce oficial entre Superman y Spider-Man. No fui lector del cómic original de 1976, publicado en España por Novaro un año más tarde (y ahora pieza para coleccionistas), sino de la inolvidable y gigantesca edición de Zinco de 1990, un objeto casi mítico para quienes crecimos devorando viñetas. Y aunque siempre he tenido debilidad por su curse hermano, Batman vs. Hulk (de Len Wein y el maestro de maestros José Luis García-López), la idea de ver a estos dos iconos juntos era simplemente irresistible.
Con apenas diez años no se me escapaba la importancia de aquello. Ya intuías que las dos editoriales no se juntaban todos los días y que al hacerlo se trataba de algo significativo. Era la respuesta a un debate eterno en patios de colegio de medio mundo: ¿quién gana, Spider-Man o Superman? La respuesta sencilla era Superman, claro. Pero es la respuesta menos obvia la que resulta interesante. Conway entendió ese juego mejor que nadie, y lo convirtió en una historia que no necesitaba explicaciones complejas para existir, solo la voluntad de hacer posible lo imposible pensando en los chavales (y en el beneficio económico también, claro.
Gerry Conway no fue solo un guionista prolífico, fue uno de los grandes arquitectos del cómic moderno. En Marvel heredó Spider-Man de Stan Lee siendo prácticamente un veinteañero, y ahí escribió algunas de las páginas más influyentes del personaje, incluyendo la historia que nadie olvida: ayudó a crear a El Castigador (The Punisher), un personaje que acabaría trascendiendo el papel para convertirse en icono cultural, y haría del Doctor Octopus como parte esencial del universo del trepamuros. También daría alas a la Capitana Marvel, poniendo los cimientos para la evolución de un personaje secundario llamado a convertirse en uno de los iconos modernos de la editorial.
En DC, su impacto fue igual de potente, aunque a veces menos mediático. Allí co-creó Firestorm, Power Girl o Jason Todd, el segundo Robin, además de trabajar durante años en la Liga de la Justicia. Conway tenía una habilidad especial para entender el pulso de los personajes y hacerlos crecer con un ojo opuesto en la actualidad del mundo real, pero sin traicionar su esencia, algo que en el cómic serializado es mucho más difícil de lo que parece, de ahí que fuera el elegido para presentar a los fans un cómic histórico que reunía a los dos grandes iconos de las dos mayores editoriales de cómics estadounidenses.
La convergencia entre Superman y Spider-Man en aquel especial de 1976 supuso un hito absoluto en la historia del cómic. No solo por lo simbólico, sino por lo que implicaba a nivel industrial: dos editoriales rivales como Marvel y DC trabajando juntas en un mismo producto. En plena era de competencia feroz, aquello era una anomalía histórica. Conway fue una pieza clave en ese engranaje, aportando una visión narrativa que equilibraba el peso de dos mitologías completamente distintas. Lo fascinante del proyecto es que no necesitaba grandes explicaciones cósmicas. No hacía falta complicarlo: ni había multiversos enredados ni justificaciones excesivas. Simplemente ocurría. Y funcionaba. En ese choque de superpersonalidades, Superman representaba la perfección inalcanzable mientras Spider-Man encarnaba la duda constante. Conway supo ponerlos en el mismo plano sin que ninguno perdiera su identidad, ni produjera una queja por parte de lso fans de uno u otro personaje, algo que todavía hoy sigue siendo difícil de replicar en los crossovers modernos.
Aquel Superman vs. The Amazing Spider-Man fue, en realidad, mucho más que un simple tebeo de choque entre iconos: era un artefacto editorial descomunal pensado para hacer historia desde la propia portada. PAra empezar se editó en formato gigante tipo "treasury edition", bastante más grande que el de lso cómics mensuales, y reunía por primera vez a los dos grandes tótems del género en un mismo relato continuo, sin trucos de continuidad ni excusas dimensionales que suavizaran el impacto. En su interior, Conway construía una historia de colaboración forzada entre mundos que hasta entonces habían sido rivales irreconciliables, mientras que Ross Andru dibujaba una coreografía de acción que intentaba equilibrar dos universos.
Curiosamente, no todos los implicados estuvieron satisfechos con su trabajo: DC Comics consideró que la representación de Superman no transmitía la solidez, la majestuosidad casi mitológica que el personaje debía proyectar en un evento de esa magnitud. Por ese motivo, el legendario Neal Adams fue llamado de manera discreta para redibujar prácticamente todas las apariciones del Hombre de Acero, viñeta a viñeta, ajustando postura, anatomía y presencia para reforzar su imagen icónica sin alterar el trabajo original de Andru. El resultado fue una especie de colaboración invisible entre artistas que no se anunciaba en portada, pero que convirtió el cómic en un híbrido visual único. Ahora que el cómic se ha reeditado en una edición facsímil, es un tebeo que recomiendo a todos los lectores de cómics, tanto a los veteranos coleccionistas como a los nostálgicos y a aquellos que querías iniciar a los más pequeño en este mundillo.
El legado de Gerry Conway va mucho más allá de sus historias concretas. Está en la manera en la que hoy entendemos el drama dentro del género superheroico. Él fue uno de los primeros en asumir que los cómics podían tener consecuencias reales dentro de su propia ficción, que los personajes podían crecer, perder y cambiar de forma irreversible. Esa idea, que hoy damos por sentada, fue revolucionaria en su momento y llevó los planteamientos clásicos de Stan Lee un paso más allá de la mano de una nueva generación de lectores más exigentes y un poco menos ingenuos.
Una despedida extraña
Ha querido la Fuerza, o la casualidad, que a veces se parecen, que Gerry Conway haya fallecido justo cuando el nuevo cruce oficial entre Superman y Spider-Man acaba de ponerse a la venta. No deja de ser una de esas sincronías cósmicas tan llamativas que a veces pasan. En el fondo, hablar de Conway es hablar de cómo aprendimos a tomarnos en serio los cómics sin dejar de disfrutar de su locura. que la tierra te sea leve, Gerry Conway.
En 3DJuegos | Has oído hablar mucho de él, pero, ¿cómo funciona el famoso Método Marvel de Stan Lee?
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