La Casa Guinness entremezcla crimen, ambición y política narrando la historia de una de las compañías cervezas más icónicas del planeta Tierra
En los últimos días me he encontrado en diferentes medios noticias avisando sobre la inminente cancelación de La Casa Guinness. De momento solo son especulaciones, pero sí es cierto que la nueva serie del creador de Peaky Blinders para Netflix ha quedado lejos de acercarse a los números de su producción más icónica en la plataforma. Era complicado, ya que hablamos de un auténtico fenómeno de masas en el que todo el mundo conoce a Tommy Shelby y al actor que lo interpreta. Pero creo que todo aquel que disfrutara con las aventuras del gánster cometería un error si este fin de semana no empieza a ver este otro show de Steven Knight.
Ya sé que os suele molestar a muchos de vosotros eso de buscar constantemente sucesores para grandes éxitos. En el pasado algunos compañeros de profesión se equivocaron mucho cuando vendieron, por ejemplo, a The Witcher como una posible heredera de Juego de Tronos sabiendo, por los libros, que entre ambas sagas reinaba un océano de diferencias..., así como un poco apetito por hacer las cosas bien, claro está. Pero con La Casa Guinness creo que sí estamos ante un digno reemplazo de Peaky Blinders, a la espera de esta secuela ya anunciada por Netflix del drama criminal y político de época, elementos de los que claramente hace gala esta nueva ficción ambientada en una populosa Dublín de la segunda mitad del siglo XIX.
Di adiós a Birmingham y viaja a Dublín
Dejamos Birmingham y los tejemanejes de la familia Shelby para conocer a la familia Guinness y una Irlanda (también se visita Nueva York) a la que todavía le quedan varias décadas para alcanzar su independencia, pero que ya sueña con ella. Distinta ambientación, distintos personajes, pero, la verdad, tramas muy similares y una premisa no muy opuesta: tomar la vida de una o varias celebridades históricas no muy conocidas por el gran público y, a través de mucha inventiva, hacer navegar al espectador por la época en la que vivieron. En el caso de La Casa Guinness, como os podéis imaginar por el nombre de la serie, el vehículo conductor de la historia son los hermanos Edward y Arthur Guinness, los dueños por aquel entonces de la cervecera que a buen seguro os sonará.
Esto tiene un pequeño punto negativo: te será difícil no querer abrirte un botellín de Guinness tras ver alguno de los episodios del programa. No digo que esto sea una especie de comercial encubierto de Guinness como lo era 'La Guerra de los Mundos' de Ice Cube con Amazon, pero la icónica cerveza del país europeo tiene bastante protagonismo. Ya no digo que la serie narre la expansión de la compañía por Europa y Estados Unidos, sino que tenemos primeros planos de su proceso de fabricación, a varios personajes abriéndose y tomándose alguna "caña", etc. Son momentos dados del metraje que están justificados, pero que te crean la necesidad de querer abrirte una Guinness y tomártela mientras disfrutas de algún capítulo de esta producción. Yo caí; hacía años que no me bebía una y no sé si me demoraré tanto a partir de este momento.
Una vez os he puesto en situación y os he contado esta pequeña anécdota, ¿de qué trata exactamente La Casa Guinness? Bueno, os he dejado varias pistas antes, pero básicamente narra la historia de un grupo de cuatro hermanos (aunque la serie se centra sobre todo en dos de ellos) que heredan de su padre una enorme fortuna y la dirección y propiedad de una compañía cervecera en mitad de un contexto político y social algo tumultuoso, con una Irlanda que, como decíamos, ansía su independencia y aún vive las consecuencias de la Gran Hambruna que diezmó considerablemente la población de la hermosa Isla Esmeralda, llevando a muchos, cientos de miles, a migrar a Estados Unidos.
Hermanos con secretos y propias ambiciones
Cada uno de los hermanos esconde oscuros secretos, y cada uno de ellos tiene sus propias ambiciones personales, por lo que un poco la serie se siente como si a 'Peaky Blinders' le hubieran metido una capa de 'Succession', aunque sin llegar al extremo de la serie de HBO. Así, La Casa Guinness presenta una constante lucha por el liderazgo y la herencia con ajustes de cuentas entre hermanos y, sobre todo, rivales, todo ello aderezado por amores imposibles y constantes referencias históricas escritas de muy buena forma y ejecutadas con aún más maestría. La Casa Guinness utiliza un montaje vibrante familiar, con algunos letreros localizados al castellano bastante llamativos, que logra que no te aburras ni pierdas el foco en ningún momento, y también tiene algunas piezas en su banda sonora que ayudan en su objetivo, aparte, por supuesto, de un reparto con alguna cara conocida (qué bueno fue volver a verte Rey Joffrey) que lo borda en sus distintos cometidos. Un pack bastante completo, la verdad.
Sin entrar en spoilers ya es más complicado seguir con esta crítica, pero en resumen podría decir que La Casa Guinness es un muy buen drama histórico donde el crimen, la ambición y la política se entrelazan a través de buenos guiones, buenas actuaciones y el estilo que recuerdas de Peaky Blinders, pero quizás sin tener personajes tan carismáticos y eso puede que sea lo que más eches en falta si decides darle una oportunidad. Hay varias tramas abiertas para que no sientas que cada episodio es más de lo mismo, y para que diferentes tipos de espectadores encuentren motivos suficientes para darle una oportunidad. Es una producción que una vez pasan los dos primeros episodios engancha, y que sería una pena que acabara en su primera temporada ya que, esto sí os lo aviso, la serie acaba con un cliffhanger importante que te hace querer ver la segunda temporada.
Peaky Blinders demostró que esta mezcla de géneros funcionaba muy bien ante la audiencia, y en el pasado hemos tenido otros programas similares como Warrior (disponible en HBO Max y Netflix) que han sabido seguir su ejemplo con éxito. La Casa Guinness coge muchos de estos elementos, incluida la presencia de alguna que otra escaramuza callejera, y lo lleva a un nuevo escenario con sus diferencias. No estamos aquí ante la historia de un grupo de pandilleros, sino la de dos herederos ricos y sus hermanos, y esto hace que las intrigas palaciegas y políticas, más habituales de las últimas temporadas de Peaky Blinders, aquí sean más protagonistas en perjuicio de, quizás, un poco más de historias de bajos fondos. Espero que os guste.
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