
Star Wars vuelve a la gran pantalla en una emocionante ensalada de aventura y adorables muñecos, pero esta vez le falta vocación de cine
El ADN de Star Wars es el cine. La pantalla grande, los efectos especiales que te envuelven en la butaca, el sonido atronador que hace temblar los reposabrazos, esa banda sonora que te lleva directamente a galaxias lejanas. Y por encima de todo, la experiencia compartida de asistir a una gran aventura en compañía. Es indudable que The Mandalorian & Grogu es Star Wars, porque tiene cada uno de los recursos que han convertido a la saga en parte inseparable de nuestra cultura popular occidental. Lo que no tiene es vocación de cine, y eso es algo que vengo temiéndome desde el primer avance que vimos de la película. Esto es, lo digo cuanto antes para no marear, un episodio largo de la serie, proyectado en pantalla grande.
Ojo, que en pantalla grande todo es mejor, de verdad, y especialmente si tenéis la suerte de poder pasar por una sala IMAX, donde el espectáculo crece varios palmos por encima de las espectativas. Pero tanto en factura como en narrativa, esto no es más que un episodio más de The Mandalorian, y para qué nos vamos a engañar, tampoco de los más inspirados que ha alumbrado Jon Favreau en estos años. Hay carreras arriba y abajo, hay disparos de blaster, peligros, peleas, hay homenajes a paladas y hay un Mando convertido en el Batman de la galaxia Star Wars, y saltando de una miniaventura espectacular a otra. Pero también hay un sabor a refrito muy reconocible, una sensación de que ya has visto todo lo que te enseña.
Dónde encaja The Mandalorian & Grogu en la cronología de Star Wars
The Mandalorian & Grogu es la primera película de Star Wars que llega a los cines desde El Ascenso de Skywalker, lo cual significa que han pasado siete años sin un estreno de la saga en pantalla grande. Bueno, nos las hemos visto peores. Está dirigida por Jon Favreau, escrita por el propio Favreau junto a Dave Filoni y Noah Kloor, y producida bajo el paraguas de Lucasfilm con un presupuesto de 166 millones de dólares. Pedro Pascal vuelve a meterse en el casco para encarnar a Din Djarin, con Sigourney Weaver debutando en la galaxia muy lejana como la coronel Ward de la Nueva República, y con Jeremy Allen White poniendo la voz a Rotta el Hutt, hijo de Jabba. Por ahí asoman Jonny Coyne como señor de la guerra imperial, Hemky Madera, y un Steve Blum que regresa para devolverle la voz a Garazeb Orrelios, ese mismo Zeb que muchos conocimos en Star Wars Rebels. Y atención, porque Martin Scorsese cuela un cameo vocal como cocinero ardenniano en lo que probablemente sea el guiño más improbable y más simpático de toda la función.
Dentro de la cronología de la saga Star Wars, la acción se sitúa después de los acontecimientos de El Retorno del Jedi y, más concretamente, después del final de la tercera temporada de la serie The Mandalorian de Disney+. El malvado Imperio ha caído pero quedan señores de la guerra dispersos por la galaxia, y la incipiente Nueva República recluta a Din Djarin y a su pequeño aprendiz verde para dar caza a estos criminales de guerra. La duración ronda las dos horas y doce minutos, y aunque el estudio ha vendido este estreno como el regreso triunfal de Star Wars al cine, la película llega en realidad como un parche en el calendario de estrenos de Lucasfilm que sigue mareando a sus propios fans con proyectos anunciados a bombo y platillos, como la película protagonizada por Rey Skywalker que deberíamos estar viendo por estas mismas fechas, y de la que nada se ha vuelto a saber.
