
Cosmoship Yamato √2199 reúne por primera vez a Production I.G y Khara alrededor de la nave de la que salieron, entre otras cosas, Gundam, Evangelion y el Hadouken de Street Fighter
El pasado 6 de octubre, el mismo día en que se cumplían 52 años del estreno de la serie original, se anunció Cosmoship Yamato √2199, una peli de animación para cines con Hideaki Anno como director y productor ejecutivo y con Yutaka Izubuchi, responsable de la remake Space Battleship Yamato 2199, como codirector. ¿Te dice poco el tema? Normal. En Occidente no le hemos hecho mucho caso a esta saga espacial, pero el mundo del anime no sería el que conocemos sin ella. Hoy os voy a contar porqué deberías hacerle tú un poco más de caso.
Esta nueva peli sin duda será un reclamo importante de cara a una nueva generación de fans: La animación correrá a cargo de Production I.G (Kaiju No. 8, Psycho-Pass, Ghost in the Shell: Stand Alone Complex)y de Khara, el estudio de Anno, que trabajan juntos por primera vez. De momento solo hay una imagen promocional, la nave Yamato preparándose para despegar desde una Tierra arrasada, y ni rastro de fecha, tal y como recoge el comunicado oficial. Poca cosa, sí. Pero me ha bastado para dedicarme un rato a pensar en una nave espacial que me parece flipante y que a muchos de vosotros, probablemente, no habéis visto nunca.
Y no os culpo. Space Battleship Yamato (Uchū Senkan Yamato) es una de esas obras que en Japón forman parte de la memoria colectiva, hasta el punto de que Shigeru Ishiba, años antes de llegar a primer ministro, confesaba en televisión que una de sus frases más célebres (Chikyū, nanimokamo mina natsukashii, que se traduce al español como "Tierra... todo es tan nostálgico" o "Tierra... qué buenos recuerdos") le hacía llorar. Tal vez esté a la sombra de otras obras como Capitán Harlock, pero sin duda es una epopeya cósmica en la que tienen sus raíces fenómenos posteriores como Gundam. La historia empieza, cosas de la vida, con una derrota frente a una pizpireta niña de los Alpes.
La serie que perdió contra Heidi
Space Battleship Yamato se estrenó el 6 de octubre de 1974 en Yomiuri TV y tuvo la mala suerte de coincidir con Heidi (Alps no Shōjo Heidi), que por aquel entonces arrasaba, a pensar del trauma y el maltrato infantil. La Yamato perdió la guerra de audiencias y la serie, pensada para 39 episodios, se quedó en 26. Su productor, Yoshinobu Nishizaki, reconocía en una entrevista conjunta con Anno en 2008 que, si aquello fracasaba, estaba dispuesto a dejar la animación. Anno, a su lado, lo resumía muy fácil: Heidi era algo que veía la familia entera. No hay crucero de guerra que pueda con una niña huérfana de los Alpes.
Lo curioso vino después. Las reposiciones fueron sumando espectadores, los chavales que la habían descubierto montaron clubs de fans y fanzines, y la cosa creció hasta que Nishizaki se atrevió a llevarla al cine. La peli de 1977 era un montaje de la serie con escenas nuevas, se estrenó el 6 de agosto y fue un exitazo. Por entonces la animación televisiva japonesa todavía se llamaba terebi manga, "manga de televisión", y se daba por hecho que era cosa de críos. La Yamato ayudó a romper esa idea y acabó convertida en un fenómeno social gracias a una lectura muy adulta de sus personajes y temas.
Un acorazado hundido que vuelve a volar
¿De qué va Space Battleship Yamato? En el año 2199 la Tierra lleva años sufriendo los bombardeos de los Gamilas, que han envenenado la superficie con radiación, y a la humanidad, refugiada en ciudades subterráneas, le queda un año de vida. Un mensaje de la reina Starsha, desde el lejano planeta Iscandar, ofrece una solución y los planos de un motor capaz de viajar más rápido que la luz. Con ellos se reconstruye en secreto el Yamato, el gran acorazado de la Armada Imperial japonesa hundido en abril de 1945, que despega escondido bajo sus propios restos.
No hace falta forzar mucho para ver qué había debajo. En 1974 Japón tenía todavía muy cerca la Segunda Guerra Mundial y las bombas, y la serie ponía a sus personajes a sobrevivir en una Tierra contaminada por una radiación caída del cielo, a bordo de un barco que lleva el antiguo nombre del propio país y que fue uno de los buques insignia de su flota naval. Lo que la hizo distinta, en cualquier caso, fue cómo contaba su historia: un capitán, Jūzō Okita, que se va apagando episodio a episodio; un huérfano, Susumu Kodai, que madura a golpes; y unos enemigos con sus propios motivos para hacer lo que hacen, algo nada habitual en la animación de la época, mucho más plana y centrada en un tono divertido y accesible. Era una historia de guerra para un público que ya no era tan niño que heredaba los traumas de la generación anterior.
Leiji Matsumoto, que dirigió la serie, diseñó la nave y buena parte de la tripulación, publicó al mismo tiempo su propia versión en manga en la revista Bōken Ō, entre octubre de 1974 y abril de 1975. Matsumoto le dio a la saga su gusto por los héroes melancólicos y las viñetas llenas de diales y relojes analógicos. Y un detalle que me encanta: el Cañón de Ondas Motrices, el arma más famosa de la nave, venía de Sexaroid, una comedia erótica que él mismo había dibujado en 1968. Las ideas nacen donde nacen.
