
La montaña no perdona los errores y Hollywood lleva décadas intentando explicárnoslo con poco éxito. Once rescatadores acaban de necesitar 14 horas para salvar a un joven montañero
Tres jóvenes alemanes se metieron el sábado por la tarde en el Königsjodler, una de las ferratas más exigentes de los Alpes orientales, en el Hochkönig austriaco. Lo hicieron tarde, con tormenta anunciada y pese a que otra montañera les pidió que no subieran. A 2.600 metros, uno de ellos, de 20 años, agotado y con hipotermia, ya no pudo seguir. Sus compañeros lo dejaron allí y siguieron hasta un refugio cerrado junto a la cima, según esta crónica de la ORF. Él se quedó solo, de noche y sin ayuda.
Once rescatadores de Mühlbach subieron a por él con crampones, entre ventisca y aludes, y no lo alcanzaron hasta casi medianoche. Lo bajaron atado a una cuerda y llegaron a la Erichhütte a las 8:18, tras 14 horas de operación de rescate. Gerhard Kremser, de los rescatadores de Pongau, cree que el chaval no habría aguantado otra noche ahí arriba. La policía alpina austriaca ya investiga lo ocurrido. Parece el guion de una peli de esas llenas de épica y resiliencia, pero es una noticia real que está hoy en los titulares d emedio mundo y que nos recuerda que, una vez más. la realidad supera la ficción.
Stallone no dejaba a nadie atrás
Máximo riesgo (Cliffhanger, 1993) arranca con un rescate parecido, pero que sale mal. Gabe Walker, el personaje de Stallone, no consigue sujetar a Sarah cuando su arnés cede, y la peli entera es su penitencia por no haber podido salvarla. Renny Harlin la rodó casi toda en las montañas Dolomitas, y como ya os conté, aquel rodaje tuvo de todo. Hasta tuvo videojuego para Super Nintendo y Mega Drive, de cuando cada taquillazo venía con su cartucho debajo del brazo. Era exagerada en casi todo, pero tenía clara una cosa: en la montaña no se deja a nadie atrás, que es algo mucho más fácil de decir que de hacer.
Everest (2015), de Baltasar Kormákur, tiene una historia parecida pero se basa em hechos reales. En 1996, Beck Weathers fue dado por perdido en la tormenta y al día siguiente bajó solo hasta el campamento, mientras Rob Hall se quedaba arriba intentando salvar a su cliente. Límite vertical (Vertical Limit, 2000), de Martin Campbell, abre con un padre que pide a su hijo que corte la cuerda para que él y su hermana vivan. Hollywood lleva décadas retratando todo tipo de actos heroicos y sacrificios personales, pero casi nunca se plantea el drama de tomar la decisión de dejar a alguien atrás y sus consecuencias.
La lección de los Andes
Es inevitable acordarse del accidente de los Andes de 1972, con un equipo de rugby uruguayo. El cine lo ha contado al menos tres veces, en la mexicana Supervivientes de los Andes (1976), en ¡Viven! (Alive, 1993), de Frank Marshall, y en La sociedad de la nieve (2023), de J.A. Bayona. Cada versión tiene su tono, y los propios supervivientes le han puesto pegas a alguna. Bayona puso el foco en los que no volvieron. Allí arriba, el grupo era lo único que tenían.
No sé qué pasó exactamente en el Königsjodler, y la investigación dirá si hubo algo más que mala cabeza. Kremser lo resumió con una frase, recogida en esta noticia de Euronews, que debería ir impresa en cada mochila: "las montañas no van a marcharse". Cuando uno encara este tipo de actividades debe hacerlo mentla y físcamente preparado, bien equipado, sabiendo que las condiciones climatológicas pueden cambiar en cualquier momento, teniendo en cuenta que se ha de hacer el camino de regreso y dispuesto a volverse atrá en ante la más mínima duda. ¿Cuántas veces habéis visto en una peli a alguien que se da la vuelta a tiempo? Casi ninguna, porque no vende entradas.
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