George Lucas tenía razón: esto es para un niño de doce años, y ahí está la trampa
Conviene hacerle caso al propio George Lucas e interiorizar que este espectáculo está destinado, especialmente, a chavales y chavalas de 12 años. No es excluyente, pero creo que con eso en mente, todo encaja un poco mejor y nos llevamos menos disgustos. Si entras a la sala con esa expectativa, vas a disfrutarlo mucho, porque la película funciona como una gran aventura espacial concebida para sentar a un crío en la butaca y dejarlo boquiabierto durante dos horas. El problema es que el público adulto de Star Wars, esa legión que llevamos décadas hablando con cierta solemnidad de los Skywalker, no siempre estamos dispuestos a entrar en ese juego. "Has crecido", le reprochan a Peter Pan en Hook. Pues esto es lo mismo. Aquí empieza el reto del que llega a este estreno con cuarenta cumplidos, gafas y canas puestas y memoria afectiva más larga que una novela de Timothy Zahn (sé que más de uno ha entendido esa referencia, y si la has entendido, es porque va por ti).
Si eres fan de largo recorrido y sabes leer los guiños, la propuesta crece bastante. Aquí Favreau y Filoni han dejado pistas para los que reconozcan el muñeco del Amani de la colección clásica de Kenner de los 80, para los que recuerden los miniplayset, para los que sepan exactamente quién es Garazeb Orrelios y qué pinta aquí, y por supuesto para los que estén al día con la serie y tengan claro que Grogu no es un Yoda de bebé, sino una criatura distinta de la misma especie. Es un bombardeo constante de guiños, que está ahí para el que lo quiera coger, sin obligar al resto a sentirse fuera. Fanservice muy bien llevado, en este caso, pero que te pide que sepas qué vas a ver y no te metas a ciegas en el cine. La capa de complicidad con los tercios viejos y Mandalores funciona, pero esta peli es en realidad para vuestros hijos, ese grupo de peques que van a ver Star Wars por primera vez en un cine. Hay un placer muy específico en ver cómo un crío descubre por primera vez algo que tú llevas cuarenta largos años cargando contigo. La película, en ese sentido concreto, también cumple. Pero poco más, por desgracia.
Empieza fuerte pero tropieza con sus propias emociones
El problema es que The Mandalorian & Grogu, además de no tener vocación cinematográfica, ni en fondo ni en forma, tiene un serio problema de ritmo. Y es una pena, porque la primera mitad arranca con una energía que es para quitarse el casco de Beskar. El espectador se va dejando llevar por una sucesión de peripecias y planetas que recuerdan lo bien que Favreau sabe rodar acción de aventuras cuando se pone. Hay cazas, hay persecución, hay pelea en una arena y hay un par de momentos de gag visual que te sacan media sonrisa. Todo check.
El bajón llega cuando la película entra en su último cuarto y decide que ha llegado el momento de emocionar al espectador. En vez de confiar en el material y en el vínculo entre Din y Grogu, que se sostiene solo desde la primera temporada, opta por cargar las tintas con un golpe emocional al que se le ven las costuras. ¿Y lo peor? Que ese esfuerzo termina resultando completamente anecdótico para el devenir general de la galaxia, porque la película, de momento, no supone nada relevante para el canon. Se quema combustible narrativo para llegar a un destino que no era tan ambicioso como vendía la ganesha de viajes, y cuando uno sale del cine se queda con la sensación de haber asistido a un capítulo importante para los protagonistas, pero a una nota a pie de página para Star Wars.
Una carta de amor a Star Wars y una banda sonora con kétchup
Si durante el metraje os asalta la sensación de que ya habéis visto esta película antes, es porque básicamente la habéis visto. The Mandalorian & Grogu es un refrito calculado al milímetro de absolutamente todo lo que le ha funcionado a Star Wars en algún momento de los últimos cincuenta años. Quiero entender este refrito como una carta de amor de Favreau a la saga, como si hubiera querido reunir en una misma historia todos sus momentos preferidos del universo de Star Wars. Lo entiendo. El gesto es bonito. Pero deja poco espacio para que respiren las ideas nuevas, que las hay, aunque no muchas.
