Gilderoy Lockhart fue un peligro desde su etapa como estudiante en Hogwarts
Uno de mis pasatiempos preferidos a la hora de hablar de Harry Potter es señalar lo negligente que era Dumbledore. Me divierte muchísimo (desde un punto de vista simpático) señalar cómo dejó el colegio abierto con un basilisco rondando por la zona, cómo reparte puntos de forma completamente arbitraria a Gryffindor, cómo dejó que Sirius Black se colase en el colegio, cómo hizo oídos sordos a Harry cuando le dijo que él no había metido su nombre en el cáliz o cómo guarda en una escuela de niños un objeto único como La Piedra Filosofal por hacerle un favor a un amigo sin importar los posibles riesgos que ello conlleve. Prefiere llenar un ala del castillo de lazos del diablo y un perro de tres cabezas que declinar la oferta. Sin embargo, una de mis "hazañas" preferidas es ese momento en el que decide que contratar a Gilderoy Lockhart es una buena idea. Podríamos pensar que fue engañado, pero ojo, después de conocer la historia del profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, cambiará esa idea.
Listo, pero desconectado de la realidad
Gilderoy Lockhart es sin duda uno de los personajes más atípicos del Mundo Mágico; un fraude que se hace pasar por héroe con un final poético. Pese a que su principal aparición es en La Cámara Secreta (con alguna referencia posterior en los libros), su historia va mucho más allá gracias a los archivos de J.K Rowling.
Nacido de la unión de una bruja y un muggle, fue el único de los tres hijos del matrimonio en heredar la facultad mágica. Este hecho provocó que Gilderoy, bendecido con la gracia de su madre, pensara que era único y especial. Sus ínfulas mal llevadas tuvieron un primer choque de realidad al llegar a Hogwarts: allí era uno más y nadie lo conocía.
Desde ese momento, se esforzó por destacar y no siempre de la mejor forma. Fue seleccionado para Ravenclaw y, aunque no sacaba malas notas, consiguió que la gente lo conociera por todo aquello que no debía hacer, como grabar su nombre en el campo de Quidditch, con el consecuente rechazo. Quería serlo todo: capitán, ministro y alquimista. Su aires de grandeza pronto le llevaron a que incluso los profesores sintieran alivio cuando se fue del colegio. Travesuras como crear su rostro en grande a lo Marca Tenebrosa o automandarse cientos de cartas de San Valentín en lechuza fueron una gran molestia. Por aquel entonces, todos sabían que era más palabras que hechos.
Fuera de Hogwarts, se dedicó a dejar patentes hazañas en el extranjero, aunque en realidad lo que hacía era volverse experto en hechizos desmemorizantes. El resto ya lo sabemos. Entonces, yo me pregunto: sabiendo su historial, ¿qué clase de entrevista de trabajo le hizo Dumbledore? En momentos como la selección de Slughorn, profesor de Pociones, sabemos que la elección es completamente a dedo, pero ¿ya está? ¿Sin demostraciones ni referencias visibles? "Muchos profesores estaban desconcertados por la razón por la que Albus Dumbledore decidió invitar a Gilderoy Lockhart de nuevo a Hogwarts como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras", dice la propia autora.
Y luego, hay dos cosas más que me pregunto. La primera: ¿nunca escucha lo que dicen los alumnos? La segunda: ¿no tuvo consecuencias de ningún tipo por haber contratado a un charlatán? Por dar trabajo a Remus Lupin se lió mucho más, incluso siendo buen profesor, que por este suceso.
Bien, pues aquí viene la gran explicación, la que ha hecho que me parta de risa. Atentos a la explicación de Rowling:
"Los planes de Albus Dumbledore eran profundos. Daba la casualidad de que conocía a dos de los magos cuya obra Gilderoy Lockhart se había atribuido, y era una de las pocas personas en el mundo que creía saber lo que Lockhart tramaba".
Es decir, ¿me estás diciendo que Dumbledore puso en juego un curso entero de alumnos que estudiaban magia tan solo para desenmascarar a un farsante? La explicación es tan maravillosa como absurda. "La profesora McGonagall, a quien nunca le había gustado Lockhart, le preguntó a Dumbledore qué creía que aprenderían los alumnos de un hombre tan vanidoso y ávido de fama. Dumbledore respondió que «hay mucho que aprender incluso de un mal profesor: qué no hacer, cómo no ser". ¡Claro que sí, Albus!
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