DC Comics ha tomado la decisión de reinventar a Batman, y de este invento lo que menos me interesa es el propio Batman

Absolute Batman transforma al Caballero Oscuro: sin fortuna, sin mayordomo y con villanos y aliados reinventados, donde el verdadero interés está en la complejidad de su entorno

Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Batman es uno de mis personajes de cómic preferidos. Da igual que no todas sus historias sean geniales y que algunas etapas del personaje sean realmente olvidables: hay algo icónico en el vigilante enmascarado de Gotham que lo convierte en un símbolo. Una figura mitológica que no solo infunde terror en el corazón de los villanos, sino que también sobrevive prácticamente a cualquier tipo de adaptación o revisión. La última de ellas, Absolute Batman, está volviendo locos a los fans por su rotundidad y fuerza narrativa. Y, paradójicamente, para mí, Batman es lo menos interesante de este nuevo universo.

Una reinvención con peso creativo

Absolute Batman no es un experimento menor. Scott Snyder, Nick Dragotta, Frank Martin y Clayton Cowles han establecido un nuevo punto de partida para el Caballero Oscuro dentro del Absolute Universe de DC. La premisa inicial ya anuncia que no estamos ante el mismo Bruce Wayne que conocemos: la narrativa arranca con The Zoo, un primer arco argumental que redefine los elementos más icónicos del origen del personaje y lo hace con una claridad brutal. Snyder y Dragotta han logrado que cada viñeta y cada diálogo remitan a algo familiar, pero con suficiente disonancia como para sacudir la mitología tradicional de Batman.

Esta nueva versión juega con la historia personal del héroe: Thomas Wayne sigue siendo asesinado, pero Martha sobrevive, formando a Bruce como madre soltera, lo que cambia radicalmente la dinámica familiar. Además, personajes secundarios que siempre fueron villanos ahora aparecen como amigos de la infancia: Waylon Jones (el futuro Killer Croc) y Oswald Cobblepot, aunque no son todavía los criminales que conocemos, tienen un trasfondo que ya anticipa conflictos futuros. Esto aporta una dimensión social y relacional que nunca habíamos visto con tanta claridad.

Una nueva Gotham para un nuevo Batman

Más allá del propio Batman, lo que más me fascina de Absolute Batman es la ciudad que habita. Gotham se convierte aquí en un escenario que refleja problemas reales y estructurales: la corrupción, las desigualdades, la marginalidad y la decadencia urbana son el terreno de juego de esta nueva narrativa. Bruce Wayne crece sin la fortuna familiar y sin la Mansión Wayne: su conocimiento de la ciudad proviene del trabajo cotidiano en departamentos como el de agua, saneamiento o ingeniería urbana. Cada calle, cada edificio y cada infraestructura tienen un significado dentro del cómic, y esa aproximación ofrece una Gotham más orgánica y tangible que nunca.

El concepto de la Sky Cave, el escondite de Batman en los pisos superiores de rascacielos en construcción, es un ejemplo de cómo esta reinterpretación usa el entorno urbano como recurso narrativo. No es solo un lugar donde Batman se esconde: es un reflejo de su conexión con la ciudad y de su estrategia para comprenderla y moldearla. Esto subraya que lo verdaderamente innovador no es el héroe en sí, sino el ecosistema que lo rodea.

Personajes secundarios con nueva profundidad

Si hay algo que hace interesante a Absolute Batman, son los secundarios. Alfred Pennyworth, convertido en agente secreto de una misteriosa organización, rompe con la dinámica tradicional de mentor y aliado incondicional. Su relación con Bruce es de tensión constante, de competencia intelectual, lo que introduce un nivel de complejidad que rara vez hemos visto. Los amigos de infancia de Bruce, que serán los villanos del futuro, también aportan un enfoque fresco. Waylon, Ozzie, Harvey, Eddie y Selina aparecen como una pandilla que, en su origen, podría ser simplemente niños jugando, pero cuyo vínculo prefigura una guerra de intereses que se desarrollará a lo largo de la historia. 

Incluso el Joker recibe un giro radical: no es el bufón maniático que conocemos, sino un misterioso magnate silencioso y letal, lo que redefine por completo la relación entre héroe y villano y abre posibilidades narrativas que antes parecían imposibles. Que alguien tan poderoso y frío pueda convertirse en antagonista de Batman no solo cambia al personaje, sino que también replantea las reglas del juego para toda Gotham.

Batman sigue siendo Batman, pero en otro contexto

Aun con todos estos cambios, hay un principio que permanece inmutable: Batman es Batman. Su compromiso con la justicia, su habilidad para el combate, su inteligencia estratégica y su ética compleja siguen ahí. Lo que varía es cómo se inserta dentro de un contexto distinto. Ya no depende de la fortuna familiar, ni de sus tradicionales aliados. Cada decisión y cada acción emergen de su nueva relación con el entorno, de la necesidad de sobrevivir y de proteger Gotham desde un punto de vista más terrenal y táctico.

El mito de Batman funciona mejor como catalizador que como foco

Esta reinterpretación también destaca su lado más brutal: aunque evita el asesinato, no duda en infligir dolor o usar la violencia de manera estratégica, como cuando altera un arma para neutralizar a Alfred o cuando maneja su símbolo como la parte superior de un hacha como arma sus enemigos. Batman no cambia en su esencia, pero el contexto lo transforma en un personaje que responde de manera distinta a los desafíos que enfrenta, lo que para mí es infinitamente más interesante que los gadgets o el traje. Pero ojo al nuevo Batmóvil, gente.

Una narrativa socialmente consciente

La grandeza de Absolute Batman radica en cómo la historia refleja la sociedad de Gotham y, por extensión, problemas contemporáneos con los que nosotros mismos convivimos todos los días: la desigualdad, la corrupción institucional, la marginalidad y la interacción de poderosos con el crimen organizado. Bruce no es solo un vigilante que combate criminales, es un actor dentro de un entramado social complejo, y cada decisión tiene repercusiones en un ecosistema que parece mucho más real que en otras versiones del personaje.

Este enfoque convierte al cómic en algo más que un relato de superhéroes. Lo hace un estudio sobre la ciudad, la sociedad y las relaciones humanas, donde los protagonistas no son únicamente Batman o sus villanos, sino la interacción entre todos los actores dentro de Gotham. En este sentido, lo que más me atrae de la serie es cómo estos elementos sociales y contextuales configuran la narrativa y redefinen la tradición de Batman.

Al final, la paradoja de Absolute Batman es clara: lo más fascinante no es la faceta superheroica de Bruce Wayne. Lo que atrapa no es el Caballero Oscuro, sino cómo Gotham y sus habitantes reaccionan ante él. DC Comics ha reconfigurado a su personaje más rentable de manera radical, ofreciendo un universo más oscuro, coral y sorprendente que el canon tradicional. El mito de Batman funciona mejor como catalizador que como foco. Lo que redefine al héroe no son sus gadgets, ni la capa, ni su historia, sino el contexto que lo rodea y las historias que emergen de él

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