
La Cosa de 2011 quiso ser más que una precuela, pero terminó atrapada entre el homenaje y el remake: ni ampliaba el misterio ni podía competir con Carpenter
¿Es una gran peli? No, qué va. ¿Me gusta? Pues la verdad es que sí. Pero entiendo que La Cosa, la de 2011, "la mala", no sea una peli que guste demasiado. Al que menos, al bueno de John Carpenter, director de La Cosa de 1982: el otro día dijo que es porquería delante de un auditorio lleno. A sus 78 años Carpenter se ha ganado el derecho a decir lo que le venga en gana, y aunque en este caso me escueza un poco, no encuentro la manera de quitarle la razón.
Pasó a mediados de agosto en Fan Expo Chicago, una convención que este año tenía un aliciente especial porque Kurt Russell hacía allí su primera aparición en una convención en más de seis décadas de carrera. En mitad de su panel del domingo, cuando la conversación derivó hacia La Cosa, aparecieron por sorpresa en el escenario Keith David y el propio Carpenter. Y ahí, según las declaraciones recogidas por IGN, Carpenter soltó esto: "Hicieron una secuela, supongo, o algo así. El campamento noruego, ¿visteis aquella porquería? Metieron efectos digitales y tenían… En lugar de una prueba de sangre era una prueba dental. Era irreal. ¿¡Qué!? ¿¡El dentista!?". Claro, no han faltado fans saliendo en defensa de la precuela. Yo me apunto a los dos bandos a la vez, que es una postura incómoda pero no me queda otra: me gusta la peli pero Carpenter da en el clavo.
Me gusta la peli de 2011 pero no la necesito para nada
La Cosa de Carpenter me parece una obra maestra del género, una de esas pelis que no envejecen porque nunca dependieron de su época para funcionar. Es de esas pelis que he visto tantas veces que me la sé casi de memoria. Todo lo que me gusta de la precuela de 2011 es, en el fondo, un reflejo de lo que me gusta de la original. Me gusta el campamento noruego porque lo vi destrozado en 1982 y siempre quise saber qué había pasado allí dentro. Aunque claro, el encanto del asunto es no saberlo. Me gustan el hacha clavada en la puerta, el cadáver de dos caras y el bloque de hielo vacío, porque cada uno de esos detalles es una pieza de un puzle que Carpenter dejó a medio montar y que la precuela se encarga de encajar una por una, aunque no era necesario.
Así que mi cariño hacia la de 2011 es un cariño prestado. Si mañana borrasen la de 1982 de la historia, la precuela se quedaría en una peli de monstruos correcta, con una protagonista sólida en la piel de Mary Elizabeth Winstead que es una actriz que me gusta mucho, y un par de sustos bien colocados, y probablemente no me acordaría de ella. Por eso me parece completamente innecesaria, porque no amplía nada que pidiese ser ampliado y porque el misterio del campamento noruego funcionaba precisamente por ser un misterio. Y aun así la vuelvo a ver, y la disfruto como un crío cuando en los últimos minutos aparece el perro corriendo por la nieve con el helicóptero detrás. ¿Os pasa lo mismo, o soy el único que quiere a esta peli por los motivos equivocados?
La Cosa de 2011 nació del miedo a pintarle un bigote a la Gioconda
La historia empieza con Marc Abraham y Eric Newman, los productores de Strike Entertainment que ya habían levantado el remake de Amanecer de los muertos (Dawn of the Dead, 2004). Rebuscando en el catálogo de Universal dieron con la peli de Carpenter y, según contó Newman durante la promoción, rehacerla les parecía tan absurdo como pintarle un bigote a la Mona Lisa. De ahí salió la idea de la precuela, que Universal anunció a comienzos de 2009 con Ronald D. Moore, el responsable de la nueva versión de Battlestar Galactica, al guion, y con el holandés Matthijs van Heijningen Jr., que venía de la publicidad, debutando en el largometraje. El borrador de Moore tenía soldados soviéticos, tensiones de Guerra Fría y hasta un pasado algo compasivo para la criatura, y él mismo lo definía como una pieza complementaria pensada para desembocar sin costuras en la de Carpenter. Aquel guion acabó en un cajón, y Eric Heisserer escribió otro desde cero, pero con la misma idea de fondo.
La de 2011 es una peli sobre un organismo que imita a la perfección a otros seres vivos, y ella misma se pasa dos horas imitando a otra peli: mismo título, mismo frío, una protagonista que hace de MacReady, una escena de prueba para desenmascarar al bicho y una cuenta atrás hacia un desenlace que ya conocíamos. Ojo, que copiar no es un pecado original en esta saga, porque la de Carpenter también era un remake, el de El enigma de otro mundo (The Thing from Another World, 1951), y las dos bebían del relato ¿Quién anda ahí? (Who Goes There?) que John W. Campbell publicó en 1938. La diferencia es que cada una de aquellas versiones volcó en el bicho el miedo de su tiempo, la amenaza exterior de la Guerra Fría en los cincuenta y la paranoia de no poder fiarte ni de quien duerme a tu lado en los ochenta. A la de 2011 solo se le ocurrió ponerle el miedo a parecerse demasiado a la de 1982.
Hollywood lleva décadas reciclando el catálogo de Carpenter
Conviene recordar que La Cosa de 1982 tampoco fue un éxito en su día. Se estrenó el 25 de junio de 1982, dos semanas después de E.T. el extraterrestre, recaudó unos 19,6 millones de dólares en Estados Unidos con un presupuesto de 15, y buena parte de la crítica la trató a patadas. Carpenter ha dicho alguna vez que se toma mal todos sus fracasos y que el que peor llevó fue precisamente este. Su rescate llegó después, por la vía del videoclub y la televisión, que es algo que le pasó a muchas pelis que consideramos clásicos de la época. Ese prestigio tardío fue justo lo que, veinte años más tarde, hizo que su filmografía empezase a parecer una cantera de grandes ideas.
