
Ridley Scott lleva veinte años buscando su mejor película en Marte, en Roma y en el espacio profundo, y la tenía en una esquina de Harlem
Me encanta El reino de los cielos, que es una peli que mucha gente considera un auténtico tostón, y creo que Marte y la reciente La constelación del perro son grandes películas. Pero si tengo que señalar la cumbre de las últimas dos décadas de Ridley Scott, señalo justo la única que no va de nada de lo que asociamos con él. Y es que cada vez que alguien monta la lista de las mejores películas de Ridley Scott me pongo un poco nervioso, porque sé exactamente lo que va a pasar. Va a aparecer Alien, va a aparecer Blade Runner, va a aparecer Gladiator, y luego alguien meterá Marte (The Martian) para demostrar que el hombre sigue vivo. Claro, es que son peliculones, no solo de la filmografía de Scott, tambié de la historia del cine (especialmente Blade runner y Alien). Pero de vez en cuando en esas listas se cuela una de mis preferidas, a los que mis compañeros de AlloCiné han dedicado un tema recientemente, y que en general la gente no suele relacionar con Ridley Scott: American Gangster.
Para mí es la mejor película de Ridley Scott de los últimos veinte años. No va de cruzados, ni de romanos, ni de marcianos, ni de bichos con dientes de más. Va de un tipo con abrigo de chinchilla vendiendo heroína en Harlem. Lo digo sabiendo que me voy a comer alguna pedrada. El reino de los cielos en su montaje del director me parece de lo mejor que ha firmado nunca, y de ahí no me bajo. Creo que El Marciano es una peli formidable e incluso puedo pelearme un poco por El último duelo. También os digo que Exodus, Napoleón y Gladiator 2 no me gustan nada. Bueno, tampoco es que Scott a su edad tenga nada que demostrar: tiene un pulso emocional y narrativo que muchos no esperaban de un señor de 88 años.
El caso es que si repaso toda su filmografía posterior a 2007 y la comparo con lo que hizo aquel año, no hay discusión posible en mi cabeza. Lo que más me fascina del asunto es precisamente que esto ocurre dentro de un género con el que normalmente relaciona a Scott, porque él es de los directores que están hasta en la sopa y aun así solo pisó el cine de gánsteres una vez en su vida, por mucho que se trate de un biopic.
Tuvo el guion encima de la mesa en 2002 pero prefirió irse a Jerusalén
La historia de cómo esta película llegó a existir es casi mejor que la propia película, y ya os digo que la peli me parece trotonísima. Universal e Imagine compraron en el año 2000 los derechos de un reportaje que Mark Jacobson había publicado en la revista New York sobre el ascenso y la caída de Frank Lucas, un conocido narcotraficante y jefe del crimen organizado estadounidense que dominó el tráfico de heroína en Nueva York a finales de los años 60 y principios de los 70. Dos años después, Steven Zaillian le puso a Ridley Scott en las manos una propuesta de 170 páginas, y Scott lo leyó, le interesó, y decidió no hacerlo. Se fue a rodar El reino de los cielos. Es decir, que mi película favorita de aquella década de Scott existe exactamente porque dijo que no a la que ahora defiendo como su mejor trabajo en veinte años. Cosas de Hollywood.
Lo que pasó después fue un desastre también propio de Hollywood El proyecto pasó por Brian De Palma, aterrizó en manos de Antoine Fuqua con Denzel Washington como Lucas y Benicio del Toro como el policía protagonista, y el estudio lo canceló en 2004 a un mes de empezar a rodar porque el presupuesto se le estaba yendo por encima de los 90 millones. Aquella cancelación costó un pastizal, unos 30 millones, de los cuales 20 fueron para Washington y 5 para Del Toro por términos de contratación, tal y como recogió Variety cuando la película por fin llegó a la temporada de premios. Universal canceló una superproducción con director negro y protagonista negro por trece millones de sobrecoste, y la resucitó dos años después con un caballero del Imperio Británico al mando. Scott volvió del desierto en 2005, se quedó con el guion de Zaillian frente a las reescrituras de Terry George y Richard Price, y rodó cinco meses entre Nueva York y Tailandia en 2006. e hizo un peliculón.
