Una empresa que estuvo valorada en 12.000 millones de euros encoge los hombros ante el impacto de la IA: "Es la nueva realidad"

Chegg ha pasado de gallina de los huevos de oro a demandar a Google y buscar la forma de sobrevivir

Abelardo González

Editor - Tech

Chegg, como Amazon en sus inicios, nació con una filosofía centrada en la distribución de libros, ya que ofrecía la posibilidad de alquilar libros digitales o físicos para los interesados en este mercado. Tras evolucionar, derivó su actividad hacia ayudas con tareas, tutorías y herramientas de estudio a través de suscripciones, razón por la que los usuarios pagaban entre 15 y 20 euros al mes en función de aquello que necesitaran.

A raíz de todo lo citado, Chegg creció como la espuma y vio cómo su valoración rozaba los 12.000 millones de euros, pero todo cambió con la llegada de la IA generativa. Durante la pandemia, su popularidad se disparó y las acciones subieron hasta un 345%, pero dicho impulso se evaporó tras el lanzamiento de ChatGPT. Por ello, la empresa ha admitido que deben rendirse a "la nueva realidad" marcada por la inteligencia artificial, pero lo que no sabía era la debacle que iba a provocar esta tendencia en el seno de la compañía.

La IA acaba con la visión de Chegg

El descenso del tráfico de Google, el interés en las editoras de contenido y el citado aumento de la IA provocó una caída tanto en visitas como en ingresos que, a la postre, ha provocado una crisis tanto en su base de suscriptores como en la monetización. Con miles de millones de usuarios recurriendo a herramientas de IA, Chegg ha perdido más de 500.000 suscriptores y ha visto cómo sus acciones han caído un 99% desde el pico que lograron en 2021.

Para subsanar la situación, la compañía optó por despedir a 388 empleados, una cifra que representa el 45% de su plantilla global. Nathan Schultz, CEO hasta hace escasos días, aseguró que era la única forma de bajar costes y simplificar operaciones, todo ello poco antes de pasar al puesto de asesor ejecutivo tras dimitir del cargo y ceder su puesto a Dan Rosensweig, fundador de la compañía. Además, también probaron a "unirse" al enemigo, pero la jugada no salió bien.

Con la creación de CheggMate, un chatbot basado en modelo de lenguaje de IA, Chegg no consiguió evitar la fuga de usuarios hacia alternativas generalistas y, por encima de todo, gratuitas. Al encontrarse entre la espada y la pared, la compañía decidió demandar a Google por AI Overviews, alegando que esta herramienta desvía el tráfico y reduce la monetización aprovechándose de cómo Google extrae información para alimentar los resúmenes. Sin embargo, tampoco ha obtenido grandes resultados con esta cruzada.

Chegg, tras todo lo experimentado, concluyó que no debe salir a bolsa o venderse, sino que debe continuar como una compañía independiente. Ahora, está enfocada en recortes y litigios legales contra Google, pero su mayor lucha la libra con su intento de encajar una propuesta basada en suscripciones en una era marcada por el auge de la IA. Si lo consigue, abrirá camino a otras compañías que han sufrido con la popularidad de la inteligencia artificial, pero de momento no ha conseguido mejorar sus cifras.

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