La que le está cayendo a Superman por ser un buen tipo. Parece sorprendente que Superman esté en el punto de mira de cierto tipo de opiniones simplemente por ser un buen tipo. Pero "así está el patio". Lo peor es que no es nada nuevo. Hay quien lleva décadas molesto con que los superhéroes sean, básicamente, modelos de conducta. O que tenga un posicionamiento ideológico. Figuras morales que, aun cuando no encajan del todo con nuestro tiempo, siguen levantando pasiones... y también odios. Y si ahora Superman se ve atacado por sectores que lo tachan de "blando" o de "agenda progre", en su momento Stan Lee y Jack Kirby también se la jugaron, literalmente, por hacer que el Capitán América le metiera un mamporro a Adolf Hitler en toda la portada de su primer cómic.
El puñetazo que desafió al nazismo… desde los quioscos
Era marzo de 1941. Adolf Hitler ya dominaba media Europa, los nazis planificaban la invasión de la Unión Soviética con la Operación Barbarroja, y en Estados Unidos todavía se debatía si entrar o no en guerra. Aún faltaban nueve meses para Pearl Harbor, pero el país ya estaba precalentando su maquinaria industrial y propagandística de cara a la entrada en el conflicto. Y en ese momento en los quioscos apareció un nuevo superhéroe: el Capitán América. Un tipo enfundado en la bandera de las barras y estrellas que, en su primera aparición, soltaba un derechazo histórico al mismísimo Führer.
La histórica portada del primer número protagonizado por el Capirán América
La carga ideológica que Simon y Kirby imprimieron al Capitán América fue mucho más allá del puro marketing
La portada no era solo un gesto valiente. Era un manifiesto político. Detrás de esa imagen estaban Joe Simon y Jack Kirby, dos jóvenes judíos de Nueva York que, hartos del clima de tibieza frente al nazismo en su país, decidieron que ya era hora de tomar partido. Su editor, Martin Goodman, fundador de Timely Comics (la semilla de lo que luego sería Marvel), aprobó la idea de crear un héroe claramente patriótico. Al fin y al cabo, ¿cuándo no ha sido rentable económicamente apelar a los sentimientos patrióticos y nacionalistas? Pero la carga ideológica que Simon y Kirby imprimieron al Capitán América fue mucho más allá del puro marketing.
Crear a un héroe antinazi… con consecuencias muy reales
Duarante aquellos años, y especialmente durante el conflicto, muchos personajes de la cultura popular se sumaron a las trincheras mediáticas para participar en un conflicto que tenía mucho de ideológico, pero también de económico. Desde el Pato Donald a Popeye o Superman: todos estos personajes pusieron su granito de arena en el esfuerzo bélico, incluso apelando activamente a los consumidores más jóvenes. En ese escenario el Capitán América no fue solo un símbolo, una bandera con piernas. Fue un arma de propaganda a favor del esfuerzo bélico incluso antes de que EE. UU. entrara oficialmente en la guerra. En sus páginas, Steve Rogers, un enclenque voluntario rechazado por el ejército, se convertía en un supersoldado que defendía los valores estadounidenses y combatía sin piedad al nazismo. Era un mensaje claro, sin matices: hay que enfrentarse al mal. Y ese mal tenía nombre y apellidos.
Pero esa claridad no gustó a todo el mundo. Tal como explica Medium, en la propia Nueva York, grupos simpatizantes del nazismo como el German American Bund empezaron a protestar contra los autores del cómic. Según contaron Simon y Kirby años después, comenzaron a recibir llamadas de odio, amenazas de muerte y cartas con mensajes violentos. No eran casos aislados: las amenazas se multiplicaban. Tal fue la tensión que incluso el alcalde de Nueva York por aquel entonces, Fiorello La Guardia, tuvo que intervenir personalmente para garantizar la seguridad de los creadores del Capitán América. La policía incluso colocó patrullas en las oficinas de Timely Comics.
