Gladiator 2 no es que sea un mal blockbuster de romanos, pero tuvo un problema: el filme al que daba continuación era demasiado bueno
Como tantos otros seguidores del filme original de Ridley Scott, yo también me emocioné cuando aparecieron las primeras imágenes de Gladiator II. Después de más de dos décadas, por fin íbamos a regresar a ese universo de épica: romanos, intrigas palaciegas, luchas de gladiadores en un coliseo que parecía aún más imponente que nunca y, por supuesto, grandes batallas. Todo ello respaldado por una inversión millonaria y, de nuevo, con Ridley Scott detrás de las cámaras. Pero fue verla y sentirme decepcionado. No fue un sentimiento exclusivo mío.
Más que una secuela, un remake sin alma
Más que una secuela, Gladiator II terminó sintiéndose como un remake perezoso, una repetición casi mecánica de la fórmula que hizo grande a la película original. El guion apostó por reproducir demasiados elementos narrativos ya conocidos, como si confiara en que la nostalgia bastara para sostener el conjunto, olvidándose de construir algo verdaderamente refrescante para la audiencia. Ridley Scott y su equipo, por otra parte, tampoco estuvieron especialmente acertados en aquello que intentan presentar como continuidad, en particular los vínculos con el legado de Máximo. No profundizaremos en ellos para no arruinar vuestro posible primer visionado, pero lo cierto es que estas decisiones erosionaron parte del recuerdo que teníamos del film predecesor.
Es quizás por ello que resulta justo decir que Gladiator II no es una mala película. Tiene momentos para levantarse en la sala a aplaudir, escenas de arena que recuerdan por qué el cine de romanos puede ser tan poderoso. El problema no era lo que había en la pantalla, sino lo que como espectadores traíamos de antes: el peso de una obra maestra que, 24 años después de su estreno, seguía completamente viva en la memoria colectiva, con esa escena de Russell Crowe gritando una de las frases más memorables de la historia del cine resonando en la oscuridad de la sala, o ese final de su personaje, Crowe parece ser que se saltó saltó su rodaje, avanzando entre el trigo con la música de Hans Zimmer poniéndonos la piel de gallina.
Aunque lo que mató a la peli fue su presupuesto
Gladiator II no tenía esos momentos legendarios y, por ende, su boca a boca no fue tan poderoso; muchos prefirieron quedarse en casa para verla en televisión a las pocas semanas de su lanzamiento, lo que complicó enormemente su recorrido en taquilla. Los 462 millones de dólares recaudados resultaron claramente insuficientes para recuperar la mastodóntica inversión de 250 millones, cifra que algunas fuentes elevan incluso a 310 millones, citando un descontrol en el gasto por parte de Scott y sus colaboradores, agravado además por los paros laborales que enfrentó la producción. Para mayor dolor de cabeza para sus productores, la película también fue objeto de denuncia por abusos animales. Sea como sea, sus promotores esperaban haberla rodado con solo 165 millones de dólares y acabaron desembolsando cerca del doble. Un gran batacazo.
Y uno que encima muchos fans hubieran preferido no haber visto nunca, para mantener intacto el recuerdo del clásico del año 2000. Ellos nunca podrán ya ignorar la existencia de su secuela. Tú aún sí puedes hacerlo. Pero, ¿deberías? Ya te digo yo que no perderás el tiempo, más allá de crearte algún enfado. Sigue siendo un deleite para la vista contemplar esas naumaquias que, fidedignas o no a la historia, lucen bastante bien en pantalla. Esta es una superproducción de una escala cinematográfica hoy reservada al cine de superhéroes y algunos pocos ejemplos más, y por ende te equivocarías no dándole una oportunidad.
La tienes además disponible desde hoy mismo en Netflix, donde ha llegado después de haberse estrenado en exclusiva en SkyShowtime hace unos meses, plataforma a la que tendrás que acudir si quieres ver la película de Russell Crowe —disponible también en Prime Video y Movistar Plus+—. Gladiator II, por cierto, está protagonizada por Paul Mescal, Denzel Washington, Connie Nielsen —que regresa de la original—, Pedro Pascal y Joseph Quinn, entre otros. Un reparto que no tiene mucho que envidiarle al del filme del año 2000, la verdad.
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