Si quieres sentirte como un brujo a la vez que juegas un cozy y tienes un amorío, este es tu juego

Si quieres sentirte como un brujo a la vez que juegas un cozy y tienes un amorío, este es tu juego

Witchy Life Story es uno de esos juegos que te atrapan sin querer. Ayuda a tu comunidad creando pociones que no son simples objetos, sino maneras de conectar

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Witchy Life Story
barbara-gimeno

Bárbara Gimeno

Colaboradora
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Bárbara Gimeno

Colaboradora

En el amplio universo de los simuladores de vida, hay un rincón especialmente acogedor, uno donde las flores crecen rápido, las tazas de té siempre están calentitas, y la magia no es una fuerza épica que decide el destino del mundo… sino una aliada diaria para hacer que la vida huela mejor y parezca más cálida. Desde ese pequeño rincón se nos presenta Witchy Life Story, un juego que combina jardinería, pociones y una estética de lo más cottagecore para ofrecer una experiencia que no busca ponerte a prueba, sino disfrutarla a tu ritmo

La premisa: magia a pequeña escala

En Witchy Life Story, no interpretamos a ninguna heroína destinada a derrotar a un mal ancestral. Simplemente somos una joven brujita a la que han enviado a un pintoresco pueblo costero para ayudar en la preparación de un festival local.
Nuestras herramientas no son espadas ni hechizos destructivos, sino semillas, regaderas, frascos y recetas de pociones. Este juego adopta desde el principio un tono íntimo y que tiene mucho que ver con nuestra rutina, ya que nuestra magia no salva reinos, pero sí que salva el día a día. Cada tarea —plantar, regar, recolectar o mezclar ingredientes— es una pequeña rutina que va construyendo y ayudando a la comunidad.

Hace poco os contábamos que el cottagecore, como corriente estética, idealiza la vida rural sencilla, el contacto con la naturaleza y las pequeñas tareas tranquilas, como puede ser hornear pan, cuidar flores o tejer. Witchy Life Story lo lleva un paso más allá al añadir el elemento mágico: las flores que cultivas tienen propiedades especiales, las pociones influyen en el ánimo de los vecinos y tu jardín se convierte en una especie de  laboratorio botánico.

Witchy Life Story

Visualmente, es una monada; obviamente lleno de tonos pastel, detalles dibujados a mano y personajes con expresiones suaves y cuidadas. Es el tipo de juego que parece hecho para jugar con una manta encima y una taza de té bien humeante cerca —otoño, calienta que sales—.

El arte de la poción como narrativa

Hay que decir también que las pociones en Witchy Life Story no son simples objetos de inventario sino que son tan importantes que las podríamos considerar vehículos de historia. Cada encargo que nos hacen de una de estas pociones refleja una necesidad o preocupación de un habitante: desde aliviar el estrés de un artesano hasta ayudar a alguien a encontrar valor para hablar en público, así que prepararlas requiere atender no solo a ingredientes y pasos, sino a lo que hay detrás de ese encargo. Y es que su punto diferencial respecto al resto de juegos del género es la importancia que le dan mucha importancia a la historia; tanta que no es de extrañar que pases la mayoría de tu sesión de juego enfrascado en diálogos.

En este sentido, el juego transforma las mecánicas de crafting en un lenguaje narrativo, ya que cada combinación de hierbas y minerales es, en el fondo, una conversación y un acto de cuidado hacia los miembros de nuestra comunidad.

Y, como pasa en Stardew Valley o Animal Crossing, gran parte del encanto del juego está en conocer a los habitantes del pueblo. Pronto veremos que cada uno tiene sus peculiaridades y su propio arco emocional, y las interacciones con ellos son más personales que otra cosa, ya que para nada estás grindeando amistad para desbloquear beneficios, sino creando una red de confianza.

Witchy Life Story

Esto es, realmente, la clave del juego: Witchy Life Story se presenta como una experiencia más centrada en el vínculo humano (y no tan humano) que en la acumulación de recursos o el ir subiendo de niveles.

Tiempo sin prisa

Aunque sí que existe un calendario que marca el festival como meta, la sensación que nos da el juego es de pausa y no tanto de llegar lo más rápido posible a esa meta. Esto lo sitúa claramente dentro de la corriente de cozy games que proponen un tiempo alternativo al de la vida real: un tiempo circular, donde las tareas se repiten pero nunca parecen una rutina en sí porque están llenas de propósito y belleza.

Como señalábamos antes, la magia en Witchy Life Story no es una herramienta de poder, sino una extensión de nuestra propia atención. Regar las plantas no es un paso previo para conseguir puntos sino que es, en sí, un acto de cuidado, por ejemplo. En este sentido, el juego no se vive como un reto a superar, sino como un espacio a habitar, ya que no te pide ser más rápido, más fuerte o más hábil, sino que lo único que te pide es estar presente.

En este sentido, el juego no se vive como un reto a superar, sino como un espacio a habitar, ya que no te pide ser más rápido, más fuerte o más hábil, sino que lo único que te pide es estar presente.

En un momento en que los life sims son cada ves más frecuentes —y eso que cada vez tenemos menos tiempo de disfrutar de nuestra propia vida—, Witchy Life Story encuentra su identidad al combinar el foco narrativo, donde cada mecánica está vinculada a una historia o personaje, con la estética inmersiva, que es totalmente coherente con la fantasía cottagecore, y la magia cotidiana, centrada más en la parte emocional y no tanto en la épica tradicional como estamos acostumbrados.

Este enfoque le da un potencial narrativo súper interesante, ya que cada día jugado es, podríamos decir, una serie de microcuentos mágicos.

Una vida pequeña, pero encantada

Witchy Life Story es, ante todo, un recordatorio de que la magia no siempre está en las grandes historias, sino en los pequeños detalles. Es el tipo de juego que no pretende que lo termines, sino que lo recuerdes como un lugar al que volver cuando necesites respirar. En tiempos donde incluso el ocio puede parecer competitivo, esta brujita te invita a tomarte un té, a cuidar de tu jardín, y preparar una poción que tal vez no cambie el mundo… pero sí el día de alguien.

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