Sabes cuando tu madre te decía eso de "y si fulanito se tira a un pozo, ¿te tiras tú también?" Pues creo que las madres de hoy en día deberían decir algo parecido a "si fulanito se mete a montar kits de Gundam, ¿te pones a montar kits de Gundam tú también?" Pues sí. Porque es lo que me ha pasado a mí. Y la culpa es de mis amigos.
Lo que empezó como un simple comentario terminó convirtiéndose en una de las aficiones más absorbentes que he tenido en años: el Gunpla. Para quienes no estén familiarizados, el Gunpla no es solo el modelismo de los robots de la franquicia Gundam; es un fenómeno que ha trascendido el anime, ha cruzado continentes y generaciones, y que ahora aterriza oficialmente en España con BandaiNamco. Hasta hace poco, los aficionados teníamos que recurrir a importadores, intermediarios o tiendas especializadas que traían los kits desde Japón, pero la compañía ha decidido acercar los kits directamente al público español. El objetivo es claro: llegar a coleccionistas y a los amantes del anime y del modelismo, pero también a esos que no sabían que necesitaban esta nueva adicción en su vida hasta que la probaron. Y créeme, funciona.
Mi primer acercamiento al Gunpla
Todo comenzó con la insistencia de Benjamín Bruña, líder del proyecto Poliplasticómanos. Después de meses de sugerencias, fotos por Whataspp, podcasts y charlas sobre técnicas de pintura, picó mi curiosidad y decidí hacerme con uno de los kits más sencillos de Gundam: el modelo clásico, el más emblemático. Montarlo fue un descubrimiento. Cada pieza, cada junta, cada plástico que se separaba de su matriz se convirtió en un ritual pausado y absorbente. Disfruté cada minuto de ese montaje. Por un momento, pensé que ahí terminaría mi relación con el Gunpla, "una y no más". Sabía que si me metía demasiado en esto, "adiós muy buenas" a otras aficiones y a mi espacio vital. Pero desde Bandai Namco me enviaron una caja llena de kits, y eso, que "adiós muy buenas". Desde entonces, mis domingos han quedado reservados para montar Gundam, y cada estantería de mi casa se ha ido llenando de robots que, aunque ocupan espacio, me proporcionan una tremenda paz mental. Es una forma de terapia y meditación, un espacio de autocuidado. Menos cuando llega la hora de las pegatinas, que puede sacar de quicio a cualquiera.
Cómo son los kits y qué necesitas para gunpla
Los kits de Gundam recuerdan a las clásicas maquetas de aviones y tanques de siempre, pero con un toque muy especial. Cada pequeña pieza viene en matrices de plástico, que hay que separar cuidadosamente y ensamblar siguiendo las instrucciones. Lo mejor: no hace falta pegamento ni pintura, porque cada pieza ya viene con su color específico. Sin embargo, al igual que pasa en el modelismo de Warhammer, muchos aficionados deciden personalizar, pintar y dar efectos espectaculares a sus modelos. Un vistazo a redes sociales basta para comprobar el nivel de creatividad que hay por ahí.
En esta imagen hay mucho drama para todo aquel metido en el tema "gunpla"
Aunque las instrucciones están en japonés, es sorprendentemente fácil seguirlas. Las indicaciones gráficas son claras y, si hay dudas, Google Lens hace milagros. De todos los kits que he montado, solo he tenido un problema: una articulación de pierna montada al revés que terminé rompiendo al intentar desmontarla. Este plástico es resistente, y normalmente deshacer un paso no supone mayor dificultad, aunque a veces hay que recurrir a un poco de pegamento de contacto y a una promesa personal de "no tocar demasiado esta figura otra vez".
