Hubo una época en la que jugar en PC no necesitaba una tarjeta gráfica potente, sino una ventana pequeña

Los shooters clásicos del sistema se disfrutaban más si no jugabas a pantalla completa

Abelardo González

Editor - Tech

Hace unas décadas jugar mejor no significaba verlo mejor, sino más bien verlo menos: no bajar sombras, no tocar reflejos y no activar una tecnología con siglas futuristas como DLSS o FSR. Jugar era algo mucho más brutal que eso, y también mucho más honesto, ya que muchos jugones encogíamos la imagen del juego para que el ordenador dejara de sufrir. Así, era tan sencillo como hacer la ventana más pequeña, pero muchas veces también guardaba relación con área de visión y el trozo del mundo 3D que el juego tenía que dibujar.

id Software es el ejemplo perfecto

Durante años, esa fue una de las decisiones más inteligentes que podías tomar en muchos shooters de PC. Una prueba perfecta se encuentra en documentos oficiales de la época, ya que el Readme de Doom lo explica sin disfrazarlo demasiado: si ajustas el tamaño de pantalla, un área de visión más pequeña incrementa la fantasía de las animaciones en sistemas más lentos. Así, no se trataba de una sugerencia escondida en un foro ni tampoco del truco de un primo que sabía de ordenadores, era el propio juego diciéndote que el remedio era enseñarte menos mundo por fotograma.

Lo cierto es que Doom permitía hacerlo y, de paso, asumía que muchos jugadores utilizaban esto como una parte normal de la experiencia. En línea con esta visión, Quake mantuvo esa misma lógica con una franqueza casi conmovedora. En su archivo técnico de WinQuake, id Software explicó que un icono de tortuga en pantalla indicaba que el juego caía por debajo de los 10 fps, así que el jugador asumía de forma instantánea que no estaba teniendo una gran experiencia.

Como solución, la primera de la lista era poética por su sencillez: reducir el tamaño de la pantalla con la tecla menos. También podías bajar la resolución o cambiar ciertos ajustes de vídeo, pero el gesto más inmediato seguía siendo hacer la imagen más pequeña para salvar la partida. Visto con los ojos de hoy, es fácil sentir ternura por aquella clase de negociación, ya que estamos acostumbrados a máquinas que prometen potencia bruta y un rendimiento que hace que cada decisión pertenezca a una jerga técnica.

Antes no era así, ya que la relación con el rendimiento era mucho más física: se veía, se medía con los ojos y sabías si el juego iba fino o no. Si no iba fino, el sacrificio era visible al tener menos imagen, más marco y más interfaz comiéndose la pantalla. De esta forma, jugar en una ventana más pequeña era una renuncia tan inmediata como comprensible, ya que no necesitabas saber programación ni entender cómo funcionaba el renderizado.

Un sacrificio justo

Lo más interesante de todo es que esa forma de modificar el rendimiento no fue un placebo, sino todo lo contrario. En el código clásico de Doom, el tamaño de vista es una variable real del render con varios ejemplos claros:

  • La función R_SetViewSize guarda el nuevo ajuste
  • La función R_ExecuteSetViewSize recalcula el ancho y la altura del área renderizada
  • Si el tamaño no está al máximo, el juego fija la función scaledviewwidth como setblocks*32 y ajusta viewheight en consecuencia

Todo esto provoca que Doom reinicialice el búfer y rehaga tablas que dependen del tamaño de visión. De hecho, incluso el propio archivo deja caer una frase reveladora: la tabla de iluminación cambia con el tamaño de vista. Dicho de forma menos técnica, toda esta parafernalia significa que al hacer la imagen más pequeña no estás engañando al juego, estás pidiéndole que te dibuje menos mundo.

Ese detalle explica por qué muchos de los que vivimos aquella época recordamos las partidas a juegos clásicos de PC como una mezcla extraña de fealdad y eficacia. El HUD se hacía enorme, la escena perdía presencia y a veces ya no sabías ni a qué estabas jugando, pero el premio era valioso: suavidad, control, tiempo de respuesta y la sensación de que cada disparo obedecía mejor. En un shooter, honestamente, eso siempre ha importado más de lo que estaremos dispuestos a admitir.

Así, puedes soportar una imagen peor durante unos minutos, pero no un giro torpe, un enemigo que te gana porque tu arma no funciona bien o la sensación insoportable de ver cómo el juego va un paso por detrás de la habilidad de tus manos. id Software lo sabía, así que Doom y Quake tenían herramientas simples que permitían priorizar lo importante.

¿Recuerdas cómo era jugar en PC?

Esta situación resume a la perfección cómo era jugar en PC en aquellos años. El PC no era una máquina cerrada que prometía la misma experiencia que en consolas, así que se parecía más a un pacto inestable entre el juego y el hardware que tenías delante. Con todas aquellas limitaciones, lo cierto es que cada trozo de pantalla contaba, y por eso me gusta pensar que aquella ventanita era una solución de emergencia y, al mismo tiempo, una forma muy pura de entender lo que era jugar en PC.

Existía una sinceridad casi artesanal en todo aquello, ya que el juego no fingía que tu máquina podía con todo… y tú tampoco lo hacías. Entre ambos se establecía un acuerdo: puedo renunciar a una parte del espectáculo, pero lo haré si tengo la oportunidad de conservar lo esencial. En un shooter, esto nunca se trató de la postal, sino del ritmo: la capacidad de correr por pasillos imposibles, reaccionar a tiempo y manejar el caos que te esperaba detrás de cada puerta. En el fondo, encoger la imagen siempre fue sinónimo de proteger la velocidad.

Quizá por eso la nostalgia de aquella práctica no tiene tanto que ver con "qué malos eran los ordenadores de entonces" como con una visión mucho más interesante: el compromiso entre ambición y rendimiento. Hoy también negociamos con la máquina, pero lo hacemos a través de capas mucho más elegantes. Antes, si querías jugar mejor, aceptabas que lo harías en un rectángulo más pequeño, así que era tan "feo" como rudimentario. Sin embargo, había un pacto muy limpio en todo aquello, ya que el éxito de los shooters de PC consistió en tener la sangre fría suficiente como para aceptar ver menos a cambio de disfrutar más.

Imagen principal hecha con inteligencia artificial

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