Análisis: Divinity 2: Ego Draconis| 26 de octubre de 2009 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 1 de 2 |
| Magia, misticismo, acero y alma de dragón: un excitante RPG cautivador de mentes. |
El interesante Divine Divinity recibe segunda parte bajo el mucho más comercial nombre de Divinity 2: Ego Draconis. Larian Studios ofrece un juego de rol de los de la antigua escuela, con aditivos tremendamente interesantes como nuestro dominio sobre los dragones o la posibilidad de leer las mentes de los NPCs. |
Los responsables de Divine Divinity y Beyond Divinity atacan de nuevo, y lo hacen con una deliciosa propuesta bajo el nombre de Divinity 2: Ego Draconis. Su papel de ser una de las compañías europeas más respetadas dentro de los RPG les ha ayudado a afrontar un proyecto de estas características con la suficiente confianza.
Y es que el salto de ambición, profundidad y posibilidades de su nuevo videojuego supera con mucho lo que los trabajos precedentes de Larian Studios han reportado hasta ahora. Divinity 2 funciona a casi todos los niveles y tiene el elemento francamente innovador de la lectura de las mentes de los NPCs. ¿Qué le ha faltado para ser excepcional? Algo más de duración, unas misiones con más gancho y un mundo igual de detallado pero más grande.
El Reino de los Dragones
Divinity 2: Ego Draconis tiene lugar en el reino de Rivellon, un lugar amenazado por los dragones. Nuestro personaje, al que bautizaremos y del que decidiremos su aspecto al inicio de la partida, parte como un vulgar aprendiz de cazadragones en la zona de Albor Remoto, lugar tradicionalmente ligado a este tipo de instrucción.
Ya desde la primera cinemática que contemplaremos en la que la cámara sigue a un pequeño insecto que sobrevuela un riachuelo, nos podemos hacer una idea del nivel de detalle y de atención que los chicos de Larian Studios han puesto en la forma de narrar la historia del título.
No hay mucho contexto al empezar la aventura, y es que las cinemáticas que abren el modo Campaña tienen más valor por su fuerza estética que por su exigua carga argumental. Así pues no contaremos nada de la historia, puesto que al estar tan fuertemente entroncada con la propia experiencia del usuario a la hora de descubrirla, entendemos que no aportaríamos gran cosa y sí destruiríamos algo de la propia experiencia. Sí diremos, sin embargo, que se trata de un guión bastante clásico y sin grandes sorpresas o golpes de efecto, hay algún necesario giro argumental en puntos determinados de la narrativa, pero la mayoría de ellos son francamente predecibles.
Morgana al comienzo del videojuego lanzará un hechizo sobre nosotros que nos dará la memoria de los dragones. Gracias a ella el color de nuestros ojos cambiará e incluso podremos ver a los muertos.
Las poco más de 20 horas que nos costará superar toda la experiencia individual están básicamente contadas en base a los diálogos que tendremos con otros NPCs que pueblan el mundo de Divinity 2. Así pues bastará con situarse cerca de uno de ellos y pulsar el botón E en la versión de PC para poder entrar a charlar: Diálogos a menudo cargados de humor y que se desarrollan en un formato muy clásico con las opciones en la parte inferior de la pantalla para seleccionarlas con el ratón, y los primeros planos de los personajes en la superior.
Donde Ego Draconis trata de separarse de lo tradicional del género en lo que a la interacción con el resto de personajes se refiere es en lo tocante a la lectura de mentes. Esto supondrá que podremos averiguar cuándo un NPC, por ejemplo, nos miente; lo que servirá para resolver algunos de los rompecabezas de este estilo que plantea el videojuego. La opción de saber qué están pensando otros suena más fascinante sobre el papel de lo que acaba resultando en su ejecución, puesto que está mucho más encorsetada de lo que cabría esperar y apenas tiene interferencia por nuestra parte más allá del gasto variable de experiencia que conlleva y que nos obligará a un uso estratégico de la habilidad. Sin embargo hay que valorar muy positivamente su inclusión y las posibilidades que aporta, aunque les falte un plus en su ejecución.
Lo que no nos ha parecido tan brillante son un par de aspectos de cierta importancia. El primero es el corte repetitivo de todas las misiones, el argumento no ayuda mucho a desarrollarlas, y a medio plazo nos daremos cuenta de que estamos repitiendo los mismos patrones una y otra vez. Por otra parte tampoco nos ha parecido un acierto el sistema de regeneración automática de salud, que resta buena parte de la estrategia que habitualmente supone el tener que gestionar este tipo de aspectos.
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Para ser un Cazadragones contaremos con varias habilidades especiales. La de convertirnos en dragón será sin duda la más espectacular de ellas.
Rol Añejo
Con Divinity 2 nos encontramos un lanzamiento, insistimos, clásico, y que respeta a rajatabla todas las características del género en cuanto a combates, misiones principales o secundarias u obtención de experiencia por las muertes entre otras cosas. Sin embargo hay algunos elementos además del que ya hemos descrito sobre la lectura de mentes que también ayudan a hacer del título algo más genuino.
En términos de control el título sigue la línea que el rol occidental ha formalizado en los últimos años. El control es ágil y preciso, y nos permite mover la cámara con ésta fijada a la espalda del personaje, y desplazarnos con las clásicas alternativas del sprint, el caminar lento, el salto y una voltereta lateral muy útil para dar dinamismo a los combates que nos permitirá esquivar golpeos de los enemigos.
El combate no es particularmente profundo, pero sí ofrece una serie de alternativas interesantes a la hora de sortear los enfrentamientos. Por un lado en lo que respecta a la lucha cuerpo a cuerpo tenemos algunas opciones como las de combinar los clásicos golpeos con las armas y movimientos; así, por ejemplo, si corremos hacia un rival y pulsamos el botón de ataque normal nos abalanzaremos sobre él con gran fuerza, mientras que si lo hacemos de forma estática o saltando serán totalmente diferentes.
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Una vez aprendamos la habilidad de leer la mente podremos, a cambio de una cantidad de experiencia, saber lo que nos ocultan otros personajes o incluso descubrir habilidades que ellos conocen y nosotros no.
Por otra parte el enfrentamiento a distancia es todavía más sencillo, con un solo botón sacamos un arco, por ejemplo, y pulsándolo de nuevo lo disparamos. Similar es el empleo de los hechizos y habilidades especiales, que se equipan con los números del teclado escogiendo los que están expuestos en la parte inferior de la pantalla, y que en función de su tipo se lanzan, activan o engarzan en nuestras armas ejecutándose su uso con un click de ratón.
Por otro lado una de las mejores noticias que nos deja el título a la hora de satisfacer a los más aficionados a los RPG es la de la ausencia total de auto-level. Esto significa que determinadas zonas serán del todo inaccesibles puesto que los enemigos podrán acabar con nosotros en cuestión de segundos. Para mejorar nuestro personaje deberemos llevar a cabo un buen puñado de misiones secundarias con las que incrementar nuestras características más allá a menudo de las que el arco principal nos pueda proporcionar.
Las misiones además ofrecen profundas alternativas, y las decisiones que tomemos tendrán repercusión directa en acontecimientos que sucedan después en la partida. Así en función de cómo nos relacionemos con algunos personajes su afiliación por uno u otro bando o su situación puede cambiar en el futuro, de modo que deberemos tener mucho cuidado con todo lo que hagamos.


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