Llevo desde los 13 años pensando que sobreviviría décadas en el yermo de Fallout. La ciencia me ha demostrado que duraría 6 semanas

Llevo desde los 13 años pensando que sobreviviría décadas en el yermo de Fallout. La ciencia me ha demostrado que duraría 6 semanas

Para sorpresa de nadie, una dieta basada en la alimentación de Fallout es lo peor que podría pasarte

Abelardo González

Editor - Tech

Llevo sobreviviendo en el yermo desde que estaba en el instituto y a finales de año soplaré 32 velas. He cruzado el desierto de Mojave, he reconstruido la Commonwealth, he negociado con facciones que se matan entre sí por una lata de comida y he aprendido que los tapones de Nuka-Cola valen más que el oro. Durante todo ese tiempo, ha vivido en mi cabeza una convicción silenciosa que me ha llevado a pensar qué pasaría si el mundo real se acabara mañana, ya que sobre el papel sé qué hacer, sé dónde están los recursos y conozco que la carne de Brahmin alimenta. Lo que no sabía es que la ciencia tiene una opinión muy concreta sobre esa convicción, y esa opinión se basa en un número: seis semanas.

Fallout es, entre otras muchas cosas, una sátira del consumismo americano de posguerra. Sus alimentos no son inventados al azar, ya que son versiones distorsionadas de productos reales de los años cincuenta. Están congelados en el tiempo por una guerra nuclear y han sido desenterrados doscientos años después en un estado de degradación variable. Así, hablo de Sugar Bombs, BlamCo Mac and Cheese, CRAM… y la Nuka-Cola, una que según su propio lore, contiene el 120% de la cantidad diaria recomendada de azúcar, cantidades excesivas de cafeína y vitaminas y minerales. Eso, en esencia, convierte a este refresco en el mejor y peor alimento del yermo al mismo tiempo.

Lo que el yermo tiene y lo que le falta

El problema no es que la comida de Fallout sea escasa, el problema es lo que contiene y lo que no. El yermo ofrece proteína animal en forma de carne de Brahnim, mirelurk, radciervo y otras criaturas mutantes, pero también ofrece carbohidratos en latas preapocalípticas o líquidos en forma de agua purificada cuando hay suerte (o irradiada cuando no lo hay). Lo que no ofrece de forma consistente es lo que cualquier dieta viable necesita a largo plazo: fruta y verdura fresca, variedad de micronutrientes y ausencia de radiación acumulada. A corto plazo, un superviviente puede tirar con carbohidratos y agua porque el cuerpo aguanta, pero sin acceso a una dieta variada con frutas y verduras frescas, las reservas de nutrientes se agotan y empiezan a aparecer deficiencias graves.

La más rápida en manifestarse sería el escorbuto provocado por la ausencia de vitamina C. Los primeros síntomas aparecen a las cuatro o seis semanas: fatiga, encías inflamadas, dolor en las articulaciones y cicatrización deficiente. En el yermo, donde las heridas son cotidianas y la actividad física es constante, una cicatrización deficiente no es una molestia, es una sentencia. La vitamina C no abunda y algunos asentamientos cultivan melones y verduras como recurso valioso, pero el jugador errante que vive de lo que encuentra (la fantasía que Fallout vende) tiene un problema nutricional serio antes de que acabe el primer mes y medio.

La radiación añade otra capa al problema. En el yermo, casi todo lo que no viene sellado en lata tiene algún nivel de contaminación radiactiva. El juego lo representa como riesgo gestionable: acumulas rads, tomas RadAway y sigues hacia delante. Sin embargo, la exposición crónica a radiación baja tiene efectos acumulativos sobre el sistema inmunitario, el tracto digestivo y la capacidad de absorción de nutrientes que ningún RadAway resuelve. Fallout lo sabe y justo por eso lo convierte en mecánica, pero lo que no hace es mostrar lo que eso significaría para un cuerpo real a lo largo de meses.

Por qué Fallout es más honesto que otros juegos postapocalípticos

Si comparas la saga de Bethesda con la mayoría de ficciones del género, Fallout es extraordinariamente honesto con la comida. Como señala el análisis de Salon, en el yermo los supermercados son cosa del pasado y todo lo que encuentras implica un riesgo calculado. La serie, por ejemplo, lo muestra cuando Lucy tiene que beber agua irradiada o arriesgarse a una deshidratación severa. No hay opciones perfectas, hay compromiso constante entre lo que necesitas y lo que puedes conseguir, y eso es lo que hace creíble el yermo como lugar donde la gente vive… o muere.

Esa honestidad contrasta con otras licencias como The Last Of Us, ya que ahí los supervivientes mantienen una condición física notable a base de lo que encuentran en casas abandonadas. En Fallout lo que comes importa porque el mundo donde comes importa, la escasez define rutas comerciales, justifica facciones enteras y explica por qué los tapones de Nuka-Cola se convirtieron en moneda. En un mundo en el que el agua potable es un recurso estratégico, lo mejor es mostrar que cada lata que coges del suelo te dará energía y radiación a partes iguales.

Lo que Fallout no hace, y aquí está la trampa en la que caí durante años, es mostrar las consecuencias nutricionales reales a largo plazo. El personaje no desarrolla escorbuto, no pierde densidad ósea ni sufre los efectos crónicos de la radiación en su sistema digestivo. Puede vivir durante décadas en el yermo y seguir siendo funcional, esa es la concesión narrativa que el juego necesita para ser jugable y no hace falta decir que es completamente legítima. Es un videojuego, así que ignora a propósito ese tipo de conceptos para tener más sentido como producto que puedas disfrutar.

Fallout tiene una de las bases alimentarias más coherentes de los videojuegos: un mundo donde la comida refleja la política, economía e historia de una civilización destruida. Al mismo tiempo, también construyó un héroe que sobrevive por encima de sus posibilidades nutricionales. No hace falta decir que ni tú ni yo somos ese héroe, ya que una dieta de latas de 200 años, carne irradiada y refrescos acabaría con tu salud en unas pocas semanas. En el yermo, en cambio, basta para explorar durante meses sin cansarte a cambio de sacrificar que nunca regresarás a la civilización que un día conoció la humanidad.

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