De los miles de cascos de soldados clon de Star Wars, ¿por qué el Gran Almirante Thrawn expuso este en concreto en su sala de trofeos?

De los miles de cascos de soldados clon de Star Wars, ¿por qué el Gran Almirante Thrawn expuso este en concreto en su sala de trofeos?

La mayor fortaleza de Thrawn nunca fue la flota Imperial, sino una filosofía de guerra que lo convirtió en el enemigo más peligroso de Star Wars

Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

De los millones de cascos de soldado clon que llegó a producir la galaxia, el Gran Almirante Thrawn solo expuso uno en su sala de trofeos. Y no eligió uno al azar. En una escena de Star Wars Rebels aparece, entre sus piezas, un casco personalizado con dos bandas verdes que los fans identificaron enseguida: el del Comandante Gree. El porqué de esa elección tan concreta es lo que se preguntaban hace poco los compañeros de Vida Extra, y la pista que ofrecen es una de las mejores descripciones de este importante personaje de la cronología de la saga Star Wars. El canon oficial no lo aclara, pero en Leyendas (las viejas historias que han ido acumulandose en novelas, libros y videojuegos) Gree era un clon distinto, un especialista en inteligencia con verdadera curiosidad por las culturas alienígenas. Un alma gemela, vaya. 

El casco que eligió no es un capricho, es un mapa de su propia personalidad

Para entender este detalle antes tenemos que entender un poco a este Gran Almirante Imperial. El método de Thrawn no pasa por acumular naves, blandir un imparable poder militar ni por contar bajas, sino por estudiar el arte, la música y las costumbres de cada pueblo al que combate hasta poder predecir su comportamiento en combate. Un cuadro le dice cómo razona un comandante; una escultura, dónde guarda su orgullo y, por lo tanto, su grieta moral. Visto así, esa sala de trofeos en su nave insignia deja de ser un museo de caza mayor y se convierte en una biblioteca de trabajo. Que entre todas las piezas conserve el casco de un clon que también coleccionaba conocimiento sobre especies ajenas no es casualidad: es Thrawn reconociéndose en un espejo improbable.

Esa sala de trofeos en su nave insignia deja de ser un museo de caza mayor y se convierte en una biblioteca de trabajo

La elección de Gree encaja con otra idea. El comandante era una rareza dentro de su propia tanda de soldados clon, formado en un programa de élite que, en vez de fabricar soldados intercambiables, premiaba la individualidad y la curiosidad; de ahí que este soldado fuera, además, un especialista en exploración y reconocimiento. Para un Imperio que produce hombres en serie, un clon con inquietudes resulta una anomalía, y a Thrawn ese tipo de cosas le fascinan, porque suelen ser las que de verdad explican los momentos cruciales de una guerra. Y de propia, de la mano de la personalidad de Gree, en la que Thrawn encuentra cierta afinidad, ¿conocía Thrawn la verdad sobre los soldados clon, sobre los chips en su cabeza y, a largo plazo, el auténtico plan de Palpatine para lanzar a la República a una guerra civil y convertirse en Emperador?

Vencer a un enemigo pasa por entenderlo, una idea tan vieja como incómoda

Volvamos a  la personalidad de Thrawn. El mejor ejemplo de esta filosofía de trabajo no está en ningún tratado militar, sino en un salón familiar de Ryloth. En la tercera temporada de la serie Star Wars Rebels, Thrawn ocupa la casa de los Syndulla, sospechosos de acciones anti-imperiales, y se queda con su kalikori, ese tótem que los twi'lek heredan de generación en generación y al que cada miembro de la familia suma una pieza. Cuando el Capitán Slavin desprecia esta reliquia alienígena como chatarra primitiva y sugiere destruirlo, Thrawn se revuelve contra él y está a punto de estrangularlo. No por ternura, sino porque ese objeto es una gran fuente de información, la historia entera del linaje al que pretende vencer. 

Star Wars Thrawn Ascendencia nº 01/03 El caos crece (novela): 1 (Star Wars: Novelas)

La idea de que se derrota mejor a quien se conoce a fondo no la inventó Lucasfilm, por supuesto. El viejo tratado chino sobre el arte de la guerra ya lo dejó por escrito hace dos mil quinientos años: conoce a tu enemigo y a ti mismo y no temerás el resultado de cien batallas. Lo incómodo es que esa misma curiosidad por el otro ha sido siempre, además, un instrumento de dominio; estudiar una cultura para someterla mejor es un manual que las potencias coloniales se sabían de memoria. Por eso conviene no idealizar a Thrawn. Su respeto por el kalikori no nace de la empatía o de la curiosidad, es una herramienta de guerra, es un arma: las propias novelas de la franquicia Star Wars recuerdan que, para él, las demás especies son ante todo activos. Una cosa es admirar una cultura y otra muy distinta utilizar esa cultura en contra de su pueblo.

Thrawn es tanto una rareza útil para la guerra como un instrumento de control dentro de la propia flota

Pero como todas las grandes historias dentro de la mitología de Star Wars, todavía hay más. Thrawn se vuelve una anomalía en toda regla dentro del Imperio al que sirve, que es profundamente humanocentrista: su propaganda retrata a los alienígenas como seres indignos de confianza y aparta de forma sistemática a los no humanos de cualquier puesto de mando. Y aun así, un chiss de piel azul y ojos rojos llega a Gran Almirante, el único no humano que alcanza ese rango en toda la flota. Lo consigue porque el propio Emperador, impresionado por sus capacidades, aprueba personalmente su ingreso y lo respalda por encima de los prejuicios de su propia cúpula. Es un extranjero tolerado por su utilidad (también como revulsivo para el resto de altos mandos imperiales y fomentar la competición entre ellos y fomentar una lucha de poder horizontal, y no una amenaza a su poder), no solo por su mérito, y él lo sabe de sobra. Thrawn es tanto una rareza útil para la guerra como un instrumento de control dentro de la propia flota.

Pero lo que de verdad lo separa del oficial imperial medio no es su sangre, sino su mirada del conflicto, de las estrategias y de cómo ejercer el dominio imperial de manera efectiva sobre diferentes razas, especies y culturas de miles de mundos distintos. El desdén del Imperio por todo lo ajeno se cuela hasta en el diseño de sus naves: cazas TIE idénticos, fabricados en cadena, pilotos sin rostro ni nombre, una estética que convierte la uniformidad en virtud. Enfrente, los cazas rebeldes van pintados, personalizados, marcados por quien los pilota, porque la Rebelión defiende precisamente lo que el Imperio teme, la identidad, la personalidad. Thrawn es el único de su bando que ha comprendido que ahí, en esa diferencia, está la clave para ganar. Y por eso, en una saga repleta de Destructores Estelares y superláseres, una de las armas más temibles del Imperio resultó ser un coleccionista con buen ojo: el enemigo más peligroso no es el que más dispara, es el que sabe dónde tiene que disparar.

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