Skeletor es "la personificación de la masculinidad tóxica" en Masters del Universo, pero el problema en realidad es Jared Leto

La nostalgia ochentera de Masters del Universo y sus héroes polarizados contrasta con la polémica de Jared Leto, evidenciando la diferencia entre ficción caricaturesca y masculinidad tóxica real

Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

No me considero una persona machista. Seguramente, como cualquiera, participe de algún sesgo y sea algo partidista, pero habiendo crecido en los 80 en un país como España, creo honestamente que no lo soy. Sí me considero, eso sí, un gran fan de Masters del Universo. De ahí que me llamara la atención un reciente artículo de Empire firmado por Ben Travis y publicado el 6 de febrero de 2026, en el que el director Travis Knight define a Skeletor como "la personificación de la masculinidad tóxica" en su próxima adaptación cinematográfica.

Bueno. También es el usurpador del trono de Eternia, un practicante de magia negra y, en general, un villano de tomo y lomo. No engaña a nadie: tiene una calavera por cara, se ríe a carcajadas, a mandíbula batiente y con los brazos en alto. Dentro de la exagerada mitología de Masters del Universo, Skeletor es malo en todos los planos de su existencia. Seguro que es de los que van a los servicios comunes de la Montaña Serpiente y, después de hacer uso de las instalaciones, no tira de la cadena y deja todo el pastel ahí reposando para que se lo coma el siguiente. Creo que a los críos eso nos quedaba muy claro: El malo era el malo, de ahí que también sea un ejemplo claro de "masculinidad tóxica". Vamos, creo que es un ejemplo claro de "humanidad tóxica".

El malo era el malo, de ahí que también sea un ejemplo claro de "masculinidad tóxica". Vamos, creo que es un ejemplo claro de "humanidad tóxica"

Conviene ir a la fuente. En Empire, Travis Knight explica que su Skeletor es una recreación fiel del personaje clásico, calavera incluida, y que Jared Leto se acercó al papel por amor al villano y por su propia historia con la franquicia. Knight habla de inseguridad, de grandilocuencia, de actuación… y remata con esa frase tan llamativa: Skeletor como encarnación de la masculinidad tóxica. No es una ocurrencia gratuita: es una lectura contemporánea aplicada a un icono ochentero, y tiene sentido si entendemos a Skeletor como una caricatura extrema de dominación, resentimiento y necesidad de imponerse a los demás. El problema es otro: convertir esa lectura en una acusación general a Masters del Universo como franquicia machista o irresponsable, algo que en las últimas semanas y de la mano del estreno del tráiler de la próxima adaptación cinematográfica, he visto mucho. Y yo a eso digo: "no".

Eternia nació en los 80… y eso importa

Masters del Universo nace a principios de los años 80, en pleno reaganismo estadounidense. Es la era de Rambo, de los músculos imposibles, de hacer frente a comunistas, a los rusos, a los libios y repúblicas bananeras a golpe de testosterona. La política y la cultura popular iban de la mano, y el discurso dominante, con Nancy Reagan como icono del retorno al hogar tradicional, relegada a la mujer al papel de esposa sonriente que saca la tarta de manzana a enfriar en la ventana mientras espera a que su marido vuelva del trabajo. ¿De verdad sorprende que una línea de juguetes para niños de unos ocho años exagerase hasta el paroxismo algunos arquetipos? Los héroes eran muy buenos; los villanos, muy malos. La sutileza no estaba invitada a esa fiesta. Bastante bien terminó la cosa.

Este debate me recuerda mucho a otro recurrente: el de los superhéroes como posibles iconos fascistas. La idea de que concentran en una sola figura la autoridad para imponer el orden fuera de la ley, celebran la violencia y la jerarquía como soluciones legítimas y se envuelven en estéticas paramilitares y mitologías de destino manifiesto. Autores como Alan Moore han reflexionado sobre ello, y cineastas como David Trueba han señalado cómo esa fantasía del salvador todopoderoso puede normalizar deseos autoritarios en la cultura popular. Entiendo el argumento, especialmente en referencia a Moore y en parte lo comparto cuando se dirige a la industria y a ciertos fandoms que infantilizan el debate político y convierten la admiración por la fuerza en un culto al poder. Pero para evitar ese prejuicio, a veces basta con leer más tebeos de Spider-Man. 

