
Marvel se atreve con algo inesperado y estrena una serie noir brillante, extraña y profundamente cinéfila que reinventa a Spider-Man como detective desencantado en los años 30
Llevamos décadas esperando que alguien tuviera el valor de darle a Nicolas Cage su gran oportunidad en el cine moderno de superhéroes. Estuvo a punto de ser Superman para Tim Burton hace casi treinta años, hizo dos veces de Ghost Rider intentando convencer al mundo de que aquello era buena idea, y de la nada se convirtió en Spider-Man Noir en 2018 para la saga animada Spider-Verse. Aquella breve aparición bastó para que medio internet pidiera una historia entera protagonizada por ese tipo. Ocho años después, ese tipo ya está aquí, se llama Ben Reilly, vive en una Nueva York de 1933 que huele a humo de tabaco. Sony y Amazon MGM han tardado lo suyo, pero creo que ha merecido la espera.
Spider-Noir son ocho episodios producidos por Phil Lord y Chris Miller, desarrollados por Oren Uziel y Steve Lightfoot, y lo primero que hay que decir es que esto no es exactamente lo que yo pensaba que iba a ser. No es un spin-off del Spider-Verse animado, no es una versión de Peter Parker con sombrero, no es Marvel hablando consigo misma sobre el multiverso. Es algo bastante más raro y bastante más interesante: un experimento estético llevado hasta el final, con la elegancia formal de los clásicos del cine negro y la voluntad pulp de los héroes de papel barato de los años treinta. Y, claro, con Nic Cage haciendo lo que mejor sabe hacer, que es estar simultáneamente dentro y fuera del personaje.
Esto no es la Marvel que conoces, y de eso se trata
El primer choque de Spider-Noir es visual. Has visto pelis de Marvel desde hace casi 20 años, has visto sagas multiversales, has visto crossovers, has visto a Los Vengadores, Los 4 Fantásticos y a tres versiones cinematográficas de Spider-Man juntas en pantalla. Pero no has visto esto: Nueva York en plena Gran Depresión, calles mojadas, ascensores con reja de tijera, sombreros que tapan media cara, mujeres fatales de voz melosa y un Spider-Man que no se llama Spider-Man, sino simplemente "The Spider", como si fuera un primo perdido de The Shadow o de The Spirit. Los showrunners han decidido, con muy buen criterio, no usar el nombre del héroe insignia de Marvel, y a postar todo a su herencia pulp. En este universo el vigilante enmascarado es una leyenda en declive, no un colorido amigo y vecino.
Esa decisión condiciona todo lo demás. El cine negro nació en los años cuarenta como reacción seca y desencantada a los héroes luminosos del Hollywood clásico, y aquí Marvel hace exactamente la misma operación con sus propios mitos. Quita el pijama de licra y mete gabardina, sustituye el rascacielos acristalado por el callejón sin salida, cambia el plano heroico por el claroscuro que esconde más de lo que muestra. El director de fotografía Darran Tiernan, que ya hizo cosas notables en The Penguin, trabaja con sombras profundas, encuadres expresionistas y siluetas recortadas que parecen sacadas directamente de un fotograma de Retorno al Pasado o El sueño Eterno. El dinero invertido se nota: ambientación de época cuidada hasta el extremo, vestuario impecable, efectos especiales al servicio del todo narrativo y no al revés.
Ben Reilly no es Peter Parker, y esa es la mejor decisión que han tomado
Ben Reilly, un investigador privado envejecido, cínico y en horas bajas que intenta sobrevivir en el oscuro y corrupto Nueva York de los años 30 durante la Gran Depresión. Tras haber abandonado su faceta de justiciero enmascarado debido a una tragedia personal, Reilly se ve obligado a lidiar con los fantasmas de su pasado y volver a ponerse la máscara como el único superhéroe de la ciudad para desentrañar un nuevo misterio criminal. A diferencia de las historias tradicionales de Spider-Man, la serie deja de lado la acción colorida para sumergirse por completo en un thriller de cine negro enfocado en la investigación detectivesca, la culpa y la decadencia urbana. Eso no quiere decir que no haya peleas contra supervillanos, grandes acrobacias entre los rascacielos colgado de una telaraña y momento de acción espectaculares. Pero no es lo que realmente importa.
A nuestro detective le falta el optimismo del adolescente friki de Queens, el "un gran poder conlleva una gran responsabilidad", la tía May haciendo galletas y el rollito working class hero que tan bien le sienta a Peter Parker y que define a Spider-Man como icono cultural. A nuestro detective le sobran cuarenta años, una guerra mundial, un trauma personal sin resolver, una botella de bourbon en el cajón del escritorio y la sospecha permanente de que el ser humano es peor de lo que parece. Pero, y aquí está la magia, sigue siendo Spider-Man. Otro Spider-Man. Un Spider-Man. ah, la magia del multiverso… El caso es que sigue siendo el pringado heroico que no termina de rendirse del todo. El showrunner Oren Uziel explicó en una entrevista con Esquire que Peter Parker está demasiado vinculado a su identidad de estudiante, demasiado centrado en la faceta de "héroe en contrsucción", mientras que Ben Reilly ya ha recorrido el arco entero y lo ha visto todo. Phil Lord lo resumió mejor todavía: ya tuvo su momento de desencanto a lo Chinatown hace años y años. Está de vuelta de todo, pero alguien tiene que seguir poniéndose la máscara, y a falta de otro candidato le toca a él.
