La demanda de Sony al juego chino por plagiar descaradamente a su saga Horizon constata la pérdida de fair play que tanto bien ha hecho
Cuando a principios de este año se presentó Light of Motiram, la indignación fue casi unánime. Tanto la línea estética como el concepto jugable no solo recordaban demasiado a Horizon: Zero Dawn y su secuela, sino que parecía algún tipo de falsificación esperpéntica, una copia agridulce de un valor seguro para intentar engañar a incautos amparándose en el ingente trabajo previo por parte de PlayStation para establecer su propiedad intelectual en el imaginario colectivo. Durante meses no supimos nada más, pero al final lo que tenía que pasar acabó sucediendo. Sony se arremangó e interpuso una demanda contra Tencent por plagio, lo que ha llevado a la compañía a retrasar los planes de lanzamiento (en teoría iba a salir este año y ahora parece que lo hará en 2027) y a cambiar varios elementos del título para intentar limar las asperezas que puedan provocarle problemas. Todavía estamos muy lejos de saber cómo va a terminar esta historia, pero ya podemos sacar algunas conclusiones.
Código de honor
A estas alturas, nadie puede negar que la irrupción de China en el mercado de videojuegos de alto presupuesto está siendo un fenómeno transformador para la industria global. En los últimos años hemos visto ya de todo, desde ambiciosos títulos superventas que han conseguido marcar su propia línea a títulos mediocres y escándalos en torno a la censura y a la libertad de expresión. Sin embargo, es evidente que se está creando a marchas forzadas un ecosistema muy dinámico que va a convertir al país en una de las grandes potencias creativas del sector a corto plazo. Esta irrupción sin embargo también conlleva consecuencias para la antigua forma de hacer las cosas. Durante décadas, las grandes compañías de Japón, Estados Unidos/Canadá y Europa se han regido por un código de honor más o menos compartido que propiciaba el avance del medio en sí, donde estudios de todo el mundo aprendían unos de otros e iban profundizando e investigando las posibilidades videolúdicas de los títulos que construían.
Esto no quiere decir que no haya habido escaramuzas. Algunas empresas como Nintendo o Bethesda han copado amplios titulares con sus tácticas intimidatorias y un celo excesivo sobre sus marcas. Sin embargo, a grandes rasgos, la mayoría de estas empresas han reconocido el valor intrínseco de la propiedad intelectual de cada una, comportándose con dignidad y respetando un pacto no escrito que buscaba fomentar un espacio común de creatividad sin incurrir en latrocinios descarados. No es un sistema perfecto, pero nos ha granjeado una industria vibrante capaz de producir juegos maravillosos donde la creatividad fluía de Oriente a Occidente y viceversa sin cortapisas artificiales ni parcelas valladas que obligaran a cada uno a hacer la guerra por su cuenta.
El problema es que China, como el nuevo alumno de la clase, no ha participado de esos pactos y no se ha beneficiado tradicionalmente de ese sistema, por lo que no considera que tenga que respetarlo. Esto no es una particularidad que se circunscriba al mundo de los videojuegos. China ha conseguido ponerse al día en el mundo de la informática, de la ingeniería, de la medicina, de la producción industrial y de tantos otros sectores a base de transgresiones intelectuales y espionaje industrial. Tanto la Unión Europea como Estados Unidos y Japón llevan con las espadas en alto mucho tiempo con empresas como Huawei, pero la desconfianza va en ambas direcciones. Por eso las grandes plataformas tecnológicas como Google o Meta tienen el terreno tan restringido en el mercado chino, que favorece las suyas propias, no solo como una medida proteccionista, sino también como una herramienta indispensable para el control de la información que sustenta el Gran Cortafuegos.
