Cada vez son más las pequeñas historias interactivas que, en solo unos clics, consiguen quedarse en tus recuerdos
No es nada nuevo, pero nunca está de más recordar que no todos los videojuegos necesitan decenas de horas, mundos abiertos y presupuestos millonarios para llegar al corazoncito de los jugadores. A veces, unas pocas mecánicas bien elegidas y una narrativa bien construida pueden transmitir más que una saga entera de películas de las taquilleras.
En la última década han aparecido un montón de títulos que no buscan ser eternos, sino intensos. Juegos que duran lo que puede durar un viaje en tren o una tarde de domingo, pero que, gracias a su diseño e implicación emocional, se quedan grabados en nuestra memoria. Si estáis deseando que os contemos algunos ejemplos, seguid leyendo.
Una relación en viñetas interactivas
Empezamos por Florence, de Mountains, que es casi un cómic jugable. Este juego nos cuenta la historia de Florence Yeoh, una joven que tiene un día tranquilo, siguiendo su rutina diaria hasta que un encuentro fortuito cambia su vida. No hay ni siquiera diálogos extensos, ni tampoco decisiones complejas, sino que todo se nos transmite a través de pequeños minijuegos y un lenguaje visual lleno de simbolismo.
Los puzzles son simples, pero narrativamente muy significativos. Cuando la relación entre Florence y Krish florece, montar un diálogo consiste en encajar piezas de puzzle fáciles y rápidas. Cuando discuten, las piezas se multiplican y se vuelven más complejas. Un planteamiento original e inteligente.
Esa estructura de mecánicas convierte cada interacción en un reflejo emocional. El juego no necesita decirte que algo va mal sino que directamente te lo hace sentir. Y lo más sorprendente es que todo esto sucede en menos de una hora, lo que nos deja la sensación de haber leído una novela entera sobre el amor, la pérdida y el crecimiento personal.
En A Normal Lost Phone, un juego de Accidental Queens, no controlamos a ningún personaje ni exploramos un mapa. En su lugar, recibimos lo que parece ser el teléfono perdido de alguien y, a través de sus mensajes, fotos, correos y aplicaciones, reconstruimos su vida y sus secretos.
Este formato nos convierte en una especie de detective accidental, pero también en un intruso. Cada mensaje que leemos es una ventana a la intimidad de un desconocido, y el juego sabe explotar esa incomodidad para involucrarnos emocionalmente.
La historia que nos cuenta no es una trama de misterio como estamos acostumbrados, sino un retrato de identidad, familia y aceptación personal. La duración –también cortito, entre 1 y 2 horas– es suficiente para sumergirnos, pero no tanto como para que olvidemos que estamos en una situación extraordinaria: revisando la vida de alguien que no conocemos.
La magia de A Normal Lost Phone está en su estructura, ya que no hay capítulos ni menús de progreso, solo la interfaz de un teléfono que se convierte en el único mapa que necesitas.
Un jardín de recuerdos en miniatura
Siguiendo con ejemplos fantásticos, seguimos con Dear My Cat, de FLERO Games. A primera vista podría parecer un juego idle más, de esos en los que dejas que todo avance en un segundo plano. Pero bajo esa mecánica relajada hay una colección de microhistorias muy tiernas y melancólicas.
En este mundo flotante, gatos y otros animales viven en pequeñas islas que nosotros vamos expandiendo y decorando. Cada vez que desbloqueamos un nuevo personaje, descubrimos un fragmento de su pasado.
Su diseño visual, con colores suaves y música tranquila, crea un espacio seguro para visitar unos minutos al día. Y aunque no hay un final definido, cada pequeña historia que vamos descubriendo es como abrir y leer una carta de un viejo amigo.
Dear My Cat nos demuestra que incluso un título con mecánicas simples y repetitivas puede ser capaz de transmitir emociones profundas si el contexto narrativo está cuidado.
Todos estos juegos comparten algo más que su duración; entienden que el tiempo del jugador es valioso y lo respetan. No buscan engancharnos durante un montón de horas, sino ofrecer una experiencia completa en un espacio reducido.
Esa brevedad, precisamente, les da libertad para experimentar, ya que no necesitan tutoriales largos ni grandes curvas de dificultad; pueden simplemente introducir una mecánica, desarrollarla, y dejar que el jugador se acuerde de ella.
Además, el hecho de ser breves les obliga, también a ser precisos. Cada imagen, cada interacción y cada línea de texto cuenta, así que no hay espacio para el relleno. Y en esa precisión surge la potencia narrativa, ya que, efectivamente, cada gesto tiene un significado.
Historias que son muy personales
Otra de las fortalezas de estas pequeñas historias interactivas es que, al no estar filtradas por la lógica de un súperventas, pueden abordar temas más íntimos y específicos. Florence habla del amor y la rutina; A Normal Lost Phone, de identidad y aceptación y Dear My Cat, de la memoria y el duelo.
Estos son asuntos que en un gran RPG o un shooter, quizás aparecerían como subtramas, pero aquí son el núcleo mismo del juego. Y al ponerte en una posición activa –ya sea resolviendo puzzles, leyendo mensajes o decorando un espacio– te consiguen implicar emocionalmente de una forma que un libro o una película no podrían igualar.
Curiosamente, aunque sean experiencias cortas, muchos jugadores deciden volver a ellas una y otra vez. Y no precisamente para "ganar" o descubrir finales alternativos (aunque algunos los tienen), sino para revivir el sentimiento que les provocaron la primera vez, como releer tu libro favorito o volver a escuchar una canción que marcó un momento determinado de tu vida.
Por qué deberías jugarlos
Si llevas tiempo jugando, es fácil caer en la inercia de buscar experiencias más grandes, más largas y más complejas, pero estos títulos demuestran que los videojuegos también pueden brillar en formato pequeño.
Son perfectos para una tarde tranquila, para jugar en un medio de transporte, o para reconectar con la idea de que un juego no tiene que servir para "matar" el tiempo, sino para enriquecerlo. Además, su accesibilidad (muchos están disponibles en móviles a precios muy bajos) elimina barreras, ya que no necesitas un PC de última generación ni semanas de agenda libre para poder disfrutar de ellos.
Lo mejor de todo es que, al ser tan cortos, te dejan espacio para reflexionar sobre lo que has vivido en ellos. Y esa es una de sus mayores virtudes, ya que no son algo que "terminas" y olvidas, sino algo que se queda contigo.
Florence, A Normal Lost Phone y Dear My Cat son tres ejemplos de que el tamaño no define la ambición, y que un puñado de interacciones bien pensadas pueden ser más memorables que cien horas de misiones repetitivas. Son cortos, sí. Pero como las cartas que guardamos en una caja o las fotos que miramos de vez en cuando, contienen mundos enteros en un espacio mínimo.
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