Es importante entender que este Ben Reilly no es exactamente el clon de Peter Parker que conocen los lectores de cómic, la famosa Araña-Escarlata que también aparece en las películas del Spider-Verse. Aquí Reilly es un personaje propio, con sus razones para llamarse así, y conviene tenerlo en cuenta si llegas a esta serie con las espectativas de ver algo parecido al Spider-Man de Tom Holland. Lo que importa, lo que de verdad funciona, es que el ADN del personaje sigue intacto bajo todas esas capas de ginebra y desengaño. Cuando una mujer le pide ayuda y él mira al techo y suspira antes de aceptar, es Spider-Man. Pero es un Spider-Man que sabe que probablemente las consecuencias de aceptar el caso no serán agradables. Cuando recibe una paliza y se levanta porque hay alguien al que proteger, es Spider-Man. La máscara no hace al héroe, lo hace la decisión de seguir intentándolo después de saber que el mundo no se lo va a agradecer. Los que llevamos toda la vida con este personaje lo reconocemos en el primer gesto de Cage, aunque tenga la edad del tío Ben.
Los superpoderes son lo de menos, pero mueven la historia
Spider-Noir es, antes que nada, una novela negra que poco a poco va desplegando algunos elementos de ciencia ficción aquí y allá para enriquecer su trama al estilo Marvel. Los primeros episodios se toman su tiempo en presentar a un detective hastiado al que han contratado para seguir a una tal Felicia "Cat" Hardy (Li Jun Li, espléndida, probablemente el segundo mejor trabajo de interpretración de la serie después de Cage). Lo que parece un encargo rutinario se enreda enseguida en una conspiración criminal que enfrenta al gánster Silvermane (un Brendan Gleeson disfrutable como siempre dando vida a uno de los villanos segundones clásicos de Spider-Man) con el alcalde de la ciudad. La estructura es la del clásico hard-boiled de los años cuarenta: el detective empieza a tirar del hilo, y la lía parda.
En este escenario los superpoderes son aquí lo de menos. Cuando llegan los puñetazos, las telarañas y las apariciones de los villanos con poderes (sí, hay un Electro fascinante, sí, hay un Hombre de Arena…), funcionan como complemento de una trama que se sostiene sola. Esto es exactamente lo contrario de lo que solemos ver en la mayoría de series superheroicas, donde parece que la trama existe para conectar las peleas. Aquí las peleas existen para subrayar la trama. Y conviene avisar de esto porque parte del público que llegue por la franquicia arácnida puede despertarse en los primeros capítulos (y eso que el inicio del primer capítulo es puro y maravilloso Spider-Man cinematográfico). Los que entren con la cabeza puesta en Tener y no Tener o El halcón maltés se encontrarán como en casa. Si vienes esperando otra serie de superhéroes al uso, baja revoluciones y déjate llevar por el ritmo lento de la investigación. Después agradecerás haber tenido paciencia.
Cage encuentra por fin el traje que le sienta bien
Llegamos al motivo por el que estás leyendo esta crítica, y por el que probablemente vas a ver la serie. Nicolas Cage construye aquí un Ben Reilly que es a la vez homenaje absoluto a Humphrey Bogart y desviación deliberada del modelo de los superhéroes de Marvel. La frase con la que el actor describió su trabajo a los productores es de lo más interesante: su Reilly era una araña intentando hacer cosplay de humano. Es una idea preciosa y se ve en muchos momentos. Hay instantes en los que mueve la cabeza con un golpe seco y demasiado rápido para una persona normal. Hay otros en los que se queda quieto un segundo más de lo necesario, como un insecto vigilando. Hay momentos en los que el personaje se ve obligado a interactuar con otros personajes y ves hasta qué punto el protagonista de esta serie no valora con especial cariño a la especie humana. Se burla de la gente, miente, engaña… Podrías acharcarlo al carisma propio de un detective de género negro que debe abrirse paso en el los bajos fondos, pero en algunos momentos creo que se planta la semilla de una duda razonable: a este Spider-Man no le caemos bien. Como espectador es algo fascinante, y muy divertido. Es Cage haciendo de Cage, sí, pero también es Cage haciendo algo nuevo dentro de su propio repertorio.
