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La nueva distopía de Ridley Scott es también la más esperanzadora. Pero tiene 3 problemas

La nueva distopía de Ridley Scott es también la más esperanzadora. Pero tiene 3 problemas

El director de Blade Runner, Alien y The Martian regresa a la ciencia ficción nueve años después de Covenant. Es su película más cálida en mucho tiempo y, precisamente por eso, la que más se resiente

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La nueva distopía de Ridley Scott es también la más esperanzadora. Pero tiene 3 problemas
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Leí la novela de Peter Heller en "un momento muy extraño de mi vida", que diría en El Club de la Lucha , uno de esos en los que no estás exactamente mal pero necesitas que el mundo baje el volumen una temporada. Necesitaba estar solo. Y no lo digo con dramatismo, lo digo con la literalidad del que apaga el móvil un fin de semana y descubre, con cierto alivio y bastante vergüenza, que no se muere nadie. La constelación del perro me pilló justo ahí, y por eso siempre la he defendido como una distopía tramposa: parece que va del fin del mundo y en realidad va de un tipo que se ha quedado a solas consigo mismo y todavía no sabe si eso le está curando o está empeorando la situación. Lo que no esperaba era volver a reconocer ese impulso exacto dentro de una superproducción de Hollywood. Y ahí está, intacto, durante los primeros veinte minutos de la película de Ridley Scott.

La premisa respeta el esqueleto de la novela original de Heller. Una gripe con complicaciones hemáticas ha matado a la práctica totalidad de la humanidad y Hig, piloto civil y mecánico, un hombre cualquiera, sobrevive atrincherado en un pequeño aeródromo de Colorado junto a su perro y a Bangley, un antiguo marine que dispara primero y pregunta después. Secuelas culturales de la pandemia… Hig patrulla el perímetro en su avioneta Cessna, recoge suministros, cuenta los días y sobre todo escucha su radio, hasta que capta una misteriosa transmisión de radio y decide averiguar de dónde sale aun sabiendo que el depósito de combustible no da para volver. 

Firma la dirección Ridley Scott, el guion es de Mark L. Smith, responsable de El renacido y de Cielo de medianoche, sobre una adaptación previa de Christopher Wilkinson, y el equipo técnico es de primerísima fila: fotografía de Erik Messerschmidt, música de Harry Gregson-Williams y montaje de Claire Simpson junto a Sam Restivo. Son 119 minutos rodados casi íntegramente en Italia entre abril y junio del año pasado, con Cinecittà, la meseta del Cansiglio y los bosques de Manziana haciendo de unas Rocosas sorprendentemente convincentes.

La Constelacion Del Perro 3

El futuro es de los guapos, aunque sea distópico

El reparto es soberbio, y aquí llega mi primera pega. Jacob Elordi compone un Hig frágil y luminoso, Josh Brolin borda a ese Bangley que vive en estado de alerta permanente, y completan el reparto principal Margaret Qualley y Guy Pearce. Todos están estupendos. El problema es que todos son, además, guapos y carismáticos, y en la novela no lo era absolutamente nadie.En el libro es gente normal, gente fea, gente arisca. Como tú y como yo. 

El apocalipsis parece haber hecho una cuidada selección entre gente muy guapa para los buenos y gente muy creepy para los malos

El encanto original de Heller estaba precisamente ahí, en unos supervivientes corrientes, sucios, torpes y envejecidos a destiempo, desconfiados, violentos, traumatizados, profundamente tristes, gente a la que el fin del mundo había tratado como trataría a cualquiera. Aquí, en cambio, el apocalipsis parece haber hecho una cuidada selección entre gente muy guapa para los buenos y gente muy creepy para los malos. Es una decisión de casting perfectamente comprensible en una película de estudio de este tamaño, pero se lleva por delante una parte del alma del libro.

Como historia de ciencia ficción, la película se mueve dentro de un triángulo bastante reconocible: tiene la melancolía civil de Hijos de los hombres, el minimalismo áspero de La carretera y la soledad ritualizada de Soy leyenda, solo que sin vampiros. Incluso estoy dispuesto a forzar un poco la cosa y diría que funciona como precuela norteamericana de Mad Max, en ese momento bisagra entre que la cosa está mal y empieza a ponerse peor, con su carnaval de cuero y gasolina. No hay señores de la guerra, pero hay bandas nómadas de desaprensivos y hay vecinos armados de gatillo fácil. No hay grandes héroes, hay alianzas de conveniencia entre dos tíos que se aguantan porque la alternativa es morir solos de mala manera. Ese estadio intermedio, el del mundo que todavía recuerda cómo era ser civilizado, es donde la película encuentra sus mejores momentos. Si no estuviera antes The Last of Us la jugada les habría salido más redonda con esta peli porque todo nos parecería más original (incluyendo la banda sonora, que por momentos tal vez se parezca demasiado al gran trabajo de Gustavo Santaolalla).