Denzel Washington y Russell Crowe casi ni se miran, y ahí está la gran jugada
Si os fijáis en la estructura, American Gangster hace algo que en 2007 era temerario y que hoy directamente un gran estudio tal vez no financiaría. Son dos películas paralelas de dos horas y media que apenas se rozan, con Frank Lucas construyendo un imperio por un lado y Richie Roberts hundiéndose en su propio divorcio y en su propia integridad por el otro. Los dos protagonistas comparten un puñado de minutos de metraje real y la película solo gana en intensidad gracias a esa separación narrativa. Zaillian entendió el material como una historia sobre negocios americanos y sobre racismo, no como una película de tiros, y esa decisión de enfoque es la que sostiene todo la historia. Ver a Denzel explicando por qué su heroína se llama Blue Magic es ver a un ejecutivo defendiendo la integridad de su marca frente a un mercado que quiere adulterarla. Solo DiCaprio lo ha hecho mejor en los últimos 20 años.
y ahí es donde la peli se separa de todo lo que Scott ha hecho después, porque es su única película verdaderamente adulta sobre el capitalismo, y no tuvo que disfrazarla de nada. Los que hayáis jugado a Mafia III sabéis exactamente de qué hablo, porque aquel juego de 2016 tenía ciertos puntos en común con esta peli, con un veterano negro de Vietnam desmontando una estructura criminal en un 1968 calcado de Nueva Orleans. La fotografía de Harris Savides y el montaje de Pietro Scalia hacen aquí un trabajo que no se parece a nada del Scott posterior, con una cámara que observa en lugar de subrayar, con un planteamiento mucho menos grandilocuente y gratuito. Vamos, que Scott no se molaba tanto a sí mismo como ahora. No hay épica de gran angular. No hay ese vicio de los últimos quince años de convertir cada plano general en un " momento retina". Hay gente hablando en cocinas y en coches, y eso es todo lo que hace falta para tenerte atrapado en el sofá. Está tan bien escrita como bien ejecutada.
Casi todo lo que cuenta sobre Frank Lucas es mentira
Ahora viene la parte "basada en hechos reales", y es us un poco spoilers, por si te aptece ver la peli y luego volver a quí. ¿Vamos? Venga: la famosa cadaver connection, esa imagen tremenda de la heroína viajando en los ataúdes de los soldados muertos en Vietnam, no ocurrió como la cuenta la película. El socio de Frank Lucas en el sudeste asiático, Ike Atkinson, lo negó siempre; el escritor Ron Chepesiuk no encontró un solo registro judicial que lo sostuviera; y el juez federal Sterling Johnson Jr., que fue clave en la detención de Lucas, resumió el asunto diciendo que la cinta es un uno por ciento de realidad, según recogió la investigación que publicó Associated Press justo cuando salían las nominaciones al Oscar.
Un grupo de exagentes de la DEA llegó a demandar a NBC Universal por difamación, y la demanda acabó desestimada. Lucas, que estuvo en el rodaje asesorando a Denzel sobre detalles tan concretos como la manera de llevar la pistola, siguió repitiendo hasta el final que él movió heroína en un ataúd, aunque solo una vez. Pero que la realidad no te estropee una buena historia, ¿no? Y aquí está lo interesante, porque a mí eso no me estropea la película, me la explica. Toda sociedad crea su bandido honorable, un arquetipo al estilo de Robin Hood (con el que Scott hizo una peli que me parece horrible, por cierto), creando la excepción a la regla de que "la realidad supera la ficción".
