No me puedo creer que este anime tenga 20 años porque es Cyberpunk 2077 con mechas

Burst Angel mezcló angelpunk, mechas y estética western en una distopía que recuerda a Ghost in the Shell y Alita

Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Hay algo profundamente fascinante en volver a ciertos animes de principios de los 2000 y descubrir que, lejos de haber envejecido, parecen haber predicho el futuro. Eso es exactamente lo que ocurre con Burst Angel, una serie que en su momento fue recibida como un espectáculo de acción estilizada, que he vuelto a ver hace poco en Crunchyroll y que hoy es una curiosa propuesta ciberpunk sorprendentemente lúcida. Emitida en 2004 y producida por la mítica Gonzo, la obra recoge la resaca de la crisis económica japonesa y la traduce en un mundo donde la violencia, la tecnología y la deshumanización se han convertido en la norma. Lo que en su día parecía una excusa para ver chicas con pistolas gigantes y mechas hoy parece una propuesta de Night City adelantada varias décadas a lo visto en Cyberpunk Egerunners. Y no es una exageración: si cambias Tokio por esta ciudad estadounidense hipercapitalista, caótica y decadente y sustituyes sus monstruos biotecnológicos por implantes ilegales, el ADN de la serie conecta directamente con el universo creado por Mike Pondsmith y popularizado en Cyberpunk 2077.

Tokio, armas, corporaciones y el colapso social

El mundo de Burst Angel es puro ciberpunk en su concepción más clásica: una sociedad rota donde el Estado ha renunciado a proteger a sus ciudadanos. Tras un desastre natural, el gobierno decide legalizar las armas de fuego para que los individuos puedan protegerse a sí mismos, lo que provoca justo lo contrario de lo que promete: una espiral de violencia que convierte la ciudad en un campo de batalla constante. Este detalle, que podría parecer anecdótico, es en realidad una crítica muy directa al mito del control a través del armamento, algo que la serie subraya desde sus primeros minutos.

En ese vacío de poder emerge RAPT, una organización policial privatizada que representa uno de los pilares del género. Como ocurre con corporaciones como Arasaka en el universo de Cyberpunk, aquí la seguridad deja de ser un servicio público para convertirse en un negocio. RAPT no detiene criminales, los elimina. No protege ciudadanos, impone orden a través del miedo. Y en ese contexto, la ciudad deja de ser un espacio habitable para convertirse en un ecosistema hostil donde sobrevivir es un privilegio. Pero si hay algo que define a Burst Angel, más allá de su narrativa, es su estética. El diseño de personajes abraza sin complejos la filosofía de "estilo sobre sustancia" que Mike Pondsmith convirtió en dogma dentro del ciberpunk. 

Jo, su protagonista, entra en combate con una gabardina, pantalones cortos y dos Desert Eagle, como si el peligro fuese una pasarela y no un campo de batalla. Evidentemente este anime dirigido por Koichi Ohata y guionizado por Fumihiko Shimo tiende a esa hipersexualización de sus protagonistas tan del anime de la época, pero lo que en su momento podría considerarse como uno de los aspectos negativos de la serie, ahora podemos enmarcarlo con facilidad dentro de la estética de cyberpunk 2077, no hay más que darse un paseo por el juego.

Este enfoque conecta directamente con la identidad visual de Cyberpunk 2077, donde la apariencia no es solo estética, sino una forma de supervivencia. En ambos mundos, proyectar una imagen intimidante es tan importante como tener habilidades reales. La diferencia es que Burst Angel lo lleva a un terreno casi caricaturesco, con una mezcla de fetichismo, western y ciencia ficción que la hace única incluso hoy. Además, la influencia del western no es casual. El mecha llamado Django o los atuendos de vaquera recuerdan constantemente a ese espíritu de frontera sin ley. Una frontera que, en lugar de polvo y caballos, está iluminada por neones y dominada por corporaciones.