El Capi fue el personaje más visible de la cultura popular como estandarte contra el fascismo
Resulta escalofriante pensar que, en plena década de los 40, en suelo estadounidense, un par de dibujantes tenían que temer por sus vidas por publicar una historieta de un héroe antinazi. Pero es que el German American Bund no era ninguna broma: organizaban marchas paramilitares, mítines con esvásticas y buscaban infiltrar ideas fascistas en la sociedad americana. Insisto, aunque parezca una imagen muy actual, en realidad hablo de los años 40. La historieta de un héroe enmascarado propinando puñetazos se convirtió, inesperadamente, en una línea de defensa contra esa amenaza.
Simon y Kirby no se achantaron. Es más, redoblaron la apuesta. Crearon al joven Bucky Barnes como compañero del Capitán América, símbolo del compromiso juvenil con la lucha contra el fascismo. Las historias se llenaron de mensajes patrióticos, de unidad frente a la opresión, de sacrificio por un bien común. El personaje se convirtió en un éxito masivo. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Capi fue el personaje más visible de la cultura popular como estandarte contra el fascismo.
El renacer de un símbolo olvidado
Cuando acabó la guerra, la popularidad del personaje decayó. En 1949 se canceló su serie. Stan Lee intentó revivirlo en los años 50 en una nueva cruzada, esta vez contra el comunismo: los tiempos habían cambiado. Todo muy de la Era Eisenhower. El personaje ya no encajaba en un país en plena Guerra Fría y su serie duró apenas un año. No fue hasta los años 60, al ritmo de Dylan, los Stones y los discursos de JFK, con la creación del Universo Marvel moderno, cuando Lee y Kirby lo trajeron de vuelta como miembro de los Vengadores en el cuarto número de la serie. Recuperaron al Steve Rogers que había estado congelado en el hielo, literal y simbólicamente, y lo actualizaron sin renunciar a sus valores originales. El Capitán América volvió como lo que siempre fue: el héroe que hace lo correcto incluso cuando no es popular. O incluso cuando es peligroso.
Los Cuatro Fntásticos desenmascarar al Aborrecedor para descurbir que en realidad... ¡Se trata de Hitler!
Marvel comenzó a maquillar las tramas del Capitán América y otros héroes, sustituyendo a los enemigos reales del fascismo por versiones ficcionalizadas
Ante las crecientes críticas que acusaban a Marvel de estar excesivamente politizada, la editorial optó por rebajar el tono directo de sus historias. Para evitar enfrentamientos con sectores ideológicos sensibles y preservar su alcance comercial, comenzaron a maquillar las tramas del Capitán América y otros héroes, sustituyendo a los enemigos reales del nazismo y el fascismo por versiones ficcionalizadas. Así nacieron villanos como Cráneo Rojo e Hydra, que actuaban como trasuntos evidentes del nazismo y el fascimos claramente modificados.
De este modo, Marvel podía seguir contando historias sobre el bien y el mal sin señalar de forma explícita a los responsables históricos del horror, diluyendo el mensaje político original en favor de una narrativa más genérica y digerible para el gran público, y evitando las críticas que se hacían sobre que el contenido de sus historias banalizaban un drama real.
Imagen actual de MArvel recordando el origen bélico del Capi
El eco incómodo de su legado hoy
Hoy, más de 80 años después de aquel mítico puñetazo a Hitler, hay quien se molesta porque un superhéroe defienda lo que está bien. Superman es "demasiado moral", Capitán América "demasiado correcto", Wonder Woman "demasiado feminista". Como si hacer lo correcto fuera, de pronto, una provocación. Bueno, habrá quien se sienta provocado, claro.
Pero lo cierto es que, sin la valentía de gente como Jack Kirby, Joe Simon o Stan Lee, que usaron el cómic como trinchera frente al odio, muchas cosas serían distintas. Se jugaron la vida por contar una historia en la que el bien se enfrentaba abiertamente al mal. Y lo hicieron sabiendo lo que se jugaban. Claro, en el mundo real las cosas no son tan en blanco y negro, pero todos sabemos lo que está bien y lo que está mal, ¿verdad?
Quizá lo más triste de todo es que, viendo cómo se siguen normalizando ciertos discursos de odio, cómo resurgen ideologías que creíamos enterradas y cómo se persigue al "buen tipo" por ser demasiado bueno, uno no puede evitar preguntarse: ¿sirvió de algo todo aquel esfuerzo? Lo que está claro es que siguen haciendo falta buenos tipos.
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