Entre 2005 y 2007 Hollywood rehízo Asalto al distrito 13 (Assault on Precinct 13), La niebla (The Fog) y Halloween, esta última con Rob Zombie, nada menos. Carpenter siempre se ha tomado estas cosas con un humor muy suyo, y en una entrevista llegó a decir que su sueño era cobrar por no hacer nada y que el remake que más le apetecía era aquel por el que le pagaran más. La Cosa de 2011 llegó al final de esa cadena, con un presupuesto de 38 millones, un estreno retrasado de abril a octubre de 2011 para rodar escenas adicionales y un primer fin de semana de 8,5 millones en Estados Unidos. Su recaudación mundial se quedó entre los 27 y los 31 millones, según la fuente que se consulte, por debajo de lo que costó, y la secuela que su director tenía en la cabeza nunca pasó de idea. ¿Dónde habrían podido encajar una secuela? A saber. Lo mismo es mejor así…
Carpenter tiene razón con lo del dentista
Voy a romper una lanza por la prueba dental, aunque sea pequeñita. La peli establece que la criatura no puede copiar materia inorgánica, así que quien tenga empastes y los conserve es humano, y la idea tiene su lógica dentro del mundo que plantea. El problema es que se nota que es una escena escrita para no copiar a la del análisis de sangre, pero que no deja de recordártela. Carpenter, que de esto sabe un rato, lo ha resumido con humor, pero si se le escucha con atención, creo que lo que de verdad le molesta va en la frase anterior: los efectos digitales.
Alec Gillis y Tom Woodruff Jr., de Amalgamated Dynamics, construyeron para la peli un arsenal de criaturas prácticas, animatrónicos y prótesis de los de toda la vida, old school. Tras unos pases de prueba poco alentadores, Universal temió que el resultado pareciera una peli de los ochenta y ordenó sustituir casi todo ese trabajo con CGI, y lo mismo pasó con el final original, la llamada versión Pilot, en la que Kate encontraba dentro de la nave a sus pilotos alienígenas muertos y descubría que el bicho era un espécimen escapado. Al estudio le pareció confuso y también lo cambió.
El propio van Heijningen lo reconoció en 2023 en una entrevista: se quedaron atrapados en tierra de nadie, con una animatrónica que parecía anticuada y un CGI que todavía no era lo bastante bueno, pero hoy se arrepiente de las modificaciones. Gillis respondió como responden los artesanos, levantando en 2013 un Kickstarter de más de 384.000 dólares para rodar Harbinger Down (2015) con Lance Henriksen y efectos prácticos de principio a fin, y la campaña #ReleaseThePilotVersion sigue reapareciendo de vez en cuando en redes sociales.
Ni remake ni precuela: La Cosa de 2011 quiso ser un legacy sequel
Siete años después, en octubre de 2018, Halloween demostró cómo se hacía. Era una secuela directa de la peli de 1978 que ignoraba todo lo demás, traía de vuelta a Jamie Lee Curtis, contaba con Carpenter como productor ejecutivo y compositor, y con un presupuesto de 10 millones pasó de los 250 en todo el mundo. La gran diferencia es que Halloween aceptaba lo que era, un legacy sequel de manual que conversaba con su pasado, mientras que La Cosa de 2011 no podía traer de vuelta a nadie del reparto original porque su historia ocurría antes. Y sin embargo, la peli es casi la misma.
El título idéntico, sin número ni subtítulo, delataba esa indecisión entre rendir homenaje, sustituir y repetir. Curiosamente, la secuela que muchos podemos aceptar como tal llegó por otro lado, con el videojuego de 2002 de Computer Artworks, ambientado tres meses después de la peli, con un sistema de confianza y miedo entre los personajes que trasladaba la paranoia al mando y con el propio Carpenter haciendo un cameo como el doctor Faraday. Nightdive lo recuperó en diciembre de 2024 con un remaster, y sigue siendo la continuación con más sentido que ha tenido esta historia.
Lo de van Heijningen tampoco iba tan desencaminado, ojo. Su secuela soñada, según contó en esa misma entrevista, habría rescatado a Kate en alta mar para llevar el horror a una plataforma petrolífera, y esa idea de monstruo sin forma, aislamiento y metal oxidado acabó encontrando hogar en otro medio con Still Wakes the Deep en 2024, que bebe de la peli de Carpenter sin necesidad de llevar su título. El propio Carpenter, a finales de 2025, decía en otra convención que estaban trabajando en una continuación de La Cosa, pero de momento nada.
Casi 45 años después de dejarnos helados en una base de la Antártida, el viejo maestro del terror y la ciencia ficción ha despachado la precuela de su mejor película con cierta mala uva, no sé si tiene alguna espinita clavada con este tema. El caso es que hay algo muy de La Cosa en esa idea de que un relato es replicado hasta 3 veces por el cine y que ahora genera una tremenda desconfianza tanto a estudios de Hollywood como a espectadores. Y hay algo muy de Carpenter en ese "ya veremos" con el que despacha cualquier pregunta sobre el futuro de su Cosa. Es casi lo mismo que le dice MacReady a Childs al final de la peli: ¿por qué no esperamos aquí un rato, a ver qué pasa?
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