Tres campeonatos mundiales casi se van al traste por culpa de una pokeball
Aunque sorprenda, Pokémon fue uno de los primeros juegos que se tomó en serio el competitivo. Bajo la aparente simpleza de una aventura que nos pide coleccionar monstruos y reunir medallas de gimnasio, se esconde todo un submundo de EVs o IVs. También de habilidades pasivas, estadísticas o sinergias que solo salen a relucir en los torneos. Van ya más de dos décadas de campeonatos y la futura llegada de Pokémon Champions solo apunta a mejorar la situación. Sin embargo, como en cualquier competición que se precie, también ha habido escándalos y momentos de polémica como el que inició una pokéball de color rosa.
Una pokéball de la que se lleva diez años hablando
Ray Rizzo fue campeón del mundial de VGC en tres ocasiones consecutivas (2010, 2011 y 2012), lo que todavía lo sitúa como el jugador que más títulos ha conseguido. Dominó el final de la cuarta generación y arrasó en la quinta, convirtiéndose en un verdadero ídolo para los aficionados al competitivo de Pokémon. Es cierto que durante el resto de su carrera profesional no logró replicar resultados ni colarse en las fases finales de los grandes campeonatos. Sin embargo, siguió siendo uno de los jugadores más queridos por la comunidad y se mantuvo activo en ella. Incluso ahora, aunque tras un pequeño parón, ha vuelto a crear contenido relacionado con el videojuego de Game Freak.
En su última etapa en activo, sin embargo, el jugador se vio envuelto en una de las mayores polémicas de la historia de Pokémon. El problema surgió en el Campeonato Nacional de Estados Unidos de 2014. En dicho torneo, disputado en las versiones X e Y, Ray Rizzo sacó al campo un Aegislash encapsulado en una Ensueño Ball. Nada fuera de lo normal si no fuese por un pequeño detalle: era imposible tener un Aegislash en este tipo de Pokéball. Esto significaba, de forma inequívoca, que la criatura no se había obtenido de forma 100% legal. Algo durante el proceso se había llevado a cabo con un programa externo.
Solo había dos opciones posibles, que el Pokémon hubiera sido modificado utilizando programas externos o que lo hubiesen sido sus padres antes de la crianza. Ray Rizzo aseguró que se trataba de lo segundo y defendió que había sido "otra persona" la que había criado al Pokémon para que él se centrase en "entrenar sus EV y usarlo". También afirmó no haberse dado cuenta de la situación ya que ni siquiera sabía lo que era una Ensueño Ball o sus diferencias con respecto a otras Pokéballs. Se le puede acusar de echar balones fuera, pero también es verdad que había pasado todas las revisiones de legalidad de Nintendo —que después no le sancionó— y que el debate sobre su Aegislash iba mucho más allá del pokémon en cuestión.
A excepción de los miembros de la comunidad que no estaban enterados del funcionamiento del competitivo y que descubrieron este tipo de artimañas debido a la polémica generada en 2014, todos eran conscientes de la utilización de programas externos para generar o modificar pokémon. ¿Alguien se pensaba que todos esos legendarios shiny con estadísticas perfectas habían sido conseguidos con cientos de horas de 'farmeo'? Especialmente antes de la sexta generación (en la que tuvo lugar esta polémica) la crianza era complicadísima y había todo tipo de herramientas poco legales para facilitarse la vida.
El enfrentamiento entre los fans era prácticamente una cuestión filosófica y se puede resumir en la duda sobre si la crianza formaba parte de la competición. En el reglamento competitivo se contempla la posibilidad de castigar a los jugadores por utilizar "Pokémon contenidos en una Pokéball en la que no podría ser encontrado a través del transcurso normal del juego o las promociones especiales" o creados mediante bugs y 'hacks'. Sin embargo, no ha sido hasta hace apenas un par de años que la norma empezó a aplicarse realmente. Lo sabrán los aficionados de Movistar KOI, que vieron a Alex Gómez y a Eric Rios ser descalificados del Regional de VGC de Liverpool de 2024 por un problema similar.
La cuestión es que los Pokémon 'hackeados' no tienen ninguna diferencia con respecto a los que podemos obtener en el juego o, de lo contrario, no pasarían ni siquiera el primer filtro de comprobación de cara a las competiciones. También entra en juego la presión de la comunidad. La mayoría de los jugadores que participaron en el VGC World Championship de 2022 utilizaron equipos con criaturas obtenidas (o mejoradas) por medios externos, incluido el jugador que resultó campeón del mundo. Solo el 44% de los competidores utilizó un equipo conseguido por él mismo y, teniendo en cuenta todas las regiones, solo Japón y China tuvieron mayoría de jugadores en esta situación.
Desde finales de la temporada 2023, Pokémon comenzó a imponer sus normas y consiguió hacer que los jugadores dejasen de generar sus criaturas de forma artificial. Sin embargo, la norma se acató más por miedo a los castigos que por convicción. Nadie quiere gastar una fortuna y viajar miles de kilómetros solo para ver cómo es descalificado. En este sentido, el debate que inició con aquella pokéball rosa de Ray Rizzo sigue vigente diez años después. Por suerte, esto podría cambiar pronto. Pokémon Champions llega para ofrecer un nuevo ecosistema competitivo y se espera que con él se facilite la obtención de criaturas y la participación en los torneos. Es una buena noticia porque, normas aparte, no es demasiado ‘competitivo’ llevar a cabo una tarea repetitiva que roba muchas horas y que cualquier persona puede llevar a cabo si tiene el tiempo suficiente.
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