La llegada de opciones como cerraduras, hornos y bombillas inteligentes dio pie al auge de las smart homes, ya que cada vez más perfiles tenían interés en la posibilidad de controlar cada aspecto de tu casa desde el móvil. Ahora, tras varios años marcados por una clara tendencia ascendente, hemos visto cómo ha crecido el rechazo a la hiper automatización doméstica. ¿El motivo? Los costes, la privacidad y la fatiga digital de los propietarios.
Como consecuencia directa de ello, los propietarios han vuelto a preferir los interruptores y controles mecánicos por encima de los asistentes y los sensores siempre activos. Así, el "bienestar analógico" que ya hemos visto en otros campos con, por ejemplo, la popularización de los móviles sin acceso a internet, ha llevado a muchos a olvidarse de "las configuraciones estilo NASA" para priorizar lo manual para reducir el estrés. Con ello, además, crean hogares más calmados y relajantes.
Según un estudio del Global Wellness Institute, los arquitectos reportan que cada vez más clientes perciben la tecnología inteligente como intrusiva. Así, han empezado a proliferar los espacios con escasa presencia digital, ya que esto les da la sensación de favorecer tanto el descanso como la recuperación mental. Así, a pesar de que la industria smart home mueve 93.000 millones de euros anuales, los usuarios aseguran que los gastos continuos por actualizaciones, incompatibilidades y ciclos cortos de reemplazo erosionan el valor de reventa.
Los propietarios se han cansado de las bombillas inteligentes
En mercados como Los Ángeles, una zona marcada por el alto poder adquisitivo de los compradores, estos empiezan a evitar las casas saturadas de dispositivos Wi-Fi al considerarlas costosas, frágiles y poco diferenciales a la hora de vender. Así, algunos arquitectos señalan que están experimentando el auge del "rincón de lectura", ya que las menciones a este espacio han subido un 48% interanual. De esta forma, se evidencia una clara demanda en torno a espacios sin pantallas que buscan relajación sin automatización.
Así, el declive del sector smart home se ha identificado como una tendencia clave de diseño no solo en 2025, sino también en años posteriores. De esta forma, parece ser que el consumidor promedio quiere desligarse de estas opciones y prefiere los espacios interiores libres de tecnología visible. Sorprendentemente, esto ha dado pie al regreso de los teléfonos fijos por razones tanto parentales como estéticas.
La conclusión, por tanto, es que no existe un rechazo total a la tecnología, sino más bien una selección consciente de aquello que queremos tener en nuestro hogar. Esto, por tanto, provoca que la simplicidad se vuelva aspiracional, sobre todo en un contexto social en el que es imposible desconectar por la exposición constante a dispositivos como smartphones, ordenadores, pantallas y similares. Por ello, el nuevo lujo en casa no es la presencia de aparatos inteligentes, sino la ausencia de los mismos.
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