Como os decía, no es necesaria mucha herramienta, ya que las piezas se pueden separar con facilidad de las matrices con la mano, pero ya que te pones, yo te recomiendo hacerte con un kit básico de herramientas de maquetismo por menos de 10 euros: alicates de corte, limas y pinzas de sujeción. Con esto, podrás montar tu figura en un par de horas. A medida que te especialices, puedes invertir en lupas, soportes, pinceles y otras herramientas que hagan más cómoda la experiencia, pero lo esencial es mínimo. Las figuras resultantes son increíblemente detalladas y articuladas. Puedes posarlas como quieras, como si fueran figuras de acción tradicionales, pero con la precisión y limpieza del modelismo japonés.
Un fenómeno millonario
El impacto cultural del Gunpla va mucho más allá de la mera afición por los robots de Gundam: ha conseguido unir generaciones, transformar el modelismo tradicional y acercar el anime japonés a un público global que antes lo conocía solo de manera superficial. Culturalmente, el Gunpla promueve la creatividad, la paciencia y la atención al detalle, mientras genera comunidades de aficionados que comparten técnicas, personalizaciones y exhibiciones en ferias y redes sociales. No estaría completo este relato sin las voces de quienes me han acompañado en esta aventura. Benjamín Bruña me lo explicaba así:
"Esto del Gunpla es como una transferencia de conocimiento, siempre hay un culpable. Mi entrada en Gunpla se la tengo que agradecer a mi compañero Miguel Ángel 'Moe' de Poliplasticómanos. En este hobby he encontrado una manera diferente de disfrutar de las figuras de acción. Una manera más pausada, pero sin limitaciones. Porque, como se dice muchas veces, en esto el límite está en la imaginación de cada uno. Puedes dejarlo tal cual, pintarlo, darle efectos, eliminar juntas de unión… cada uno decide cuándo su modelo está terminado. Además de todas estas virtudes 'espirituales', otra de las ventajas es el precio de los kits si los comparamos con otras líneas de figuras. Sin duda, la fiebre del Gunpla solo irá en aumento".
Por su parte, mi compalero Mario Gómez aporta otra perspectiva:
"Personalmente, siempre he tenido una relación amor-odio con la filosofía de diseño de Gundam. Adoro los mechas terrenales, sucios y dañados por la guerra y la abrasión de la arena, los golpes y el espacio. Me chirría cuando veo cosas más fantasiosas en mi drama de tensiones geopolíticas, como el Gundam Zero o el Turn-A Gundam (ambos con alas). Así que he pasado muchos años mirando en otra dirección: Patlabor, Armored Core, Mech Warrior, ese tipo de cosas. En cierto punto, sin embargo, descubrí a través de YouTube canales de talleres especializados que personalizaban sus kits de Gunpla: añadían deterioro, tridimensionalidad, colores más fríos y terrenales; y de repente lo que antes me parecía un juguete pasaba a ser una verdadera máquina de guerra creíble y que encaja con el conflicto que me están contando. Aprendí también acerca de los modelados algo más realistas de Katoki (que de hecho se comercializan con la etiqueta ver.Ka) y la línea Master Grade, más detallada y madura para mi gusto personal. Una vez entiendes que es un mundillo muy grande que se adapta a tus gustos, es fácil entrar, pasárselo bien y lucir una colección genial. Mi Santo Grial es el MG Sinanju Stein ver.Ka, y ahora mismo le tengo el ojo echado al MG Gundam Barbatos de IBO. Pero para no caer en lo típico, diré que también adoro la línea 30MM de Bandai (tanto Armored Core como EXAMACS)".
Estas declaraciones reflejan perfectamente cómo el Gunpla puede ser tanto un entretenimiento pausado y meditativo como un ejercicio creativo y técnico. Económicamente, el fenómeno ha creado un mercado sólido que mueve millones de euros anualmente, aproximadamente 830 millones de euros según las últimas cifras estimadas no solo a través de la venta de kits, sino también de herramientas, accesorios y merchandising, consolidándose como una industria que beneficia a fabricantes como Bandai Namco y a tiendas especializadas, y que impulsa la llegada de franquicias de anime a nuevos territorios, incluyendo España. La combinación de creatividad, coleccionismo y accesibilidad ha convertido al Gunpla en un fenómeno tanto cultural como económico, capaz de generar impacto duradero en la forma en que consumimos entretenimiento y modelismo.