Y llegamos al segundo problema. Ridley Scott sigue rodando como los ángeles, eso no lo discute nadie con dos ojos en la cara, pero esta película arrastra un montaje que la lastra de forma bastante evidente. El tramo central tal vez se le haga bola a más de uno. Yo he estado toda la peli enganchado, pero en esos momentos más de un compañero de prensa no ha podido evitar sacar el teléfono para qué hora era y cuánto metraje quedaba. Resulta curioso, porque los primeros compases son con diferencia los más lentos y también los que más me han gustado: la rutina del hangar, el ruido del motor, el racionamiento de la esperanza, el trauma de la pérdida. Ahí la película respira y confía en el espectador. En cuanto Hig se echa a volar en busca de nuevos horizontes, sin embargo, el relato trata de hacer avanzar las tramas con una impaciencia que no le pega nada. Conociéndose a Scott, espero que existia una versión más larga, más paciente y probablemente mejor.

Gracias Ridley, pero no me convence tu optimismo

El tercer problema es más discutible y asumo que puede ser cosa mía. La película insiste, con una convicción que a ratos roza la moralina más paternalista, en convencernos de que al final todo va a salir bien. A mis cuarenta y tantos ya sé del mundo lo suficiente como para saber que no. Ten cerca a la gente que quieres, forma una comunidad, confía en que habrá un futuro mejor... No sé si Scott intenta engañarme a mí o engañarse a sí mismo, y a estas alturas tampoco tengo claro que la diferencia importe demasiado. Lo que sí sé es que agradezco el esfuerzo, pero no me ha convenido. 

Los primeros compases son con diferencia los más lentos y también los que más me han gustado

Hay algo que desarma en que un director de 88 años, que ha dedicado media carrera a explicarnos que el universo es hostil y las corporaciones todavía más, se plante ahora delante de nosotros para decirnos que merece la pena aguantar. Que la cosa va a ponerse muy malita lo sabemos todos, no hace falta que nos lo cuente una película. Que alguien insista en encender una luz esperanza es, como mínimo, un gesto de cortesía. También puede ser que yo sea muy pesimista y tenga escasa confianza en la humanidad.

Por otro lado, ya más puramente cinematográfico, Ridley Scott no tiene ya nada que demostrarle a nadie. Lleva 49 años firmando algunas de las mejores películas que hemos visto y también, seamos honestos, algunas de las más decepcionantes, muy especialmente en la última década. Sobre su filmografía reciente revolotea un fantasma incómodo, ese "tú antes molabas" que sus propios fans llevamos pensando desde hace demasiado tiempo. La buena noticia es que aquí se le nota cómodo. Esta es una película contenida, sin grandes alardes, sin ese impulso de llenar cada plano general de extras digitales que le ha estropeado más de un tercer acto. La mala es que esa misma contención hace difícil localizar los destellos del talento que lo convirtió en Ridley Scott. Está el oficio, está el pulso, está la elegancia de quien sabe exactamente dónde poner la cámara. La chispa aparece a ratos y se marcha enseguida.

La Constelacion Del Perro 1

Una adaptación interesante pensada para llenar cines

Los cambios respecto a la novela merecen párrafo aparte. Una porción nada desdeñable del metraje de la parte final se desvía hacia una crítica social que en el libro sencillamente no existe, un subrayado sobre quién acapara los recursos, de l ceguera social de aquellos que se dedican a jugar al golf mientras el mundo arde y algo sobre cómo los ricos están tratando el mundo actualmente. No es una crítica nada sutil en la peli, pero os dejo descubrirla por vosotros mismos. 

Con todo, es posible que la película haya salido ganando con los cambios, al menos, como espectáculo

Me queda la duda de si responde al intento de contentar a un espectador que pide más acción, más drama y más tiroteos, o si es la vieja costumbre del cine de estudio de no cerrar nunca sin un acto heroico y un guiño positivo. No sea que alguien salga del cine más triste que cuando entró. Se nota la firma de Scott, por supuesto, y hay un par de momentos que están entre lo mejor de la peli, pero al conjunto le aporta poco más que una sensación persistente de rareza. A uno le vuelve entonces a la cabeza Mensajero del futuro, aquel naufragio postapocalíptico que Kevin Costner facturó en 1997 queriendo ser fábula íntima y epopeya de acción al mismo tiempo y acabó sin ser ninguna de las dos cosas. Al menos Scott sabe dónde está el freno.

Con todo, es posible que la película haya salido ganando con los cambios, al menos, como espectáculo. Una adaptación estrictamente fiel a Heller, toda voz interior y elipsis, quizá habría sido tal vez una propuesta demasiado minoritaria. Entiendo que para llenar salas en el último fin de semana de agosto, que es históricamente el vertedero del calendario de las distribuidoras, hace falta un reclamo más cercano al engañoso póster que a la novela en la que se basa. A pesar de esos 3 problemas, La constelación del perro es una película bonita, triste y bastante más amable de lo que cabía esperar. También es, muy probablemente, lo mejor que ha firmado Ridley Scott desde El Marciano (The Martian) en 2015, ahí codo a codo con El último duelo.

La constelación del Perro (BOLSILLO BLACKIE)

Salí del cine con ganas de llamar a gente. Es un efecto secundario que no esperaba de una distopía y que, me temo, era exactamente el objetivo. Luego me acordé de aquel fin de semana con el móvil apagado y caí en la cuenta de que la película me había hecho la misma jugada que el libro, solo que del revés: Heller me dio que está bien estar solo, aunque haya gente a tu alrededor, y Scott me está pidiendo, con muchísima educación, que deje de lado mis soledad y valore lo que tengo en lugar de pensar en lo que no

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