Angelpunk: cuando los ángeles caen en un mundo de máquinas

Uno de los aspectos más interesantes de Burst Angel es su pertenencia a un subgénero muy concreto: el Angelpunk. Esta corriente mezcla imaginería religiosa con tecnología extrema, creando una narrativa donde los "ángeles" no son seres divinos, sino productos de experimentos fallidos. En la serie, las llamadas "Ángeles del Genocidio" son supersoldados creados a partir de humanos, despojados de su identidad y convertidos en armas. No es un concepto aislado, sino que bebe directamente de referentes clave del género como Alita: Ángel de Combate, considerada una de las grandes obras fundacionales del angelpunk. En ella, la figura del “ángel mecánico” caído, atrapado entre la humanidad y la máquina, define un imaginario que Burst Angel recoge y reinterpreta desde una óptica más violenta y desatada.

Burst Angel anticipó muchas de las obsesiones actuales del género

En este apartado es donde el anime se distancia ligeramente del ciberpunk más clásico y entra en terrenos más cercanos al horror biológico. Mientras que en el cyberpunk generalmente el miedo está en perder el alma a través de la digitalización, en Burst Angel el horror es físico. Cerebros expuestos, cuerpos mutados, máquinas alimentadas por materia orgánica. Es un tipo de violencia más visceral, más incómoda, que conecta con el legado de los OVAs de los 90. Este enfoque convierte este anime en algo más que una historia de acción típica de la época. Es una advertencia sobre lo que ocurre cuando la tecnología deja de ser una herramienta y se convierte en un fin en sí misma. Cuando el progreso se mide en capacidad destructiva y no en bienestar humano.

Edgerunners antes de Edgerunners: mercenarios, hackers y supervivencia

El equipo protagonista de Burst Angel funciona como una versión primitiva de los edgerunners que hoy asociamos al universo de Cyberpunk. Jo es la "lobo solitaria", la combatiente letal que entra en acción sin dudar. Amy es la hacker, capaz de manipular sistemas desde la distancia. Sei actúa como fixer, conectando al grupo con trabajos y recursos. Y Kyohei, el cocinero, es ese ancla humana que recuerda constantemente lo que está en juego, al estilo de Togusa en Ghost in the Shell. Pero lo interesante es cómo Burst Angel introduce un componente emocional más directo. La relación entre Jo y Meg, cargada de subtexto y dependencia mutua, aporta una humanidad que contrasta con la frialdad del entorno. En un mundo donde todo es reemplazable, los vínculos personales se convierten en lo único real.

Esta estructura de equipo no solo anticipa dinámicas que veríamos años después en Cyberpunk 2077 o incluso en Cyberpunk: Edgerunners, sino que demuestra cómo el género llevaba décadas refinando sus arquetipos. El mercenario como figura central no es casual: es el resultado lógico de un mundo donde las instituciones han fallado y la única ley es la del contrato, algo que lejos de ser una ficción a día de hoy en una realidad en países como Estados Unidos con la figura de los agentes de recuperación de fugitivos

20 años después, más vigente que nunca

Como hemos visto, para entender Burst Angel, lo mejor es situar junto a gigantes como Ghost in the Shell, Cowboy Bebop o Appleseed. Todas ellas exploran, a su manera, la relación entre humanidad y tecnología, pero lo hacen desde perspectivas muy distintas. Eso no la hace menos relevante, sino diferente. Es un producto de su tiempo, de una industria que empezaba a experimentar con el CGI y que buscaba nuevas formas de atraer a una audiencia global. Y en ese proceso, creó algo que hoy podemos reinterpretar como una pieza clave dentro de la evolución del ciberpunk.

Lo verdaderamente sorprendente de Burst Angel no es solo su estética o su acción, sino su capacidad para seguir siendo sorprendentemente vigente incluso dos décadas después de su estreno. En un momento donde el debate sobre la privatización, la violencia y el papel de la tecnología está más vivo que nunca, la serie resulta inquietantemente actual. Quizá no tenga la profundidad filosófica de Ghost in the Shell ni el carisma de Alita, pero tiene algo igual de valioso: una visión del futuro que, con el paso del tiempo, se ha vuelto cada vez más reconocible. Y eso, en el mundo del ciberpunk, es casi tan importante como cualquier reflexión existencial. Porque al final, Burst Angel no es solo un anime de acción con mechas. Es una cápsula del tiempo que anticipó muchas de las obsesiones actuales del género

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