Análisis: Juiced 2: Hot Import Nights| 3 de octubre de 2007 / Por Jesús Bella Ceacero | Página 1 de 4 |
| Tuning, velocidad y apuestas, una estupenda fórmula que triunfa en las noches urbanas. |
Coches tuneados, velocidad, chicas exuberantes y buena música. Juiced ha vuelto, perdiendo el “respeto”, pero ganando la licencia Hot Import Nights y nuevas plataformas next-gen a las que explotar gráficamente. Prepara tu coche, realiza una última apuesta, acelera, pon el nitro al máximo y presiona al rival hasta echarlo fuera de la pista. Esta vez no sólo servirá la victoria, sino conseguir el mejor ADN de piloto. |
Juice Games no es una compañía precisamente grande ni con una gran trayectoria en el mundo de los videojuegos. Sin embargo, supo poner en escena un título que, hace algo más de dos años, logró ganarse el apoyo de los jugadores arcade más apasionados del mundo de la conducción tuning. Con unos coches dotados de un comportamiento no demasiado realista, el videojuego destacó por brindar una gran diversión aderezada con un apartado gráfico lleno de brillos y luces que ponían de relieve unos paisajes nocturnos repletos de carreteras urbanas.
Después de ese año 2005 en el que, por cierto, THQ logró rescatar el título antes de que cayera con Acclaim, Juice Games ha vuelto para dejarnos muy claro que su mejor obra arcade aún tiene mucho que decir. Basado ahora en la conocida licencia estadounidense Hot Import Nights, el videojuego nos trasladará a un mundo repleto de coches tuneados, modelos exuberantes y famosos pinchadiscos capaces de llevar el ritmo de una fiesta que discurrirá en ciudades como Seattle, Boston, Chicago... e incluso algunos emplazamientos del resto del mundo que nos acercarán al remoto país de Japón.
El efecto blur sobre el escenario y los coches será más que predominante, potenciado además por que correremos siempre de noche, con luces iluminando una ciudad que se desenfocarán con la misma velocidad que nuestro vehículo.
Un coche a tu medida
Pero no hemos de olvidar que esto es una competición y, como en cualquier desafío sobre ruedas que se precie, deberemos de contar con un vehículo a la altura de las circunstancias. Éste no tardará en llegar, ya que poco después de haber creado nuestro perfil y nuestra propia apariencia, nos dispondremos a entrar en un garaje en el que comprar un bólido que modificaremos de arriba a abajo hasta que digamos: "¡quiero conducir este coche!". Las opciones de personalización serán enormes, e irán desde pequeñas pegatinas que adosar a las puertas de nuestro vehículo hasta una pintura metalizada en la que se reflejen cada una de las luces que iluminan los circuitos.
Pero habrá mucho más: modificaciones sobre el capó, sobre los frontales, sobre los bajos laterales y traseros, llantas de todos los diseños y tamaños, alerones más llamativos o más discretos, así como unos completos kits que mejorarán tanto la potencia del coche como su peso, su carga de "nitro" o su facilidad de manejo. Todo estará disponible a cambio de un puñado de dólares en nuestro bolsillo. En la mayoría de las ocasiones, se tratará de precios prohibitivos, pero será un desembolso que saldrá, a la larga, muy rentable, ya que si apostamos bien podremos convertirnos no sólo en los amos de la pista, sino también de los concesionarios.


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