En febrero de 2015, en plena promoción de la olvidable El destino de Júpiter (Jupiter Ascending), Time Out les preguntó a las Wachowski en una entrevista qué les atraía tanto de los mesías. Lana contestó que en el fondo todos queremos serlo, pero su hermana le llevó la contraria. Recordó que en The Matrix todos los personajes reclaman su propio destino y todos arriman el hombro para salvar a la humanidad, y lo resumió así: "el mensaje es que todos somos Dios". Vamos, que cada uno es responsable de su vida y de lo que acabe siendo de ella.
Neo no salva el mundo él solito
Es fácil quedarse con la lectura cristiana puramente mesiánica: Neo muere y resucita, la nave lleva nombre de rey babilónico y la última ciudad humana se llama Sion. Pero repasa la saga con calma y verás que nadie se queda esperando a que baje el salvador a arreglarnos la papeleta. Morfeo elige tener fe cuando nadie más la tiene, Trinity elige a Neo antes de que él se lo crea y los currelas de los muelles de Sion se juegan el pellejo en Matrix Revolutions sin saber si el Elegido llegará a tiempo. La salvación es cosa de todos.
El único que ejerce de dios creador es el Arquitecto, el señor de traje gris que en Matrix Reloaded le explica a Neo que la capacidad humana de elegir es una anomalía que el sistema purga cada cierto tiempo. Más de uno ha visto en él al demiurgo de los gnósticos, el artesano que fabrica el mundo material sin ser el dios verdadero. Frente a ese dios de subcontrata, las Wachowski no plantan otro dios mejor, una entidad superior todopoderosa y omnisciente, sino el poder una decisión. Por eso me parece tan acertada la pelea final de Revolutions. Smith le pregunta a un Neo molido a golpes por qué sigue levantándose, y él le contesta que porque así lo ha elegido.
Ahí creo que está la jugada más inteligente de las Wachowski en este sentido. En el mito gnóstico, el demiurgo encierra chispas divinas en la materia y solo el conocimiento puede liberarlas, y un artículo de la revista Dignitas le reprochaba a la saga que ese despertar quedara reservado a unos pocos. Bueno, creo que el final de la primer peli de la saga, cuando Neo señala que va a enseñarle a la humanidad cómo puede ser un mundo sin máquinas queda implícito que habrá una especie de despertar general de la humanidad aunque luego la resto de pelis no retomen la idea más que para señalar que la mayoría de la gente se revela al despertar y prefiere seguir conectado a The Matrix.
El único que ejerce de dios creador es el Arquitecto, el señor de traje gris que en Matrix Reloaded le explica a Neo que la capacidad humana de elegir es una anomalía
El caso es que si todos somos Dios, la chispa de cada uno se enciende al elegir, justo lo que el Arquitecto no logra cuadrar en su ecuación. Morfeo, como apunta un ensayo de M. Alan Kazlev, ofrece la pastilla roja de uno en uno, pero lo que saca adelante a la humanidad es la suma de todas esas decisiones. El bueno de Neo avisaba a las máquinas de que iba a enseñarle a la gente un mundo sin ellas y les decía que lo que pasara a partir de ahí era decisión suya. Han pasado veintisiete años y sigo pensando que esa llamada era un toque de atención para los espectadores.
Las Wachowski tampoco querían ser dioses
En esa entrevista hay otro detalle que me encanta. Cuando les preguntaron si crear mundos no era jugar a ser Dios, Lilly respondió que esa idea del director como divinidad les parecía lamentable, porque el mérito es de todo el equipo. Todos somos Dios, vaya, pero el director no más que nadie. Lana ya había reconocido que, en cuanto metes naves espaciales y patadas voladoras, todo se vuelve más grande. Ahí está el truco, y por eso, da igual los años que pasen, The Matrix sigue siendo una obra fascinante, llena de grandes reflexiones disfrazadas de peli de kung-fu y ciencia ficción.
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