En 1992, compró acciones de Microsoft por 1.140 euros y se olvidó de ellas. Tres décadas después, se han convertido en una pequeña fortuna

Anthony Scaramucci protagoniza una historia curiosa marcada por los beneficios de la mala memoria

Abelardo González

Editor - Tech

Hace 33 años, la vida de Anthony Scaramucci cambió con el nacimiento de su primer hijo. Con la intención de ofrecerle un colchón económico cuando fuera mayor, Scaramucci creyó que lo mejor era comprar acciones de Microsoft, un gigante tecnológico que empezaba a dar sus primeros pasos. Así, invirtió 1.140 euros en un paquete de la compañía, pero terminó perdiendo el rastro a su adquisición a raíz de las mudanzas y los envíos postales tan comunes en la era pre-internet.

Casi treinta años después, tal y como él mismo contó en una intervención pública, volvió a descubrir sus acciones 27 años después. De esta forma, aunque el olvido fue involuntario, le sirvió para no vender durante periodos de rendimiento plano. Gracias a ello, sus acciones pasaron de costar 1.140 euros a rondar los 300.000 euros, ya que crecieron hasta alcanzar los 285.000 euros de valoración. Así, su despiste le ayudó a conseguir ese colchón financiero que buscaba para su hijo.

La historia de Scaramucci no solo demuestra el aumento de capitalización de los gigantes tecnológicos en las últimas décadas, sino también el poder del interés compuesto y de la retención de posiciones de calidad a pesar de los ciclos empresariales. Scaramucci, quién trabajaba en Goldman Sachs desde 1989, aseguró que la relación con su bróker se diluyó por sus cambios de domicilio, pero aseguró que mantener su cuenta inactiva durante casi tres décadas fue lo mejor que le pudo pasar.

Según reconoce él mismo, lo más probable es que hubiera vendido las acciones si recordaba que las tenía, sobre todo en la etapa que atravesó Microsoft con Steve Ballmer al frente tras vivir casi una década con su crecimiento estancado. Así, en línea con otras historias similares marcadas por fortunas tardías, haberse olvidado de sus acciones le ayudó a evitar decisiones impulsivas que, a la postre, le beneficiaron cuando la compañía se transformó y creció bajo nuevos liderazgos.

La historia reciente de Microsoft

Con su giro hacia la nube y, más tarde, hacia la inteligencia artificial, Microsoft vivió el punto de inflexión más grande de su historia. La historia de Scaramucci demuestra que, a diferencia de los que buscan rendimiento inmediato, la paciencia termina ayudando a aquellos que confiaron en las compañías más grandes en uno de sus momentos más delicados. De hecho, aunque su historia está marcada por un despiste que le benefició, sirve como ejemplo de qué podría suceder si guardamos acciones a buen recaudo durante años.

Así, la moraleja que deja esta historia es evidente: es tan importante diversificar como no subestimar el valor del tiempo en el mercado. La paciencia, ya sea voluntaria o accidental, suele superar los intentos de sincronizar entradas y salidas perfectas. Aún así, es importante tener en cuenta que no estamos ante un árbol mágico que emana dinero, sino ante uno de los sectores más complicados del mundo financiero: la inversión en bolsa. Por ello, la paciencia es tan importante como estudiar cada movimiento.

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