El próximo 4 de noviembre se cumplen 38 años del estreno de Están vivos (They Live), y cada vez que la revisito me quedo con la escena del billete. Nada, el obrero sin blanca al que interpreta Roddy Piper, se pone unas gafas de sol y descubre que anuncios, revistas y televisión esconden órdenes en mayúsculas sobre fondo blanco. Cuando un tipo saca la cartera, el dinero tampoco se libra, porque donde debería poner el "In God We Trust" de toda la vida aparece ESTE ES TU DIOS. Es una idea tan sencilla que casi da apuro lo bien que funciona. A mi querido John Carpenter nunca le han hecho falta grandes presupuestos para decir cosas importantes, y aquí le basta con un plano.
Carpenter solo tuvo que cambiar una frase
Lo curioso es de dónde viene la frase que tanto juego le da a Carpenter en la peli. El lema se declaró oficial en Estados Unidos en 1956 y llegó al papel moneda un año después, en plena Guerra Fría, cuando Hollywood llenaba los cines de invasiones alienígenas en las que muchos vieron el miedo al comunismo. Están vivos le da la vuelta a aquella paranoia, porque aquí los invasores no llegan de Moscú, sino que ocupan los despachos y los barrios ricos de Los Ángeles. Sus mandamientos también son otros: OBEDECE, CONSUME, CÁSATE Y REPRODÚCETE, SIGUE DORMIDO.
El lema, por cierto, nació mucho antes, en la Guerra de Secesión, y su salto a los billetes ya tuvo algo de negocio. El historiador Kevin Kruse explica en una entrevista con NPR que el fervor de aquellos años lo cultivaron empresarios y predicadores que vendían fe y libre empresa como almas gemelas. Marx llamó al dinero "la divinidad visible" en sus manuscritos de 1844, y Walter Benjamin vio en el capitalismo una religión de puro culto en un fragmento de hacia 1921. No sé si Carpenter los conocía, pero le bastaron unas gafas para leer el dólar de Reagan al pie de la letra: ESTE ES TU DIOS.
Carpenter nunca ha escondido a quién apuntaba. En una entrevista con The A.V. Club en 2011 decía que aquello no era ciencia ficción, sino un documental, y este verano, en una charla con The Guardian, ha insistido en que ese documental no ha terminado, señalando al hiperconsumismo y la desigualdad de la era Reagan. En esa conversación hay un detalle que me encanta. Le recuerdan que el filósofo Slavoj Zizek la llamó obra maestra olvidada de la izquierda de Hollywood y que veía en el mundo que revelan las famosas gafas la dictadura escondida dentro de la democracia.
La única iglesia de la peli es una tapadera
Hay otro detalle que refuerza la lectura religiosa y se suele pasar por alto. Las gafas aparecen escondidas en una iglesia frente al poblado de chabolas donde malviven Nada y Frank (Keith David), desde donde opera la resistencia mientras un predicador ciego sermonea a quien quiera escucharle. El único templo de la historia es una tapadera, y su único profeta no ve nada, aunque sea el que mejor entiende lo que pasa en el mundo que le rodea. Cuando la policía arrasa el lugar, lo que sobrevive no es la fe, sino una caja de gafas de sol. Carpenter hila muy fino aunque no lo parezca.
Lo más irónico es que el sistema que retrata la peli acabó haciendo con ella lo que hace con casi todo, que es venderla. El OBEDECE de Nada es hoy OBEY, la marca de ropa de Shepard Fairey, y la frase del chicle que, según se cuenta, improvisó Piper y que acabó en boca de Duke Nukem en 1996. Carpenter cerraba aquella charla diciendo al final que todos acabaremos como Roddy Piper, sacándoles el dedo al sistema.
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