La regla que he ido confirmando capítulo a capítulo es muy sencilla. Spider-Noir mejora cuanto más espacio le dan a Cage para jugar. Cuando la serie le suelta la correa y le deja hacer una entrada teatral, recitar una voz en off con cadencia bogartiana o reaccionar a un giro con una de sus muecas inconfundibles, todo el episodio sube un escalón. Cuando le obligan a hacer de detective serio sin más, la cosa se sostiene pero pierde chispa. Hay capítulos sólidos, hay un par de capítulos prodigiosos, y hay otro par que se quedan a medio gas precisamente porque Cage tiene menos espacio para lucirse.
Verla en color está bien, verla en blanco y negro es lo que toca
Una de las decisiones más bonitas que ha tomado la producción es ofrecer la serie en Prime Video en dos versiones simultáneas, "Authentic Black & White" y "True-Hue Full Color". No es una conversión posterior ni un filtro, sino dos masterizaciones rodadas y procesadas en paralelo, pensadas cada una con sus propias intenciones estéticas. Curiosamente, la idea del color salió del propio Cage. El actor explicó en un evento de Sony, recogido por Tom's Guide, que él diseñó su interpretación pensando en el blanco y negro, pero que la idea de rodar también en color fue suya porque era consciente de que los adolescentes no tienen mucha experiencia con el blanco y negro. El gesto le honra. Facilitar la entrada de público siempre está bien, especialmente porque aquí se logra un punto de entrada fácil para un mayor número de espectadores sin menguar la experiencia de visionado más harcore.
Dicho esto, yo creo qu ebay que verla en balnco y negro. Simplemente, creo que luce más, y que no solo destaca el maravilloso trabajo de fotografía, sino que también la estética se ciñe más al tono argumental. bueno, yo es que soy mucho de cine negro clásico y hasta Blade Runner me parece que queda genial en blanco y negro. La versión en color es bonita, está cuidada y emula el technicolor de la era dorada de Hollywood. Pero creo que le resta pegada a la propuesta. La versión en blanco y negro es la serie tal como fue concebida en un primer momento. Es ahí donde las sombras de Tiernan ganan valor narrativo, donde los contraluces cuentan cosas, donde el contraste alto de los rostros se carga de significado. El blanco y negro de Spider-Noir no es solo un capricho retro, es una herramienta comunicativa que le sienta genial a esta historia. El cine negro nació, entre otras razones, como rechazo formal a la omnisciencia racional del relato detectivesco clásico al estilo Sherlock Holmes. El detective noir no resuelve el caso, sobrevive a la verdad (la frase no es mía, la leí en algún momento por ahí, pero no recuerdo dónde). Verlo en blanco y negro es aceptar esa mirada incompleta, esa moral extrema en un territorio de grises éticos, esa renuncia a embllecer, a dulficicar. Verlo en color es elegir la posición cómoda del espectador omnisciente que quiere disfrutar de un espectáculo visual más amable. Las dos opciones son válidas. Pero para mí una de las dos es la correcta.
Lo que se queda y lo que conviene mejorar de cara a una segunda temporada
No todo es brillante en Spider-Noir. Algunas interpretaciones secundarias no terminan de encajar, y un par de subtramas se alargan más de lo que el ritmo agradece. entre lso 8 episodios d ela temporada saldría una peli tal vez demasiado larga, pero en formato serie yo habría agradecido un par de episodios menos que aligeraran cierta redundancia sobreexplicativa. Hay capítulos que se desinflan en el tercer acto y un par de personajes que parecen estar en otra serie distinta. Eso, y que en algunos momentos nos vuelven a explicar, otra vez, muy despacito, lo que está pasando, no sea que alguien se despiste y no sepa quién es el malo. La temporada deja la puerta abierta a más aventuras sin recurrir al clásico cliffhanger tramposo, lo cual es de agradecer, pero también significa que no acaba con la rotundidad que sus mejores momentos prometían, pero merece la pena llegar hasta el final.
Con todo, el balance es claramente positivo. Spider-Noir es ambiciosa, distinta, valiente y la mayor parte del tiempo brillante. Demuestra que se puede hacer una serie de Marvel sin parecerse a ninguna otra serie de Marvel, y que el material clásico sigue dando para experimentos arriesgados cuando se le da espacio a creadores con ganas de hacer cosas especiales. Si llegamos a disfrutar de una segunda temporada (y todo apunta a que así será), me gustaría ver a Cage aún más suelto, a los guionistas aún más confiados en el género negro puro y menos condescencientes, y a algún personaje secundario mejor calibrado. Mientras tanto, ocho horas largas de Nicolas Cage haciendo de Spider-Man en Nueva York de género negro son un regalo que no deberías dejar pasar. Llegamos a este punto del año pensando que Marvel ya no podía sorprendernos, y aparece este hombre con sombrero de fieltro y voz de whisky nos dice que sí. Spider-Noir se estrena el 27 de mayo en Prime Video, en color y blanco y negro.
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