
Si has llorado jugando a The Last of Us, deberías leer esta novela de Cormac McCarthy: aquí empezó realmente el viaje emocional que cambió el videojuego contemporáneo
Hay obras que calan en la cultura popular durante décadas sin grandes alardes. Van erosionando la narrativa de nuestra cultura compartida lentamente, hasta que terminan emergiendo de las formas inesperadas. Con los libros de Cormac McCarthy pasa eso, y en concreto con La carretera, publicada en 2006. La crítica la recibió con respeto literario más que con entusiasmo masivo, pero al año siguiente la novela se llevó el Premio Pulitzer de Ficción, entró en el club de lectura de Oprah Winfrey y empezó a convertirse en lo que es hoy: leyenda. Bueno, tengo que admitir que la adaptación cinematográfica de John Hillcoat con Viggo Mortensen también hizo mucho por la visibilidad de la novela, y que yo soy un fanboy de McCarthy. ¿Habéis leído Meridiano de Sangre? Brutal.
El caso es que La Carretera es una referencia obsesiva del género posapocalíptico moderno, una novela leída por una generación entera de escritores, guionistas, creadores de todo tipo y diseñadores de videojuegos que aún no sabían que estaban siendo influidos por ella, entre ellos, los creadores de The Last of Us.
La novela cuenta la historia de un padre anónimo y de su hijo pequeño cruzando una América devastada por una catástrofe que nunca se nombra, en busca de la costa sur donde creen que podrán encontrar comunidad y seguridad. Por el camino tienen que evitar bandas de caníbales, dormir en sitios que les protejan del frío y administrar las pocas latas de comida que encuentran. La prosa de McCarthy es seca, austera, sin comillas en los diálogos y con párrafos que caen sobre tu moral como una losa. Es una obra exigente con el lector, profundamente humana, y precisamente por eso cala hasta los huesos de un modo que pocas novelas posapocalípticas han conseguido. Si has jugado a alguno de los dos The Last of Us, y como yo no has podido evitar alguna que otra lagrimilla, ya sabes de dónde viene todo ese drama.
Neil Druckmann lleva más de una década recomendándote que leas a McCarthy
La conexión entre La carretera y The Last of Us no es una teoría mía. Es una atribución directa del propio creador del videojuego, y está documentada en distintas entrevistas a lo largo de los últimos quince años. En una conversación con Medium publicada cuando salió The Last of Us en 2013, tanto Neil Druckmann como Bruce Straley, codirectores del juego original, reconocieron explícitamente la influencia de la película La carretera, y por extensión también de la novela de McCarthy. Junto a esa referencia citaron también al videojuego japonés Ico como segunda inspiración estructural, pero el peso emocional venía de McCarthy. Y en una entrevista paralela en el blog oficial de PlayStation, cuando un periodista mencionó a McCarthy junto a The Walking Dead como uno de los referentes obvios del género, Druckmann reconoció la referencia.
Tampoco hay que darle muchas vueltas, la base narrativa de The Last of Us es la de un hombre, su hija adoptiva y una travesía por una América rota. Cualquier lector de McCarthy reconocerá ahí una misma sinopsis casi exacta de la novela, con la diferencia importante de que Druckmann lo había imaginado tres años antes, en 2003, con dos protagonistas jóvenes, en lugar de los protagonistas que conocemos hoy.
Bueno, hay muchas historias que se parecen, ¿no? Está El Lobo solitario y su Cachorro, o su versión estadounidense, Camino a la Perdición (ya sea el cómic de 1998 o la excelente película de Sam Mendes de 2003). La pregunta interesante no es ya si McCarthy influyó en Druckmann, eso está claro. La pregunta interesante es por qué dos creadores en contextos completamente distintos llegaron al mismo arquetipo narrativo en la misma década, y qué nos dice eso sobre la imaginación cultural de los primeros 2000.
Qué tomó exactamente The Last of Us de La Carretera
Si pones uno al lado del otro el libro de McCarthy y el juego de Naughty Dog, la lista de elementos comunes es casi vergonzosa. Los dos arrancan con un mundo civilizado destruido por una catástrofe. Los dos confían toda su carga emocional a una pareja desigual entre un adulto cansado del mundo y una figura mucho más joven y optimista que depende de él para sobrevivir. Los dos atraviesan unos Estados Unidos que han colapsado estructuralmente, sufriendo los rigores del clima y con los humanos como amenaza explícita. Los dos cargan con un trauma anterior que el adulto intenta no contar y que el joven intenta entender sin tener todavía las herramientas para hacerlo. Y los dos, en momentos clave, ponen al adulto en la situación moral de tener que mentir a la criatura para protegerla, aunque esa mentira lo condene a él como persona. Vale, sí, The Last of Us además tiene el cordyceps.