A Alan Moore sí le entiendo, aunque creo que él se refiere más a la industria comercial vinvulada a los superhéroes que a los superhéroes en sí. El caso es que coincido en que la industria y el fandom a veces infantilizan el debate político y convierten la admiración por la fuerza en un culto al poder, lo que facilita la cooptación de esos imaginarios por discursos autoritarios. También creo que una línea de juguetes pensada para niños en torno a los 8 años tiende a exagerar y polarizar mucho los conceptos: los héroes son muy buenos, los malos, muy malos. Y no es una casualidad ni una torpeza creativa, sino una decisión consciente por parte de los diseñadores de Mattel, que entendieron muy bien a quién se dirigían

El célebre "¡Yo tengo el poder!" de He-Man no era un eslogan de dominación sobre otros, sino una fantasía de empoderamiento infantil: una forma de devolver simbólicamente la autoridad a críos que, en su día a día, apenas tenían margen de decisión ni control sobre su entorno familiar, escolar o social. En un mundo en el que los adultos mandaban y las normas eran inamovibles, y los chavales mayores del cole te pegaban en el recreo, Eternia se convertía en un espacio de proyección donde, espada en mano, podían sentirse fuertes, valientes y capaces de cambiar las cosas, aunque solo fuera durante el tiempo que duraba una aventura imaginada en el suelo del salón.

Volvamos al tema del machismo. Si los críticos se sacuden la pereza y se molestan en echar un vistazo a la mitología de la franquicia, verán que ya entonces hacía gala de personajes femeninos poderosos, interesantes y sorprendentemente modernos. Teela, Evil-Lyn o La Hechicera no eran meros adornos: tenían agencia, poder y ambigüedad. Y luego está el elefante (o el tigre verde de combate) en la habitación: She-Ra. Puede parecernos que afirmar que He-Man es "el ser más poderoso del universo" es incuestionable, pero el lore deja claro que su hermana es, en realidad, la figura más poderosa de esta mitología. Eso no es una reinterpretación moderna: está ahí desde hace décadas. Leed el lore.

La franquicia ha crecido y evolucionado. Con el paso de los años ha sabido potenciar narrativamente estos temas y adaptarlos a sensibilidades actuales. Las relecturas contemporáneas no solo explotan la nostalgia; también problematizan los modelos heredados. Cuando hoy se define a Skeletor como encarnación de la masculinidad tóxica, no se está traicionando Masters del Universo, sino dialogando con su legado. Por eso me toca defender a mis queridos Masters de ciertas críticas simplistas. La franquicia no inocula el machismo de forma inconsciente: exagera, caricaturiza y polariza. Y eso, en un producto infantil, es una diferencia importante.

Masters del Universo no es el problema. El problema es confundir la caricatura con la realidad 

A quien no puedo, ni quiero, defender es a Jared Leto, a quien tengo cierta manía como actor, lo confieso, pero aquí hablamos de otra cosa. En junio de 2025, un reportaje investigativo publicado por Air Mail recogía testimonios de nueve mujeres que atribuían al actor un patrón de comportamiento sexual inapropiado a lo largo de varios años, incluyendo interacciones con personas que habrían sido menores en el momento de los hechos. Los relatos hablaban de exhibicionismo, conversaciones sexuales explícitas y acercamientos a adolescentes desde los años 2000. Los representantes legales de Leto negaron categóricamente las acusaciones y las calificaron de falsas. No hay veredictos judiciales concluyentes, y conviene subrayarlo. Pero las acusaciones reavivaron un debate incómodo sobre fama, poder y un comportamiento tóxico en la industria del entretenimiento.

Aquí es donde el concepto cobra peso real. Machismo y masculinidad tóxica no son etiquetas estéticas para villanos de dibujos animados; son marcos para analizar cómo el poder simbólico y material puede derivar en dinámicas abusivas. Cuando una figura pública acumula acceso, prestigio y admiración, el desequilibrio de poder es evidente. Y la cultura mediática, durante años, ha normalizado una sexualidad masculina agresiva como sinónimo de éxito. Skeletor es un villano ficticio, exagerado hasta el esperpento, que sirve como espejo deformante de lo que no queremos ser. Jared Leto es una persona real, con un impacto real, cuya presencia mediática merece un escrutinio mucho más serio.

Masters del Universo no es el problema. El problema es confundir la caricatura con la realidad y disparar contra la nostalgia fácil mientras miramos hacia otro lado cuando la masculinidad tóxica real se manifiesta fuera de la pantalla. Eternia, al menos, nunca pretendió engañarnos. Así que sí: entre Jared Leto y Skeletor, me quedo con Skeletor. Aunque no tire de la cadena. 

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