China no comparte las reglas de juego de las democracias occidentales. La separación entre Iglesia y Estado es inexistente, o lo que es lo mismo, la vinculación entre el gobierno de la nación y sus principales entidades corporativas es total. Si Huawei causa tantísimos recelos en la implantación de las redes 5G es porque la empresa, que fue fundada por un alto cargo militar del ejército de la república popular, es sospechosa de trabajar explícitamente para extender la redes de espionaje del PCC por el hemisferio occidental. Es totalmente legítimo apuntar que la relación que Estados Unidos mantiene con Silicon Valley no discurre por derroteros muy distintos, sobre todo después de los espectáculos estomagantes que hemos visto donde el oligopolio Big Tech rinde pleitesía al mandamás de Washington, pero todavía en estos lares la confianza no está tan deteriorada. Estamos ante un momento de cambios rápidos, por lo que todo esto podría quedar anticuado en meses, pero por ahora la situación es la que es.
Cambio de paradigma
La piedra de toque de todo este asunto es lo extremadamente difícil que es demostrar un plagio. Este tipo de juicios son muy habituales en la industria musical, donde hay amplia jurisprudencia al respecto. También hay casos en la industria editorial, donde es más difícil probar las cosas por la multiplicidad de las variables a tener en cuenta. Sin embargo, en videojuegos las cosas suelen ir más por el copyright (el uso de marcas que se parecen o que puedan inducir a error), por uso indebido de tecnología patentada, robo de assets o, también, el registro de mecánicas jugables. El plagio de propiedad intelectual por temas de contenido es una estrategia menos utilizada, en parte por ese código de honor que mantenía las buenas formas, en parte por lo difícil que es demostrar estas cosas, sobre todo ante jueces que quizá no están tan familiarizados con los procesos de desarrollo.
Otra cosa a tener en cuenta es que lo habitual es que los litigios se inicien cuando los títulos están a la venta y se pueda constatar el delito. Es decir, lo que hay hasta ahora son materiales de marketing, no un producto acabado que se esté explotando comercialmente. No quiere decir que no haya un perjuicio manifiesto ya en estos momentos, porque el posicionamiento en el mercado ya es un tema muy importante, pero a la hora de analizar la cuestión, es muy diferente. Este tipo de acción preventiva de Sony, si cabe, apoya más la tesis de que vamos a una industria cada vez más combativa, más suspicaz, de gatillo fácil. Las empresas son conscientes de que lo tienen difícil en los tribunales de justicia, por lo que prefieren tácticas disuasorias y posiblemente llegar a acuerdos antes de que la sangre llegue al río. Y eso implica tener una actitud proactiva, ir al choque con más facilidad, cesar el ánimo colaborador e instaurar un clima más tenso.
Para ir terminando, me gustaría señalar las tácticas rastreras de Tencent en este asunto. Si la información que se ha publicado es veraz, al parecer la empresa china fue a PlayStation para plantearles una versión de Horizon enfocada al mercado chino y a los móviles, ofreciéndoles colaborar en una lucrativa oportunidad de negocio. Por lo que fuera, a PlayStation la idea no le terminó de encajar y declinaron la oferta. Puede que porque la idea se entrometería con sus propios planes para la tercera parte de la saga de Aloy (es posible que el juego se desarrolle en China, precisamente) o por cualquier otra razón. Tampoco tienen que dar explicaciones. Es su propiedad intelectual y pueden hacer con ella lo que les parezca. Lo terrible de todo esto es que la negativa no dio al traste con los planes de Tencent y siguieron adelante sin su bendición. Esta forma de proceder se reduce a una forma de extorsión. O cedes tu propiedad intelectual por las buenas y te llevas un buen pellizco, o te la robamos y te quedas sin nada. Absolutamente reprochable.
Todavía tardaremos mucho en ver en qué acaba esto. Tencent parece que ha metido ya mucho dinero en Light of Motiram como para darse por vencidos de antemano. Que hayan pospuesto el lanzamiento al menos dos años también nos indica que esto se va a alargar. Lo que no me causa ninguna duda es que este caso ha venido a envenenar la industria y que depende de cómo se resuelva, nos va a deparar un entorno mucho más paranoico y agresivo. China ya ha demostrado que tiene creativos de sobra para trazar su propio camino: sus propias historias, estéticas e ideas. ¿Por qué sus ejecutivos no apuestan por darles rienda suelta en vez de seguir replicando lo que consideran valores seguros?
Ver todos los comentarios en https://www.3djuegos.com
VER 42 Comentarios