Dario Amodei analiza el acuerdo del chip H200 que alcanzaron ambos países
Cuando Dario Amodei habla, podría decirse que sube el pan. El CEO de Anthropic no solo ha ganado popularidad por la utilidad de sus agentes basados en IA generativa, sino también por lo radicales que llegan a ser sus opiniones. Hace unas horas, decidió rizar el rizo cuando analizó la venta de chips avanzados a China y afirmó que era similar a "vender armas nucleares a Corea del Norte".
El aviso llega desde Anthropic y no se limita a la retórica: su tesis se basa en que esos chips son el "músculo" que hace crecer a la inteligencia artificial más rápido. Así, dichas declaraciones llegan tras la flexibilización de la exportación de chips H200, ya que Estados Unidos permitirá la venta de estas unidades a China bajo algunas condiciones y cumpliendo ciertas promesas de control.
En el país asiático, por su parte, el movimiento también es delicado. El gobierno está estudiando aprobar la compra de grandes lotes que irán destinados a gigantes tecnológicos, pero tienen que analizar cómo sortear las restricciones que frenan los pedidos reales. Aquí, además, también importa el nombre del hardware, dado que Nvidia se juega su negocio y su posición en el conflicto geopolítico al convertir a sus chips en el estándar de calidad del sector de la IA.
La visión de Amodei sobre China
La frase es incendiaria por simplificar un debate con muchísimas aristas: ¿se trata solo de comercio o el acuerdo de chips afecta a la seguridad nacional? Para Amodei, el riesgo supera con creces al beneficio económico, razón por la que insiste en que el tiempo es clave. Así, considera que si hoy se ayuda a China con músculo tecnológico, es probable que mañana tengan problemas para recuperar la ventaja tecnológica.
A su vez, también hace hincapié en el atasco práctico provocado por licencias, aduanas y diferentes condiciones que pueden convertir la "aprobación" en una espera eterna, ya que todas las operaciones dependen de lo que dictaminen los gobiernos y entidades implicados. Además, en medio también se encuentra un posible efecto dominó muy dañino para los intereses de Estados Unidos.
Si China compra, acelera la industria, pero si no lo hace acabará invirtiendo en más iniciativas propias. La decisión, por tanto, siempre lleva a la misma dirección: Estados Unidos o China crecerán, pero una acabará superando a la otra. Así, aunque Amodei utilizó una frase extrema para analizar la situación, es necesario mirar el mapa completo para comprender un futuro en el que los chips influyen tanto en la política como en el poder.
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