Lo que The Last of Us tuvo que reinventar para no ser una mera adaptación interactiva de La carretera fue básicamente la posibilidad de la acción. Claro, no deja de ser un videojuego, algo interactivo. Donde McCarthy resuelve los encuentros con bandas hostiles en párrafos cortos y elípticos que el lector tiene que reconstruir por su cuenta, Druckmann y Straley necesitaban darle al jugador algo que hacer durante decenas de horas de juego. De ahí salen los infectados, una idea que la novela no contiene, y de ahí salen las facciones humanas que Joel y Ellie tienen que sortear con sigilo o con violencia. La carretera es contemplativa, The Last of Us es interactiva. Pero el armazón emocional debajo de las dos es prácticamente el mismo.
Hay una cosa importante que The Last of Us no consiguió copiar de La carretera, y probablemente no podía
Aquí entra el matiz que diferencia las dos obras a un nivel más profundo, y que conviene señalar porque creo dice mucho sobre los dos medios. La Carretera tiene una capa religiosa que The Last of Us no ha sabido replicar nunca, y que tal vez el videojuego como medio todavía no está listo para tocar. El padre de la novela no avanza únicamente para proteger a su hijo, avanza también para proteger una idea de Dios que ha interiorizado durante muchos años de penurias. Cuando habla con el niño sobre lo que les espera en la costa sur, lo hace con un vocabulario casi bíblico, y cuando duda de su propia decisión de seguir adelante, lo hace en términos teológicos. La carretera no es solo una novela de supervivencia, es una novela sobre cómo seguir creyendo cuando la creación entera te grita que dejes de creer.
The Last of Us, por el contrario, sustituye esa capa narrativa por una de venganza moral y de dilema utilitarista, lo cual es perfectamente legítimo pero pertenece a otra familia narrativa. Joel no protege a Ellie porque crea que el mundo necesita ser redimido, la protege porque ella le devuelve algo que perdió cuando murió la hija biológica al principio del juego. Esa motivación funciona, conmueve y sostiene dos juegos enormes, pero no tiene la dimensión vertical que tenía la novela de McCarthy. ¿Habéis terminado The Last of Us Part II preguntándoos por Dios en algún momento? Yo no. ¿Habéis terminado La carretera sin preguntaros si hay todavía espacio para algo parecido a la fe en un mundo así? Yo tampoco. La diferencia entre esas dos preguntas es exactamente la diferencia entre las dos obras.
¿Existe realmente una secuela de La Carretera?
Cormac McCarthy murió el 13 de junio de 2023, a los 89 años, tras una vida de privacidad extrema y de obras escasas pero imprescindibles. Su último gesto literario público fue la publicación en 2022 de The Passenger y Stella Maris, una duología tardía y compleja que su editorial presentó como cierre definitivo de su carrera. En los meses posteriores a su muerte, sin embargo, empezó a circular en cierta prensa cultural y entre lectores particularmente atentos un rumor sobre la posible existencia de un tercer manuscrito inédito, custodiado por su familiar. No he podido verificar la información ni encontrar fuentes fiables que la confirmen, así que prefiero señalar sólo como un rumor. Pero dice mucho del impacto cultural que La Carretera ha logrado tener entre los aficionados del género y lectores en general. Lo que sí está confirmado es el lugar canónico que La Carretera ocupa ya en la ficción literaria contemporánea.
Lo que voy a hacer la próxima vez que ponga The Last of Us, y lo que probablemente vosotros también deberíais hacer
Hay un detalle pequeño que cierra el círculo entre McCarthy y Druckmann, y que quiero dejar dicho antes de terminar. Cuando Druckmann publicó hace pocos meses sus bocetos originales de 2003, lo acompañó de una frase corta donde mencionaba "las pocas paradas que aún quedan en el camino por delante", "the road ahead”. Todos nos volvimos locos pensando en una potencial nueva entrega de the Last of Us, claro, pero yo ahí quiero ver además un guiño a lo que lleva siendo el motor argumetal del proyecto desde antes de que existiera Naughty Dog tal como hoy la conocemos.
La carretera (edición especial en tapa dura) (Ediciones Conmemorativas)
Os recomiendo, si todavía no lo habéis hecho, leer La Carretera antes de volver a jugar a The Last of Us. Vais a entender muchas decisiones del juego, y vais a ver el final de Joel y Ellie con otra lectura emocional. Yo lo hice al revés, llegué a McCarthy desde el videojuego, y me lamento un poco no no haya sido en el otro sentido. Hay una obra que explica a la otra, y aunque sea cierto que se pueden disfrutar por separado, también es cierto que las dos juntas valen más que por separado. Cormac McCarthy escribió el manual de instrucciones de uno de los videojuegos más importantes de su siglo. Como amantes delos videojuegos, creo que es justo hacerle un pequeño homenaje leyendo su libro.
En 3DJuegos | Me da igual qué más se estrene este año, creo que Hope va a ser la mejor invasión alien en cines
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