De la mano del tremendo aumento de su popularidad llegaron secuelas en televisión, pelis como Saraba Uchū Senkan Yamato (1978), cuyo final sacrificaba a buena parte de la tripulación y que Yamato 2 reescribió después para que la nave siguiera viva, Final Yamato (1983) y una larga batalla por los derechos entre Nishizaki y Matsumoto que pasó por los tribunales. Luego vinieron una olvidable versión en imagen real en 2010 y, desde 2012, la remake 2199, que ha ido rehaciendo la saga para una nueva generación y sigue en marcha con Be Forever Yamato: Rebel 3199. Si alguien quiere subirse ahora a bordo, 2199 creo que será la puerta de entrada más cómoda.
A la sombra de mechas y piratas
Si hay una razón para acercarse a Space Battleship Yamato es entender que sin ella probablemente buena parte del anime de ciencia ficción que conocemos hoy sería diferente. Yoshikazu Yasuhiko y Yoshiyuki Tomino trabajaron en sus storyboards antes de crear Mobile Suit Gundam, y ambos reconocieron la influencia de la serie. La propia White Base de Gundam bebe de la idea de convertir una nave en hogar y refugio de sus protagonistas. Pero Yamato no solo dejó huella entre los artistas de toda una generación: Bandai empezó a explotar sus maquetas, incluyendo las de las flotas enemigas, anticipando el negocio que años después construiría alrededor del Gunpla. Su mezcla de guerra espacial, tripulaciones militares, conflictos con enemigos comprensibles con los que empatizar y una nave convertida en hogar acabaría alimentando a obras tan importantes como Gundam, Macross o Evangelion.
Y la influencia de Yamato tampoco se quedó en el anime. Takashi Nishiyama, director del primer Street Fighter, explicó que el Hadouken nació inspirado por el Hadōhō, el enorme cañón de la nave: cambiar "cañón" por "puño" y convertirlo en un proyectil de energía era, aparentemente, suficiente para llevar la idea del espacio al arcade. Tomohiro Nishikado, creador de Space Invaders, también señaló a Yamato entre sus influencias. Y Battlestar Galactica también tiene mucho de esto… No está nada mal para una serie que, vista desde hoy, puede parecer una reliquia de otra época, pero que ayudó a construir buena parte del imaginario espacial que seguimos consumiendo décadas después.
La paradoja es que uno de los personajes nacidos de aquel universo terminó siendo mucho más popular que la propia serie: el Capitán Harlock. Los planes originales contemplaban introducirlo en Yamato como Mamoru Kodai, el hermano desaparecido del protagonista, convertido en pirata espacial y protector secreto de la nave (una idea que podría haber influído a Marvel a la hora de presentar a Corsario, el padre perdido de Cíclope en los X-Men, reconvertido en pirata espacial), pero la idea nunca llegó a materializarse en televisión. Matsumoto acabaría dándole su propia serie en 1978 y Harlock tuvo muchas más suerte en su viaje alrededor del mundo: llegó pronto a Italia y España, mientras que Yamato tuvo una distribución ocidental muy limitada bajo el nombre de Star Blazers.
En su salto fuera de Japón se llegaron incluso a eliminar escenas, como el homenaje de marinos de ambos bandos al acorazado original, no queda claro si por su mensaje político o si porque alguien pensó que no era algo que interesara a los niños. Y quizá ahí esté la mejor explicación de su destino: Harlock pudo escapar de la historia de Yamato y convertirse en una leyenda mundial completamente independiente (y por méritos propios), mientras la nave seguía cargando con un pasado mucho más incómodo.
Una ruta y una raíz
Para terminar, volvemos al principio. Hideaki Anno nació en 1960 y se enganchó a Yamato en segundo de secundaria, con trece o catorce años. En aquella entrevista de 2008 recordaba que la descubrió justo a la edad en la que se suponía que uno tenía que dejar los dibujos animados, pero que fue la serie que lo metió en la animación. Desde entonces no ha ha parado de trabajar en ella: diseñó la secuencia de apertura de 2199, organizó en 2024 el pase del 50 aniversario y allí mismo anunció que Khara tenía los derechos para hacer una Yamato nueva, por un camino distinto al de las remakes. Viniendo de alguien que ya ha hecho sus propias versiones de Godzilla, Ultraman y Kamen Rider, lo raro es que haya tardado tanto.
En el comunicado, Anno explica que no lo hace solo por cumplir un sueño personal, sino para seguir creando una historia del Yamato en la que poner sus deseos y plegarias pacifistas para su generación y para la siguiente. La nave, por cierto, ya ha pasado por las manos de otro nombre fuerte del cine japonés reciente: la versión en imagen real de 2010, con Takuya Kimura como Kodai, la dirigió Takashi Yamazaki, el mismo que años después ganaría el Oscar a los mejores efectos visuales con Godzilla Minus One.
Lo del título también tiene su gracia. En japonés, el símbolo "√" de la nueva producción se lee rūto, que sirve tanto para "raíz" como para "ruta", y fuera de Japón ya se está traduciendo de las dos maneras. Puede que sea una ruta distinta para la nave, la que Anno lleva medio siglo imaginando, o una vuelta a la raíz de la la serie original y de la que salieron buena parte de la animación japonesa de ciencia ficción que conocemos hoy. Tal vez las dos cosas. El encanto del asunto es no saberlo todavía, porque de historia, reparto y fecha no se sabe nada. No sé si 2199 conseguirá lo que no lograron Star Blazers ni medio siglo de secuelas y remakes: que la Yamato llegue por fin a este lado del mundo como una producción de éxito. ¿Le daréis una oportunidad? Bueno, dependemos de los canales de distribución y el interés que los aficionados occidentales comienzan a mostrar ya.
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