Transport Fever 3 presenta sus novedades y calienta su llegada a PC (Steam), Mac y Linux
No soy el público objetivo de los simuladores y ni siquiera aparecen en mi lista de deseados, pero sí tengo clara una cosa: cuando uno me entra, me entra bien (qué mal ha sonado eso). Siempre que me asomo a una de estas propuestas, ya sea por mera curiosidad o porque Álvaro necesita que alguien juegue un simulador, el resultado termina siendo el mismo: empiezo "un ratito" para entender la premisa, optimizo un par de aspectos, gano un poco de dinero y, de repente, llevo varias horas sin despegarme de la pantalla.
Ese es el contexto perfecto para Transport Fever 3, el título de Urban Games que acaba de publicar el cuarto episodio de su serie "First Look" para ofrecer detalles sobre la evolución del gameplay de magnate y, al mismo tiempo, profundizar en el sistema de crecimiento urbano más sofisticado hasta la fecha. Aquí, el "3" de Transport Fever 3 no es como el de Vivancos 3, el clásico del gran Wyoming: no es una entrega que espera el éxito para lanzar más, es una serie contrastada que cuenta con una base importante tanto de devotos como de jugadores.
Al mismo tiempo que revela todos esos aspectos, también confirma que el juego llegará a Mac y Linux el mismo día de lanzamiento, señalando a su vez que estará disponible en Steam para todos los interesados. Así, la tercera entrega se vende con una frase muy ambiciosa, una que dice lo siguiente: "El simulador definitivo de magnates del transporte". A mí, personalmente, me suena más a reto que a promesa, a uno que demuestra que estos juegos no te ganan por el marketing, sino por el bucle de planear, fallar, ajustar, retocar… y crecer hasta que el sistema te supera.
El dinero es el principio del problema
Quién dijo que el dinero no da la felicidad, seguro que no ve como le sobra mes al final del sueldo. Urban Games insiste en que levantar un imperio rentable no es la meta, sino el punto de partida de Transport Fever 3. Por ello, asegura que ha reequilibrado la economía para que el reto aguante toda la partida, así que las clásicas rutas que acaban "imprimiendo dinero" deberían ser más difíciles de mantener. Por ello, entra en juego tanto la revisión como la optimización de líneas antiguas a medida que la ciudad evoluciona y cambian las demandas.
Si lo tuyo es regular el sufrimiento a tu gusto, el juego también presume de poner a tu disposición controles de dificultad muy granulares: densidad de industria, productividad, costes de mantenimiento, penalizaciones por subsidios y mucho más. Vamos, que cualquier partida puede pasar de ser una tarde agradable y amable a un sufrimiento con la bancarrota al acecho. Sí, igual que cuando juegas con ese amigo intenso al Monopoly que te ofrece lo mínimo porque te está "haciendo un favor".
La ciudad no es un decorado y tiene vida propia, tanta que es capaz de enfadarse. El crecimiento urbano se ha rediseñado por completo y la idea clave es que cada ciudadano sigue rutinas individuales y se mueve entre distritos residenciales, industriales y comerciales, así que tendrás que saber cómo optimizar eso. Si tu transporte es malo, buscarán opciones más cercanas o utilizarán un coche privado, momento en el que la congestión aumenta y se frena la expansión. Si siempre te has quejado de tu núcleo urbano, esta es tu oportunidad de oro para demostrar por qué serías un buen alcalde.
La progresión se estructura en niveles y van desde una aldea hasta una metrópolis moderna, y avanzar depende de transportar pasajeros y carga. Los pasajeros "puntúan" (entiéndase las comillas) más cuanto más largo sea el viaje, casi como una versión ultra ambiciosa de Crazy Taxi, y la carga vale más según la complejidad del producto y aspectos como la puntualidad. Mientras, la ciudad crece y pide bienes más sofisticados, así que no es el clásico "mueve cosas", es el moderno "mueve cosas bien" para que disfrutes optimizando.
El "estrés gracioso" es una virtud… ¿no?
Crecer también tiene un coste tanto social como ambiental. La reputación y la satisfacción influye en la velocidad de crecimiento, así que puedes sufrir una penalización por decisiones agresivas como demoler edificios o talar bosques para infraestructura. Además, también cuentan tiempos de espera, rutas ineficientes, cargas retrasadas, congestión, ruido, contaminación… la gente de Transport Fever 3 se lo ha currado de lo lindo.
Para poner fin a esos momentos, tienes pantallas acústicas, carreteras arboladas y otras opciones que descubrirás si eres fan del "estrés gracioso", ese que suele ir ligado a los juegos de simulación y gestión a gran escala. Además, el juego también mete recompensas a largo plazo: bonificaciones regionales, una sede de compañía personalizable con beneficios, ventajas regionales por contratos de subsidio (ejem, ejem… ya me entiendes) o por construir edificios emblemáticos.
Además, también remata todo esto con especialización urbana. Sí, una ciudad puede crecer sin variedad de carga, pero lo hará más lento, así que su aspecto evoluciona según tus suministros y tu dedicación. Ejemplo: si priorizas productos comerciales, tendrá un crecimiento diferente al que vivirías si das más importancia al lado industrial. Incluso aquí la política importa, ya que no está tan marcado como en la serie Tropico, pero sí puedes decidir qué te importa más y evolucionar en consecuencia.
Mi experiencia personal con simuladores
Aquí entra en juego cómo vive cada uno su acercamiento a los títulos de este género. A mí, los simuladores me enganchan cuando pasan de "tengo un plan" a "tengo que apagar ese fuego con el vaso que tengo en la mano y… ah, está vacío, qué bien". En Gas Station Simulator, por ejemplo, empecé con una rutina simple que me llevó a contratar gente cuando todo se fue de las manos. En la saga Two Point, por otro lado, quise optimizar un hospital y vi cómo el caos absurdo tomó el control para terminar siendo lo más divertido que podía vivir.
Ese "estrés gracioso" me atrapa, ya que puedo probar, fallar, ajustar y ver cómo cece el sistema conmigo. Transport Fever 3, por la descripción de su cuarto episodio de novedades, parece construido para fabricar exactamente eso: redes que hay que optimizar constantemente, ciudades que cambian, una reputación que se resiente si no sabes qué hacer, atascos si ignoras el transporte público y la sensación constante de que siempre hay un tornillo que apretar.
Existen juegos como Agony que venden el infierno literal, pero en un simulador de magnates es diferente, ya que el infierno suele ser autoimpuesto. No solo por los demonios y todas sus formas, sino por tu ego de magnate y esa frase que nos ha llevado a perder varias horas frente a la pantalla (y algunas más en algunos otros sitios): "Venga, solo una más".
Si Urban Games cumple lo que vende, un ecosistema conectado en el que equilibrar edificios mientras disfrutas de la satisfacción ciudadana y el impacto ambiental, todo ello mientras gestionas varias ciudades grandes que se convierten en un ejercicio de riesgo, Transport Fever 3 puede ser uno de esos juegos que probarás y, casi sin darte cuenta, asumirás que igual dormir no es tan necesario. Aquí, no pasa como con Vivancos 3: el "3" de Transport Fever 3 demuestra que sí hay dos éxitos previos que dan fortaleza a esta creencia.
En 3DJuegos | Este RPG de piratas me ha tenido 10 horas navegando y combatiendo. Me ha gustado tanto que ahora no dejo de pensar en él
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