En este apartado merece mención propia el trabajo de Ludwig Göransson, sorprendentemente poco imaginativo para alguien que en la serie nos dejó algunos de los temas más identificables del Star Wars moderno. La banda sonora de la película parece haber tomado la receta exacta del score de Disney+ y haberle añadido kétchup, en un intento por darle un envoltorio más cinematográfico que no termina de aportar identidad propia. Hay momentos en los que reconoces el tema de identidad de Mandaloriano, o el del remanente imperial, y se te ponen los pelos como escarpias, sí, pero la mayoría del score se mueve por un terreno demasiado seguro como para que algún tema concreto te acompañe al salir del cine. Nada memorable y eso es la primera vez que me pasa viendo Star Wars en un cine. Es una pena, porque sabemos perfectamente de qué es capaz este compositor.
Es una pena también que Favreau no haya logrado encontrarle un pulso propio a esta producción. The Mandalorian & Grogu da la impresión, por cosas del destino o por cosas de calendario, de haber saltado directamente de Disney+, tal vez como maniobra comercial, tal vez porque Lucasfilm quiere consagrar a sus personajes actuales más famosos, tal vez por casualidad o tal vez para tapar el hueco que dejaba en la cartelera la película protagonizada por Rey Skywalker, esa que llevamos esperando desde hace años y que parece haberse perdido por el hiperespacio.
Hay otro: cómo disfrutarla siendo todavía un fan después de tantos años
Dicho eso, que es lo negativo, y lo negativo lleva al odio y el odio al Lado Oscuro de la Fuerza, tengo que decir que la película es enteramente disfrutable. Pero no es la segunda venida de Ben Kenobi. The Mandalorian & Grogu es una aventurilla espacial de las de toda la vida. Hay naves, hay bichos, hay pew pew pew y hay homenajes generosos, no solo a la propia historia de Star Wars, sino a clásicos de fuera de la órbita como Cristal Oscuro y la factoría Henson (y una nueva oportunidad para que el veterano Phil Tippett vuelva a brillar), El Precio del Poder o incluso Apocalypse Now, en un detalle de cinefilia que merece subrayarse. La mochila de referencias está bien escogida y bien repartida, y produce ese cosquilleo de reconocimiento que tanto le gusta al fan veterano. La función entretiene, no aburre y arranca aplauso espontáneo en varios momentos, doy fe.
Sé también que, si tuviera doce años, disfrutaría un montón de esta película, especialmente en una sala de cine. No puedo discutir, y no quiero hacerlo, que es un punto de entrada formidable para toda una nueva generación de fans, que van a querer su nueva figura de acción de Rotta. Yo mismo estoy deseando echarle el guante a un par de droide de combate mercenarios. Así es como he intentado disfrutarla yo, dejando atrás al señor nihilista en el que me estoy convirtiendo un par de horas, y en ese sentido la película cumple con creces el contrato que firma con su público objetivo. Pero no puedo engañaros y deciros que esta es la mejor película de Star Wars que he visto, porque principalmente no la reconozco como una película de Star Wars, más allá de su duración.
Lo único que de verdad le pedía a este estreno era que no fuera un episodio más de la serie, que se atreviera a ser cine de verdad. Mi gozo en el Gran Pozo de Carkoon: eso es exactamente lo que no ha sido. Es una lástima. Pero, bueno, en boca del Maestro Yoda quedó claro hace tiempo: hay otro. Siempre hay otro, y el año que viene toca Star Wars: Starfirghter. Y a este servidor, aunque hoy salga del cine algo decepcionado, nunca se le acaban las ganas de seguir soñando con galaxias lejanas, esperando esa nueva película de Star Wars que se atreva, de verdad, a ser cine. Star Wars merece más, y sus fans también.
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En 3DJuegos | Seguramente sea la mejor película de la saga Star Wars, pero todavía no está claro quién la escribió
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