Lucas construyó su propio mito, porque todos comprendemos lo importante que es en el mundo criminal tener una buena leyenda que respalde tu autoridad, un periodista lo escribió, un estudio lo compró, y treinta años después seguimos discutiendo cuánto hay de real en esta historia. Lo honesto es reconocer que toda esta historia, películas incluída, hay un amor por las licencias creativas que supera las de un solo traficante mintiendo sobre sí mismo. La película no es un documental y jamás pretendió serlo, pero es una obra extraordinaria sobre cómo se construye un relato criminal en Estados Unidos, y eso resulta que sí es verdad. Hace poco os hablé de un caso parecido, con el bueno de Wyatt Earp y uno de los mejores western de Hollywood.
Dos nominaciones al Oscar pero no en las categorías que importaban
El palmarés de aquella edición de los Oscar es de los que dan grima repasar. No es que cinematográficamente se puede tener a estos galardones como prueba nada, especialmente en términos cinematográficos y en concreto en los últimos años. Pero sí sirven como un buen termómetro social, concurso de popularidad, y muestra de los gustos del gran público. American Gangster se llevó dos nominaciones, actriz de reparto para Ruby Dee y dirección artística para Arthur Max y Beth A. Rubino, y se acabó. Ni película, ni dirección, ni Denzel Washington, ni Russell Crowe optaron a la estatuilla, incomprensiblemente.
Recaudó 269 millones con un presupuesto de 100, que no está mal considerando el tipo de peli que es, y aun así la Academia la trató como un producto de temporada, en un año en el que la conversación se la comieron No es país para viejos y Pozos de ambición. Hay que decir que son dos peliculones y que, en este caso concreto, tal vez la Academia sí tuvo razón (aunque yo prefiero American Gangster a No es país para viejos). Diecinueve años después seguimos poniendo en las listas de trabajos más destacados de Scott a Prometheus, que a mí me parece una peli fascinante a ratos, estúpida en otros, rota por la mitad y traidora de su propia herencia. Pero eso es cosa mía.
Y sí, ya sé lo que me vais a decir: Marte es una película ,más ambiciosa, más espectacular y, más agradecida de revisar un domingo. Y con todo, esta me parece mejor hecha, mejor interpretada y mucho más humana, más que nada, porque no hace falta mandar a nadie a Marte para ponerle al límite, solo meterle en un mal acuerdo de divorcio.
La escena que lo justifica todo dura menos de dos minutos
En España la tenéis en Netflix y en Prime Video, así que esto se comprueba en una tarde. Volved a ella y esperad a la escena en la que la madre de Lucas (Ruby Dee), que se había criado en el propio Harlem y que ya había cumplido los ochenta cuando rodó aquello, le suelta a Denzel Washington una bofetada y un discurso que le arranca al personaje toda la coartada de golpe. Tremena. Peter Travers contó en su crónica para Rolling Stone que Scott repitió la toma tres veces y que ella le arreó igual de fuerte a Washington en las tres. El personaje está menos de diez minutos en pantalla en toda la película y se la lleva entera.
Es una de las piezas claves en la construcción de personajes de la peli, que ya hemos visto que tal vez no se ajuste del todo a la realidad pero que en la película funciona como un mecanismo de relojería, tanto por lo bien escritos que están los personajes como por la calidad de los personajes que les dan vida en la pantalla, desde los protas a los actores de reparto. Dee murió en 2014 y aquella nominación fue el único reconocimiento grande que le dio nunca la Academia, después de sesenta años de carrera; Frank Lucas murió en 2019, a los 88, sin haber contado del todo su versión de los hechos, por lo que sea.
De aquella película quedan un mito desmontado, un estudio que se avergonzó de ella dos años antes de rodarla y, tal vez, el último gran papel protagonista de Russell Crowe aunque tengo grandes esperanzas en El peso de la libertad. El caso es que Scott hizo una gran película hace 19 años, que no recibió el crédito que merecía, y que paradójicamente creo que fue su último gran trabajo, no por su escala ni por su ambición, si no por saber hasta dónde podía llegar para contar una pequeña historia de la ciudad de Nueva York de manera que resultara interesante, emocionante y humana. No hace falta montar mucho circo si tienes una buena historia, unos buenos actores y eres tan buen director como lo es Ridley Scott. O lo era. Bueno, "quien tuvo, retuvo", y eso no se lo quita nadie.
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