Experiencia personal: más allá del primer kit
Montar los kits de Gundam no es solo seguir instrucciones: es un proceso que exige paciencia, atención al detalle y, en muchos casos, creatividad. Cada modelo tiene piezas que encajan de manera precisa, articulaciones que permiten posturas dinámicas y detalles que te sorprenden incluso después de semanas montando. Es un hobby que te hace desconectar del día a día, pero también aprender conceptos básicos de ingeniería y ensamblaje.
Es de lo más gratificante cuando empiezas a ver cómo tu Gundam empieza a tomar forma
Mis domingos han cambiado: ya no hay espacio para otras actividades cuando un kit exige concentración. La recompensa es ver cómo tu figura cobra vida y puede posarse exactamente como quieres. Incluso el más sencillo de los kits tiene un nivel de detalle que impresiona. A pesar de todo, la parte de las pegatinas sigue siendo la más frustrante, y ahí la paciencia se pone a prueba. Pero incluso en esos momentos, la sensación de logro final supera cualquier molestia. Es de lo más gratificante cuando empiezas a ver cómo tu Gundam empieza a tomar forma. Lo que más me ha llamado la atención es cómo este fenómeno, hasta hace poco limitado a círculos muy específicos de fans, se está expandiendo rápidamente, incluso en un país tan disociado a la franquicia Gundam como España. En la reciente feria Interocio, en el gran stand de Bandai Namco, la gente se veía atraída a los kits como polillas a la luz. Incluso aquellos que no conocían Gundam o que eran inmunes a los robots clásicos, se enganchaban a otras licencias: barcos piratas de One Piece, kits dedicados a dinosaurios o incluso a Doraemon.
Prácticamente todos los aficionados que conozco que han probado el Gunpla han terminado metidos hasta el cuello. Y es fácil entender por qué: combina coleccionismo, modelismo, creatividad y, en muchos casos, un toque de meditación que pocas aficiones ofrecen. Además, los precios de los kits son sorprendentemente razonables en comparación con otras figuras de acción o modelismo especializado. ¡Y anda que no mola un buen Gundam montado en tu estantería! En este sentido, España se encuentra en un momento interesante: con el desembarco oficial de los kits de Bandai Namco, la afición puede crecer y consolidarse, ofreciendo a los nuevos entusiastas kits de calidad, soporte y acceso a una comunidad cada vez más activa.
Una nueva adicción que merece la pena
Creo ste fenómeno es mucho más que una moda pasajera y que va a encontrar un buen nicho de aficionados, tanto entre quienes se vean atraídos por las licencias como los aficionados a la maquetas. Soy consciente de que tal vez no sea algo para todo el mundo, pero es una afición tranquila, una combinación de entretenimiento, creatividad y bienestar personal. Cada kit montado me deja más tranquilo, más concentrado y con una sensación de logro y satisfacción más que bienvenida. Así que sí, mi tiempo y mi dinero se están yendo por esta afición, pero no me arrepiento de nada. Mis estanterías están más llenas, mi paciencia más desarrollada y, curiosamente, mi espíritu más calmado. No es poco con la que está cayendo Gracias a mis amigos y a los miles de fans que han compartido sus creaciones en redes sociales, he descubierto un mundo que no sabía que necesitaba y que probablemente me acompañará durante muchos años.
Si piensas que esto era solo un juguete, te aseguro que montar tu primer kit te demostrará lo contrario
No quiero pensar que mucha de la contaminación marina por microplásticos tenga que ver con esta afición, prefiero centrarme en que necesito hacerme con un Modelo 02 de EVANGELION. Porque no solo de Gundam vive el fan. con todo, el Gunpla no es solo modelismo ni solo anime: es un fenómeno cultural que, como dice Benja, "solo tiene límite en la imaginación de cada uno". Y si alguna vez pensaste que esto era solo un juguete, te aseguro que montar tu primer kit te demostrará lo contrario.
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